El costo ambiental de usar Google

El costo ambiental de “googlear”

Greg Morsbach
BBC

Página de Google

Una búsqueda estándar en Google produce 7 gramos de CO2, según Wissner-Gross.

Realizar dos búsquedas en el sitio de internet Google produce tanto dióxido de carbono (CO2) como calentar agua para preparar un café instantáneo, según asegura un investigador de la Universidad de Harvard, en Estados Unidos.

Haciéndose eco de la preocupación de los especialistas en ciencias ambientales por el impacto de las tecnologías de la información en el medio ambiente, Alex Wissner-Gross llevó a cabo un estudio sobre el impacto de “googlear” en la emisión de gases con efecto invernadero.

Una investigación reciente señaló que este sector genera tantas emisiones como todas las aerolíneas del mundo juntas.

Wissner-Gross descubrió que una búsqueda estándar en Google produce 7 gramos de CO2.

En caso de que se hagan dos búsquedas, esa cantidad se multiplica por dos, lo que equivale a calentar agua para hacerse un café.

El investigador de Harvard afirma que estas emisiones provienen de la electricidad utilizada por el computador y de la energía que consumen los enormes bancos de datos que Google tiene alrededor del mundo.

200 millones de búsquedas

Mujer utilizando computador

Cada segundo que pasamos conectados a internet producimos 0,02 gramos de CO2.

Pese a que al famoso buscador se le conoce por la rapidez de sus resultados, según Wissner-Gross, ello sólo es posible porque utiliza varios bancos de datos al mismo tiempo, produciendo más CO2 que alguno de sus competidores.

Según el investigador, cada segundo que pasamos conectados a internet producimos 0,02 gramos de CO2.

Puede que no parezca mucho, pero cada día se llevan a cabo en el mundo unos 200 millones de búsquedas en internet.

En un comunicado, Google reconoció que los computadores se han convertido en un elemento más de la vida diaria de las personas que cada vez consume más energía, “un hecho que la compañía se toma muy serio”.

Google afirma haber diseñado y construido los “bancos de datos más eficientes del mundo”.

“De hecho, en el tiempo que toma realizar una búsqueda en Google, su computador personal utilizará más energía que la que gastamos nosotros para responder a su búsqueda”, señaló la compañía.

Anuncios

Termoeléctrica utilizará materia prima peligrosa

Termoeléctrica genera polémica en Colón

Arco Iris es el lugar elegido por un consorcio inglés para desarrollar el proyecto.

ANAM evalúa el impacto ambiental

La planta de generación térmica Monte Esperanza Power, podría construirse a pocos metros de cinco comunidades, muy cerca de la Potabilizadora Monte Esperanza, colegios y universidades. / Foto Raúl Valdés
Hilda Bernal C.
hbernal@estrelladepanama.com

El petcoke (coke de petróleo) es un término desconocido para muchos. Pero para la comunidad científica y organizaciones ambientales, no lo pasa inadvertido: lo catalogan como la “basura” extraída de los productos livianos del petróleo, como la gasolina y el diesel. Esta es una de las múltiples razones por las que investigadores ambientales y químicos lo consideran un peligro.

Desde inicios del siglo XX, se ha considerado al petcoke, combustible sólido de color gris oscuro, como una fórmula eficaz para generar energía. Revolucionó la industria de diversos países por ser un combustible de gran ventaja competitiva.
Pero, las consecuencias para el medio ambiente y la vida humana son nocivas, debido a las altas cantidades de azufre y metales pesados: níquel y vanadio, de acuerdo con estudios realizados. Uno de esos, es el que hizo Pedro Medellín, investigador de la Universidad Autónoma de San Luis Potosí en Bolivia (UASLP), quien lo considera la principal causa de calentamiento global, lluvia ácida y tóxicos atmosféricos.

En un trabajo que tituló “Impacto Ambiental de una termoeléctrica”, Medellín explica que tan solo en un año, una planta típica de carbón de 500 megawats genera 3.7 millones de toneladas de dióxido de carbono (Co2). Las termoeléctricas que usan petcoke mezclan esta sustancia con carbón, lo cual la hace el doble de contaminante que aquellas que solo usan carbón.

El petcoke causa diferentes tipos de cáncer, como el que afecta el pulmón, los senos paranasales (alrededor de la nariz) y vías respiratorias. También provoca irritación de la piel. Los habitantes que residen en la zona con el aire contaminado, serían las principales víctimas. Plantas térmicas, a base de petcoke, están cerrando en China, por la contaminación que generan.
Esos son los antecedentes a los que recurren las personas que se oponen a la instalación de una termoeléctrica a base de carbón y petcoke, en Arco Iris, en Colón. Se trata de un proyecto de la empresa Monte Esperanza Company S.A., cuyo dueño es el consorcio inglés Globeleq. Este consorcio tiene un proyecto igual en Guatemala, y ya tiene plantas de generación eléctrica, de otros tipos en Tanzania (gas natural), Costa de Marfil (gas natural), Kenia (combustóleo), Nigeria (gas natural), Camerún e India (hidroeléctricas).

El proyecto en Colón, aparece en los documentos, como “en desarrollo”, pues aún no se comienza a construir. Está en etapa de presentación de Estudios de Impacto Ambiental ante la Autoridad Nacional del Ambiente (ANAM). La idea es generar 270 megawats de energía.

El proyecto se pretende instalar a unos 500 metros de las barriadas: Ciudad del Sol, Margarita, José Domingo Espinar y José Dominador Bazán, y a 300 metros de la Potabilizadora Monte Esperanza, que abastece a la población de estos lugares.
También está próximo al área donde se pretende establecer la termoeléctrica, el Centro Regional Universitario de Colón (CRUC), la Universidad Santa María La Antigua (USMA), la escuela Internacional del Caribe, La Salle y el Colegio Bilingüe Árabe Panameño.
Bolívar Zambrano, director nacional de Ordenamiento de Impacto Ambiental, de la ANAM, dijo que existe tecnología que mitiga el impacto ambiental de este tipo de plantas, y que le permitiría establecerse en Panamá.

Sin embargo, mencionó que deben estar cerca de áreas portuarias, para efecto de carga y descarga, ya que en el país no hay carbón. Cuando se le pregunta a Zambrano sobre los efectos del petcoke, solo dijo que el proyecto está en evalución.

La Estrella de Panamá trató de comunicarse con Ramón Anzola, representante legal de la empresa Monte Esperanza en Panamá S.A., pero éste nunca respondió los mensajes que se le dejó con su secretaria, en la firma Anzola y Asociados.
La única información que dieron en Monte Esperanza Company S.A., fueron unas copias con una lista de supuestos beneficios que tendría la instalación de la fábrica, como la contratación de empleados y profesionales colonenses; capacitación técnica de personal en materia de generación de electricidad; la contratación de bienes y servicios en Colón, lo que dinamizará la economía. Además, la empresa Monte Esperanza Company S.A., desarrollará proyectos de infraestructura para la provincia y “apoyo concreto” para la solución de necesidades específicas de la población.

Indignación entre colonenses

Rostros enfurecidos ante la situación son el principal testigo de rechazo entre los ciudadanos de Colón. Ricardo Howard, vicepresidente del “Comité de Arco Iris, No a la Violencia”, dijo que es un problema de todos, hombres, mujeres y niños. La ciudad de Colón está unida porque con este proyecto todos seremos perjudicados.
Como Howard muchos residentes de la comunidad de Arco Iris mostraron su descontento ante la situación. Otro que se pronunció ante la problemática fue Alfonso Romero, presidente del comité, quien fue claro en señalar: “Esto es hasta el final, nadie está de acuerdo. Ni el consorcio Globeleg, ni la compañía Monte Esperanza se ha acercado a los residentes para explicar el proyecto”.
Sayori Archibold, presidente de la Junta Local del Residencial José Dominador Bazán, dijo que “es ilógico que en Panamá quieran realizar un proyecto que en otros países están cerrando por el alto índice de contaminación”.
———————
La pregunta del millón es si el área está ordenada para este tipo de actividades industriales.  Es lógico que las autoridades deben desestimar proyectos de este tipo cerca de comunidades, ya que no existe una garantía que las tecnologías a utilizar sean 100% efectivas en el control de emisiones peligrosas al medio circundante y las comunidades humanas que allí residen.
Burica Press