La cinta costera y corrupción

La cinta costera

Ebrahim Asvat

El Ministerio de Obras Públicas miente cuando señala que no puede expropiar por interés público una franja de terreno y un fondo de mar para construir la cinta costera. Existe un principio constitucional que señala que la propiedad privada debe cumplir una función social. Si hay un interés social o una utilidad pública sobre el bien, ese interés priva sobre el interés privado. El Ministerio Público ha señalado que expropiar los bienes del Club de Yates y Pesca los obliga a indemnizar los terrenos por cuarenta millones de dólares; vuelve a mentir. Los inmuebles tienen una valoración basada en su ubicación y lo que se puede construir sobre ella.

Un breve repaso en los manuales de zonificación del Ministerio de Vivienda podrá determinar que sobre la finca del Club de Yates y Pesca no se pueden construir edificios porque no posee la norma RM3C2. Solamente los lotes que tienen ese tipo de zonificación pueden construir rascacielos sobre los mismos. Tanto el Ministro como el Viceministro mienten cuando pretenden adjudicarle el mismo valor al terreno que el Estado Panameño le regaló al Club de Yates y Pesca que aquél donde se ubica la sede de APEDE. Un terreno vale por su ubicación y lo que se puede construir sobre el mismo. El lote de APEDE tiene una zonificación residencial de alta densidad. El lote del Club de Yates no le permite construir un rascacielos. Mal entonces podría valer 40 millones de dólares. Frente a una interrogante de la sociedad civil a    nuestros gobernantes les corresponde salir a decir la verdad. No esconder la verdad so pretexto de acuerdos variados y privados que guardan intereses  desconocidos.

Critiqué la cinta costera por el elevado precio de su ejecución. Se gastaran 189 millones de dólares para una infraestructura de 3.5 kilómetros cuadrados. No tiene sentido cuando la ciudad necesita resolver el problema del transporte urbano. Pero hay algo más. La cinta costera está transformando la Avenida Balboa, la Avenida México y la Justo Arosemena. El valor del metro cuadrado en dicha área ha ascendido hasta cinco mil dólares el metro cuadrado. En las calles subsiguientes a la Avenida Balboa el metro cuadrado está ya en dos mil dólares. ¿Quiénes son los verdaderos beneficiarios de la cinta costera? Definitivamente que no lo serán los más de un millón y medio de habitantes de la ciudad que mencionan las vallas publicitarias del gobierno nacional. Dudo sobre el impacto de dicha obra para los residentes de San Miguelito, Juan Díaz y la 24 de Diciembre.

La cinta costera nacerá visualmente contaminada por dos obras de infraestructura privada producto de nuestro natural desorden de la planificación urbana. Hay uno que se puede corregir. Por lo que sugiero que si quieren dejar algo para la posteridad, hagan las cosas bien.

El Siglo

easvat@elsiglo.com

Belleza, costo y utilidad de cinta costera sigue en dudas

ÁREAS VERDES.

Las aventuras de la cinta costera

Eduardo A. Esquivel R.
opinion@prensa.com

Pienso que no ha habido un proyecto más discutido y accidentado en Panamá que el de la famosa cinta costera, generado por el actual gobierno.

Empezando por su supuesta utilidad que ha sido puesta en duda por eminentes profesionales debido a su diseño discutido, pasando por su aparatosa licitación y siguiendo con su controvertida construcción. No sin dejar los aspectos legales de las propiedades construidas sobre el fondo marino rellenado del Club de Yates y Pesca y del Hotel Miramar.

Las evidencias más recientes indican que hubo una serie de graves errores de cálculo en el diseño y los costos de construcción de este proyecto por parte de los técnicos responsables, tanto del Ministerio de Obras Públicas como de la empresa constructora que se ganó la licitación, ya que se aprobaron diseños, planos y presupuesto muy a la ligera.

Cualquier panameño capitalino sabe que, en algunas épocas del año, cuando hay marea alta y oleaje, las olas pueden sobrepasar los tres metros sobre el malecón de la Avenida Balboa. Sin embargo, el relleno planificado, al parecer no contempla este “pequeño” detalle. Hace poco con una pequeña marejada el mar cubrió todas las áreas que se habían rellenado hasta ahora, y el equipo pesado que trabaja allí se salvó solo porque no estaba trabajando.

Dudo mucho de que la empresa constructora Odebrecht pueda cambiar el diseño original licitado a su conveniencia. En un contrato con el Estado de tantos millones, esto no debe ser así. Sin embargo, ya se habla de la eliminación de las pocas áreas verdes que existían en el diseño original, por reducción de costos.

Anteriormente se había advertido de que estas áreas de relleno poseen una alta influencia salina y aguas saladas a menos de tres metros de profundidad, por lo que no se pueden plantar árboles muy grandes o de especies que no sean tolerantes a la salinidad. Hablar de plantar árboles de cinco metros de altura en este sitio es tener un desconocimiento total del tema.

Respecto a las tierras del Club de Yates y Pesca, está claro que fue una especie de préstamo y que los documentos legales indican que no se debe dar ninguna clase de indemnización, más bien el Estado debe cobrar retroactivamente por el uso de fondo de mar rellenado que se hizo sin los permisos legales. Esto concierne al Hotel Miramar, que supuestamente también hizo rellenos similares.

Todos estos factores indican que el Estado debe exigir a la empresa Odebrecht una garantía de mantenimiento, al menos dos años, que asegure que el relleno no se vaya a hundir o inundar, y que las plantas utilizadas no se mueran a las pocas semanas.

El autor es ingeniero consultor agroforestal y ambiental

Repartiendo el botín de Panamá

EL MALCONTENTO.

¡Repartan el botín!

Paco Gómez Nadal
paco@prensa.com

Ahora sí les doy la razón. Estamos desplazando a Costa Rica como la Suiza de la región. Una Suiza de paisajes para póster, de infraestructuras para ricos, de carros último modelo, de mujeres operadas hasta en el esternón, de diseñadores de moda y moda de diseñadores, de jovencitos agresivos que hablan inglés con acento de “niuyorq”, de fiestas sociales sofisticadas, de edificios “como de primer mundo” y de pobres del tercero escondidos para no afear la vista –aquí todavía nos falta mucho por avanzar, pero el BID nos puede ayudar.

Hay 189.1 millones de dólares para la cinta costera –más costura que cinta, por cierto– y algunos centavos para repintar los multis de El Chorrillo o de Curundú y así fingir desarrollo (aunque en realidad ese barniz forma parte del camuflaje de los pobres para que cuando los buses turísticos pasen por la Avenida Nacional o por El Chorrillo camino a San Felipe, los fulos no se asusten).

Ese pequeño contraste demuestra, fundamentalmente, que el Estado en Panamá está justo para lo contrario de lo que se supone que es su esencia. La teoría del Estado moderno plantea que la administración de lo público busca remendar lo descosido de las brechas sociales, compensar y redistribuir recursos –vía impuestos… ¡lo siento libertarios del alma!–, establecer reglas del juego que ayuden a los más desfavorecidos y juzgar con la dureza merecida los desvaríos en esas veredas.

Aquí no es así. Como en Suiza, Panamá subvenciona a los ricos, protege sus intereses incluso en contra de los del Estado y machaca sistemáticamente a los pobres, a los que generosamente dejaremos en la cinta costera unas mesas de picnic para que se ganen un buen cáncer de pulmón de chupar humo, mientras ven el skyline del desarrollo al que nunca tendrán acceso.

Es casi divertido –si no fuera patético– leer las cartas de los ofendidos socios del Club de Yates y Pesca, exigiendo derechos y apuntándose el tan importante mérito de haber sido pioneros en la náutica yeyecita del país cuando los pioneros, en todo caso, serían los pescadores y capitanes que manejan sus yatecitos.

Dicen las malas e informadas lenguas, que algunos vivos del patio jugaron vivo el pasado año comprando su cupo en el Club de Yates, aunque lo más cerca que han visto un barco es en Discovery Channel. No lo hicieron para poder tomar trago a buen precio, como insinuaba un lector en estos días, sino para aprovecharse de las posibles indemnizaciones que el Estado pagaría al Club por la cinta costera.

Finalmente, el Estado, o sea usted y yo, le ha regalado al club tres hectáreas de relleno –que los miembros del club contabilizan como cinco–.

En estos momentos, es cuando me hago religioso y rezo como descosido porque un tsunami nocturno y focalizado arrase con las nuevas instalaciones del club en la nueva cinta costera, esa que estará llena de cicatrices para acomodar intereses (los de los yateros y los del hotel Miramar). Lo malo de mis deseos es que una vez la naturaleza ponga orden en las cosas, el Estado le regalará a estos chicos –ninguno hijo de mami y papi, seguro– 10 hectáreas para compensar la rabia malcontenta.

La otra opción es que el Estado nos regale a todos los panameños y a los que contribuimos a las arcas públicas con nuestros impuestos, unas acciones del Club. Si están sobre terreno público y se considera una actividad de utilidad pública –porque si no, no se justificaría el regalito– entonces todos tenemos derecho sobre esa entidad.

Es más, se puede hacer un kit marítimo, y en diciembre de este año podemos recibir todos y todas en casa un paquetito con acciones del Club de Yates y Pesca, de la Autoridad del Canal de Panamá y, ya que estoy pidiendo, pueden incluir algunas de la brasileña Odebrecht –la gran aparecida y la gran beneficiada de la era Torrijos, como el Toro tuvo sus protegidos constructores de acento más charro. Se me olvidaba, el regalo de Navidad también debe contener beneficios de constructores y consultores, la ruinosa empresa de la que malvive el pobre y triste presidente de la República.

Si hacen esto, prometo hacerme el loco cuando terminen la cinta y tengamos que aguantar las propuestas antiestéticas de paisajismo que están comunicando con cuentagotas, la fuente a la indígena mítica –mientras ignoramos a los indígenas reales–, el espacio de picnic –en el que con esta canasta básica, los viandantes comerán pan michita–, los módulos orinatorios, la inseguridad que habrá en la zona en la noche porque no tendremos suficientes policías machos para controlarla… Todo, me aguanto todo, pero compartan el botín, queridos bandoleros, que en Suiza el tema funciona porque los excluidos son minoría y, por tanto, no molestan. Acá, si no reparten, un día se madrugarán con un Haití en llamas, harto de no poder echarse arroz a la boca.

[Jaime Sabines no solo habla de amor. Como C., armado de lastre y dolor, el sarcasmo salva el desasosiego: “Háblenle de tragedias a un pescado. /A mí no me hagan caso. /Yo me río de ustedes que piensan que soy triste/ como si la soledad o mi zapato/ me apretaran el alma”].

El autor es periodista

Cinta costera ¿verde o gris adobada con smog?

En este negocio todos somos socios.” dice ingenuamente la autora del artículo abajo desplegado.  Lamentablemente este es evidentemente un negocio de Norberto Odebrecht (Jodebrecht dicen otros) y el Clan de Martin Torrijos Espino.  Qué nadie lo dude!  Solo comience preguntándose quienes son los dueños e intermediarios de cada rubro (piedra, tierra, cemento, etc) o equipo (maquinarias, etc) utilizado en el relleno costero, que así es que debe llamarse esta mala obra de pésimo gusto y mucha corrupción.

CUMPLIMIENTO DE CONTRATO.

Cinta costera ¿verde o de concreto?

Patrizia Pinzón
opinion@prensa.com

En mi oficina tengo una foto de 1908, tomada desde el Cerro Ancón, que muestra la bahía de Panamá desde lo que hoy es Paitilla hasta el Casco Viejo. Todo el que se fija me pregunta: “¿Y eso es en donde queda hoy el Miramar y Multiplaza? ¡Qué increíble! Cómo ha cambiado Panamá”.

El país lucha hoy día por lograr una identidad. La ciudad y los habitantes crecen cual adolescentes llenos de hormonas y preguntas. ¿Quiénes somos? ¿Qué queremos? ¿Qué es bueno o malo? ¿Cuál es mi propio camino? Mi mejor consejo: guiémonos por quienes han vivido ya la experiencia.

Por ejemplo, Miami Beach se transformó de gueto a un generador de riqueza. Es una identidad para Florida. ¿Qué hizo esto posible? ¿Los cubanos? Es cierto que ellos, como extranjeros empresarios, inyectaron a la economía energía e ideas. Pero la mezcla funcionó por la existencia de una enorme playa pública. Gran parte de esa playa es artificial. Ese proyecto fue planificado por la alcaldía, por medio de un plan de mercadeo para sacar a la ciudad de su hueco y lanzarla al estrellato. ¿En qué consistía? En crear una imagen tropical. Se gastaron millones de dólares en llenar la playa de arena, las calles de palmeras, regular alturas, el tráfico y la recolección de basura. Se gastaron millones en crear una playa. ¿Curioso no? Sus estudios señalaron que las ciudades más atractivas del mundo eran las que tenían playas y que si querían competir en el mapa mundial tenían que tener una y diferenciarse creando un aura tropical. Fue una decisión de negocios que funcionó bien, al punto que ahora su mayor gasto es cuidar y rellenar la playa.

Nosotros tuvimos la playa, pero luego surgió la Avenida Balboa, proyecto que fue vendido como “un área verde”, llena de parques y zonas recreativas. Ahora solo quedan los parques Balboa y Anayansi, estrangulados entre dos peligrosísimas autopistas. Tapamos la playa con calle, construimos un hotel encima y lo llamamos “progreso”. Pero en realidad nos autogoleamos. Y ni pensar en limpiar la bahía, que hubiera sido más fácil entonces que ahora. Otro autogol. ¿Y si la hubiéramos dejado quieta? ¿Se imaginan? A veces menos es más.

Hoy sabemos que para generar riqueza necesitamos zonas verdes. La Cinta Costera puede corregir los errores del pasado, sin embargo, el proyecto peligra al proponer un verde maquillado. ¡Despertemos! No necesitamos más “plazas de cemento”. Nadie viaja para ver estacionamientos ni calles. Eso no crea valor. La Cinta Costera debe ser lo que prometió públicamente ser. En este negocio todos somos socios. Nosotros, con nuestros impuestos, ponemos el dinero y debemos exigir el cumplimiento del contrato. Sólo así los beneficios serán para todos y durante muchos años. Se generarán más empleos, turismo y riqueza. La experiencia lo comprueba.

La autora es corredora de bienes raíces

Cinta Costera: Oxígeno o Cemento

“Propuesta de cinta costera es una adefesio”

El “paisajismo” propuesto para la cinta costera es un adefesio. En vez de ofrecernos las tan prometidas áreas verdes –aquel parque que permite el disfrute del entorno marino y mitiga el caos vehicular– nos presenta más pavimento y quioscos de pésimo diseño, a lo que habrá que adicionarle los hangares que terminará construyendo el club privado sobre el relleno que nuestros impuestos costearán.

La ciudad clama por menos concreto, más follaje, y buen gusto. La calzada de Amador nos brinda un ejemplo de lo que, precisamente, no debe ser la cinta costera: un área despejada, espectacular por su sencillez, convertida en una interminable congestión de construcciones de pobre arquitectura y mal gusto.

Cuando se cuenta con la majestad de la bahía, no se necesitan quioscos ni fuentes, y mucho menos las mediocridades que proponen. Ahorrémonos las cursilerías y dejemos que sea la naturaleza la que nos cautive, aceptando la recomendación del modernismo, tan apropiada aquí: “Menos es mejor”.

Opinion de La Prensa, 11 de abril de 2008

PLANOS. MOP DESVELA EL DISEÑO PAISAJISTA DE LA OBRA.

Cinta costera con poco espacio verde

Solo el 23% del ‘área verde’ tendrá jardines. Hasta el monumento a Balboa estará rodeado de cemento.

Alianza Pro Ciudad, artífice de la idea, proponía más áreas verdes, y la exclusión del Club de Yates y Pesca.

Mónica Palm
Unidad de Investigación

mpalm@prensa.com

Mucho pavimento y poco espacio verde. Ese es el reclamo de los grupos ambientalistas, luego de conocer el diseño paisajista del proyecto de la cinta costera y nueva vialidad.

El Ministerio de Obras Públicas prometió que el proyecto sería un gran parque público. Ahora se sabe que solo el 23% del espacio denominado como “área verde”, tendrá jardines.

“Hay una plaza de cemento frente a la estatua de Balboa, en lugar de mantener el concepto que tiene, que es estar rodeado de jardín”, indicó Lina Vega, asesora del Centro de Incidencia Ambiental.

El proyecto original nació en la Alianza Pro Ciudad. “En aquel momento, el concepto no incluía al Club de Yates y Pesca ni los estacionamientos del hotel Miramar”, señaló Jorge Riba, arquitecto de la Alianza.

De las 35 hectáreas de relleno, 21 serán áreas verdes y parques, “mucho menos de lo que proponía la Alianza”, dijo.

PARQUE PÚBLICO. Norberto ODEBRECTH PRESENTÓ EL DISEÑO PAISAJÍSTICO DEL PROYECTO.

‘No hay tal cinta costera’

Los urbanistas aseguran que el diseño de la obra dista mucho de la idea original.

Hay plazas, una fuente, mesas para ‘picnic’ y quios-cos; los jardines cubren solo el 23% de las ‘áreas verdes’.

1 | PAVIMENTO “Una autopista con islotes arborizados”. Así define Raisa Banfield la cinta costera, a la vista de los diseños presentados la semana pasada. El proyecto lo construye la brasileña Norberto Odebrecht; debe estar listo en junio de 2009.
2 | MONUMENTO La estatua a Balboa será reconstruida “pieza por pieza” e instalada en una plaza, junto a una fuente dedicada a la india Anayansi. “¿Por qué una fuente frente al mar?”, se pregunta Lina Vega, del Centro de Incidencia Ambiental.
3 | ‘DESPROPÓSITO’ Las proyecciones sobre el mar que aparecen limpias (de color chocolate en la imagen), corresponden al lugar que se deberá rellenar para construir todos los hangares para beneficio de los socios del Club de Yates y Pesca.

Mónica Palm
mpalm@prensa.com

El Ministerio de Obras Públicas (MOP) prometió que la cinta costera sería “un solaz de áreas verdes”. Pero el hasta hace poco desconocido diseño de la obra muestra que las “áreas…” no son tan verdes: apenas el 23% de éstas, estará cubierta de jardines. El porcentaje restante, en lugar de guayacanes, acacias y robles, tendrá quioscos para comercios “de baja intensidad”, mesas para picnic, baños públicos, plazas pavimentadas y una gran fuente en homenaje a la india Anayansi.

“Ahora que se ha conocido el detalle del proyecto, es evidente que el gobierno nos ha tomado el pelo a los ciudadanos”, opinó Lina Vega Abad, directora de asuntos legales e informativos del Centro de Incidencia Ambiental (Ciam).

“No hay tal cinta costera. Se trata de un cuestionable proyecto vial con unos ridículamente pequeños islotes verdes, con mucho cemento alrededor y una gran cantidad de elementos absurdos, como fuentes frente al mar. A eso quedó reducido el gran espacio público verde que fue siempre la intención del proyecto. Este gobierno lo ha transformado en otra cosa”, recalcó.

A la crítica se suma la voz de Raisa Banfield, arquitecta de la Alianza Pro Ciudad.

“Nuestro proyecto era un parque con una avenida, no una autopista con islotes arborizados”, acotó. O, como lo define otro arquitecto de la Alianza, Álvaro Uribe, la cinta costera quedó como “un parque con una arteria de tránsito abierta”.

Coincidentalmente, en Alianza Pro Ciudad militan los dos arquitectos paisajistas contratados por la constructora brasileña Norberto Odebrecht, contratista de la obra.

“El hecho de que el gobierno haya dado prioridad al tema de la vía rápida, ha diezmado enormemente el tema del parque urbano”, dijo Banfield.

La indignación de los defensores del parque urbano surgió luego de que el Ministerio de Obras Públicas (MOP) desvelara, con bombos y platillos, el diseño paisajístico de la cinta costera, en un acto celebrado en la Presidencia de la República, hace una semana.

Sueño o pesadilla

El titular del MOP, Benjamín Colamarco, recordó que de la cinta costera se viene hablando desde la década de 1980. De hecho, la propia Avenida Balboa es un área rellenada desde 1954.

“Mucha teoría, muchos estudios, mucho diseño, muchas promesas… Y ninguna realidad. Nosotros estamos transformando esos sueños en realidades palpables”, indicó el ministro.

De los 189.1 millones de dólares que cobrará la brasileña Norberto Odebrecht por diseñar, construir y financiar la obra, 3.4 millones de dólares serán destinados al área de parques y paisajismo. El acceso del público a las áreas verdes será a través de seis puentes peatonales, que costarán casi 1.4 millón de dólares.

El diseño del paisajismo es obra de los arquitectos Boris Aguilar y Alberto Arosemena. Ambos provienen de las filas de Alianza Pro Ciudad. “Después de la construcción del Canal de Panamá, este es uno de los proyectos más importantes”, apuntó Aguilar.

Aguilar y Arosemena intentan convencer de las bondades anticongestionantes y recreativas del nuevo diseño: que si se plantarán más de 50 variedades de árboles, que la vegetación será tropical nativa, que la estatua de Balboa se va a reconstruir exactamente igual, “pieza por pieza”… Pero, como dijo Colamarco, “una imagen vale mil palabras”. Y lo que está en las imágenes preparadas por los arquitectos paisajistas, no es del agrado de los que creyeron que el proyecto sería un pulmón verde de la ciudad.

Está el tema de las mesas para picnic. Lina Vega, del Ciam, dijo que es un peligro que la gente se siente a comer al lado de los vehículos que transitarán, a toda velocidad, por los tramos viales libres de semáforos.

También consideró “absurdo” instalar una fuente, “cuando tenemos el mar a la vista”. La fuente en honor a la india Anayansi estará ubicada, precisamente, en una saliente hacia el mar, acompañando al monumento a Vasco Núñez de Balboa.

Igualmente, preocupa que el libre tránsito por las veredas y ciclovías se interrumpe en dos puntos: el hotel Miramar Intercontinental y el Club de Yates y Pesca. Los pliegos de cargos especifican la construcción de accesos particulares a estos dos puntos. Según Álvaro Uribe, “esto es un despropósito”.

“Hay que redefinir la relación con el club. Se queda o no se queda, y bajo qué condiciones”, apuntó Uribe.

Según una ley de 1959, la finca que ocupa el club –que fue un regalo de la Asamblea– deberá ser revertida a la Nación, si en la bahía se desarrolla un proyecto “de interés nacional”. Pero en el MOP, en lugar de aplicar la ley, reservarán tres de las 35 hectáreas del relleno que hará Odebrecht para uso exclusivo de los socios del Yates y Pesca, a cambio de las tierras que hoy ocupan.

Los “módulos” son otra historia. Según el pliego de cargos, serán cinco, ubicados en las inmediaciones de los pasos peatonales. Cada módulo tendrá baños sanitarios, teléfonos públicos, fuentes de agua… y facilidades para que operen comercios “de baja intensidad”. De hecho, el MOP prevé dos quioscos por cada módulo.

Además, Norberto Odebrecht deberá construir una oficina de al menos 150 metros cuadrados, destinada a la administración y mantenimiento de la cinta.

Los arquitectos paisajistas también han dejado espacios para que, a futuro, se construya un anfiteatro para mil personas, y otra fuente, esta vez “de agua interactiva”.

Se intentó entrevistar a los arquitectos paisajistas de Norberto Odebrecht, pero no atendieron el requerimiento de este diario.

Colamarco debe dar explicaciones

El jueves 17 de abril, el ministro de Obras Públicas, Benjamín Colamarco, tiene una cita en la Comisión de Obras Públicas de la Asamblea. El tema: el relleno de tres hectáreas que Norberto Odebrecht construirá para uso exclusivo del Club de Yates y Pesca.

Norberto Odebrecht calculó que construir el relleno del club le costará 9.8 millones de dólares.

Esto es parte de un acuerdo del MOP con el club, que, a cambio del relleno, cederá una finca de 8 mil 88 metros cuadrados.

La comparecencia de Colamarco la solicitó el jefe de la bancada panameñista José Blandón, para que explique por qué se llegó a este acuerdo y no se cumple con la Ley 3 de 1959, que señala que el Estado puede hacer uso de las tierras del club, en aras del relleno de la bahía.

La Comisión legislativa de Obras Públicas la preside Geovany Castillo (PRD) y la completan Susana de Torrijos, Eloy Zúñiga y Antonino Rodríguez, del PRD; Arturo Araúz, de Unión Patriótica; Marcelino Mudarra, de Molirena, y Osmán Gómez, del Panameñista.

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CRITICAN DISEÑO DE LA CINTA COSTERA: ES UN ADEFESIO

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