Putman y la energía

Putnam y nosotros

En Panamá, la necesidad de energía crece al 5% anual y el país necesita duplicar la energía cada 20 años, aproximadamente.

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Mario Alvarado

INGENIERO CIVIL

EL TEMA ENERGÉTICO será determinante en nuestro futuro y no admite políticas irreflexivas y de corto plazo. El alza irreversible del precio del petróleo seguirá presionando todos los aspectos económicos de la vida nacional. La improvisación, el rezago tecnológico y la política de estrechas miras es un lujo que no podemos permitirnos. Es bueno examinar, de manera breve, los requerimientos de energía de nuestro país, a la luz de la situación actual, prevista por Putnam, cuyas estimaciones cobran actualidad.

En 1949, la Comisión de Energía Atómica de Estados Unidos (EE.UU.) decidió analizar las políticas públicas relacionadas con el desarrollo de plantas nucleares y los requerimientos de energía de los venideros 100 años, durante el lapso de 1950 al 2050. El estudio fue desarrollado por Palmer Putnam, ingeniero consultor, en base a un hipotético fideicomiso de los recursos energéticos del planeta. Estimó que la población mundial rondaría los 6000 millones de personas al final del período estudiado.

Esa cifra ya ha sido alcanzada, lo que supone una brutal presión energética sobre los recursos disponibles. Los estudios de la compañía British Petroleum pronostican que para el año 2030 la demanda de energía aumentará en un 60%, básicamente en función de dos economías emergentes: India y China. En Panamá, la necesidad de energía crece al 5% anual y el país necesita duplicar la energía cada 20 años, aproximadamente.

El geólogo y físico Dr. M. King Hubbert estimó que el fin de la era del petróleo llegaría en algún momento entre los años 2090 y 2100. Tradujo sus resultados mediante una gráfica en forma de campana conocida como curva de Hubbert, que se ha ido cumpliendo casi que inexorablemente. Lo interesante de su análisis es el pronóstico que en los próximos 60 años se utilizará alrededor del 80% de las reservas probadas de petróleo. Después se producirá la depresión de las mismas hasta que la curva descendente toque fondo. La crisis del petróleo será permanente y no cíclica, predice Hubbert y la tendencia de los precios actuales del combustible parecen darle la razón.

Este análisis nos lleva a inferir que la esperanza energética panameña, para la era post petróleo es básicamente hidráulica, es decir, producida por el agua. Y aquí brinca la liebre llevada de la mano de dos sucesos cotidianos: la compra y venta del recurso hídrico nacional y el severo deterioro de la cuenca de los ríos. El Estado, después del proceso de privatización del sistema eléctrico y por la debilidad de instituciones como el Ente Regulador y la ANAM, ha renunciado al papel de planificador del sector energético.

El genetista y activista ambiental David Suzuki ilustró las consecuencias catastróficas de la presión del crecimiento de una población sobre un recurso determinado. Suzuki, en un experimento de una hora de duración, colocó bacterias en una probeta de ensayo. Las bacterias duplicaban su población cada minuto, es decir, se regían por un crecimiento de tipo exponencial. Pasaron 55 minutos sin cambios aparentes, aún 5 minutos antes de cumplir la hora, la probeta estaba vacía. En los minutos restantes para el término del experimento, la población bacteriana creció de tal manera que saturó la probeta, colapsándola. El símil entre los resultados de la prueba Suzuki, el crecimiento de la población humana y el abuso de recursos naturales no renovables, es válido.

El agua de nuestros ríos, los bosques nubosos de las cuencas altas, los manantiales y ojos de agua son recursos indispensables para su conservación, planificación y uso social, ya que ello conlleva la supervivencia de la nación. La política de mercadear el agua al mejor postor es de corto plazo y no representa los intereses de la sociedad panameña en su conjunto.

Putnam planteó correctamente la pregunta: ¿dónde estaremos en el futuro cercano? Esta es la cuestión. La política energética de EE.UU. fue formulada alrededor de esta interrogante y su preparación tecnológica y militar los ha llevado a sus dos últimas guerras, por petróleo.

Para nosotros, en Panamá, la visión de Putnam y el análisis de la era post petróleo, deben ser tratados como temas de Estado.

Prácticamente todo el potencial hidroeléctrico del país está en vías de ser otorgado en concesión a empresas privadas panameñas, en el sector pacífico, y a corporaciones trasnacionales, en el Atlántico. De ello dan fe las 57 concesiones en trámite ante el Ente Regulador. Este proceso ha permitido a Eleta ser dueño del tramo alto y medio del Chiriquí Viejo, a Virzi de Tabasará, a Vallarino de río Cobre y a AES-Panamá de tres tramos del río Changuinola, entre una muchedumbre de promotoras hidroeléctricas. Este sendero, de parcelar los ríos y saltos hidráulicos, es obligante recorrerlo con prudencia por varias razones.

Podemos inferir sin mucha agudeza que los costos de extracción del petróleo irán aumentando al igual que el costo final al usuario. Sabemos también que las energías alternativas, entre ellas las eólicas, en este momento, son solo un cúmulo de buenas intenciones. Por eso es determinante que el Estado se involucre activamente en la planificación de los futuros desarrollos hidroeléctricos y de todo el panorama energético con una visión de largo aliento.

¿Será posible?

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En Panamá existe rapiña entre gallinazos y cada quien quiere hacer su negocio para sí y no para el país.

No debemos permitir que cuencas valiosas y de rica biodiversidad sean acaparadas por estos rapiñeros.

Nosotros visualizamos que una vez exista una línea de transmisión que llegue hasta la Casa de tío Sam, ellos enviarán energía eléctrica de plantas nucleares hacia nosotros, cuando haya colapsado el petróleo. Las hidros sólo serán artefactos en los cauces de los ríos de los ladrones de ahora que pensaron que destruir ríos es un gran negocio.

Burica Press