Ganadería destruye la Amazonía

BIODIVERSIDAD EN PELIGRO

Explotación ganadera daña Amazonía

Ministro del Medio Ambiente de Brasil, Carlos Minc lamenta pérdida de bosques.
Los bosques son codiciados por el hombre por la industria maderera, pero también para el desarrollo de la ganadería

EFE REPORTAJES

MADRID. Uno de los mayores escollos es el que representa la postura de Brasil ante la deforestación y explotación de la Amazonía, cuya riqueza, en tiempos de crisis, está siendo tratada de forma desaforada.

El mayor pulmón del planeta, que lo representa la Amazonía, es al mismo tiempo uno de los mayores perjudicados por las agresiones humanas y, por lo tanto, uno de los mayores causantes de efecto invernadero que destruyen el medio ambiente. Pero no sólo la tala de árboles de la que tanto se habla en los medios de comunicación es la causante, la industria ganadera en expansión y sin control durante los últimos años devasta este bosque fundamental para la vida.

Los bosques mantienen los ecosistemas al acumular grandes cantidades de carbono que de no ser retenidos por ellos contribuyen al cambio climático. Además de esta misión esencial para la conservación del medio ambiente, en los bosques sobrevive la cultura de pueblos indígenas, comunidades y más de la mitad de las plantas y de las especies animales terrestres del planeta.

La Amazonía almacena entre 80.000 y 120.000 millones de toneladas de carbono y su destrucción supondría la liberación de una cantidad de GEI (gases de efecto invernadero) equivalente a cincuenta veces las emisiones producidas anualmente por Estados Unidos.

BRASIL, SEGUNDO PAÍS DESTRUCTOR DE MASA FORESTAL EN EL MUNDO

Al ritmo de la deforestación de la Amazonía esto podría llegar a ocurrir, pues registra la mayor tasa de deforestación anual del mundo.

Según el gobierno brasileño, la industria ganadera es el máximo responsable de ello, con la destrucción de un 14 por ciento de la masa forestal. Se calcula que en los últimos años los ganaderos están destruyendo una media de una hectárea de selva amazónica cada 18 segundos, lo que hace que se sitúe en segundo lugar tras Indonesia de países destructores de masa forestal.

La suma de las extensiones de las fincas ganaderas instaladas ocupa aproximadamente el 80% de las áreas amazónicas deforestadas, y en ellas los mayores incentivos los proporcionan una mano de obra barata y la ausencia de una regulación que sea respetada en la zona.

Según datos de Greenpeace procedentes de observaciones realizadas por satélite entre los años 2006 y 2007 y de los permisos de deforestación, el resultado es que más del 90 por ciento de la actual deforestación es ilegal.

Debido a la crisis que está afectando a nivel mundial, el gobierno brasileño ha decidido promulgar leyes que dejan manos libres a los ganaderos y agricultores instalados en este pulmón de la Tierra, en lugar de adoptar una política tendente a preservar las tierras amazónicas. Consecuencia de ello es también la aportación de capital para promover la expansión de las infraestructuras ganaderas.

Estas tierras que han sido usurpadas ilegalmente estarán protegidas, además, por un proyecto de ley que ya se ha presentado ante el gobierno brasileño que concede derechos de propiedad a los usurpadores.

La situación de legalidad de estas tierras ha sido siempre un tema muy confuso por la falta de control sobre los títulos de propiedad y la ambigüedad de su legislación en la que siempre ha primado los intereses creados.

Como consecuencia de este panorama, en los últimos diez años, la industria ganadera brasileña ha experimentado un rápido crecimiento que ha hecho de Brasil el país poseedor de la mayor cabaña ganadera comercial del mundo y le ha convertido en el mayor exportador de carne de vacuno, así como de cuero curtido, cuyo mercado comparte con China.

El pasado año, el comercio ganadero brasileño alcanzó un valor total de 6.900 millones de dólares en el mercado de carne vacuno, cota que el gobierno prevé doblar para el año 2018.

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Poblamiento humano y ganadería y el impacto en el paisaje panameño

PREFACIO

El ensayo NUEVOS HOMBRES Y GANADOS Y SU IMPACTO EN EL PAISAJE GEOGRÁFICO PANAMEÑO ENTRE 1500 y 1980 del Dr. Omar Jaén Suárez complementa, muestra la evolución en los últimos cinco siglos de la historia más reciente del istmo de Panamá, la evolución del poblamiento y de la explotación de los recursos del Istmo de Panamá. Este trabajo lo produjo el Dr. Jáen después de una comunicación más modesta al Simposio de Biología e Historia Natural de Panamá, organizado por la Universidad de Panamá, ampliada y enriquecida también con las referencias documentales pertinentes y una nueva lectura, bajo otros enfoques, de crónicas coloniales ya conocidas. La confirmación de algunas hipótesis bastante atrevidas sobre la evolución de la erosión en las áreas ganaderas, la creación de manglares y la ampliación de las sabanas antropógenas necesitará profundos estudios de paleogeomorfología y sedimento logia.

Justo la necesidad de profundizar más estudios al respecto nos ha motivado como promotores de la cultura de la investigación científica a incluir en línea digital este valioso documento para acceso público del aporte de un gran académico de Panamá. Este ensayo fue publicado bajo el formato de libro en la obra: HOMBRES Y ECOLOGÍA EN PANAMÁ* editada por el propio ensayista.

Centro de Estudios de Recursos Bióticos

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NUEVOS HOMBRES Y GANADO Y SU IMPACTO EN EL PAISAJE GEOGRÁFICO PANAMEÑO ENTRE 1500 Y 1980

por: Omar Jaén Suárez*

Introducción

Este trabajo estará dedicado a plantear el problema del encuentro de los nuevos hombres y ganados, que desde el siglo XVI están llegando al Istmo de Panamá, con un medio natural dominado por los climas húmedos tropicales y sus formaciones vegetales selváticas. Por ello, comenzamos por la descripción del paisaje geográfico que descubren los colonizadores del siglo XVI y sobre el cual actuarán, violentamente, hasta aniquilar la mayoría de la población original y alterar la estructura territorial del poblamiento.

Luego, exponemos la creación de nuevas estructuras geográficas de poblamiento y de explotación de los recursos y los fenómenos demográficos que se desarrollan después de la conquista y la primera colonización hispánica y que marcan, profundamente, la evolución del paisaje del Istmo de Panamá.

Después, analizamos la consolidación de las nuevas estructuras, que ocurre durante tres siglos, desde 1600 aproximadamente hasta 190O, incluso los fenómenos de la ampliación, lenta pero firme a largo plazo, de las fronteras internas de poblamiento y la creación de nuevas sabanas antropógenas en los sitios en donde las antiguas sabanas, precolombinas, fueron invadidas por formaciones vegetales más densas cuando disminuyeron las densidades humanas.

Finalmente, registramos los cambios revolucionarios del siglo XX y el triunfo de los hombres y su tecnología médica y agropecuaria sobre el ambiente natural, que ha permitido el rápido crecimiento de las densidades humanas y la expansión, considerable, de las fronteras de poblamiento y de explotación del territorio.

La localización espacial de los hombres y de los diversos grupos humanos, las nuevas modalidades de ocupación del suelo, la introducción de plantas y animales desconocidos y la implantación de economías de venta de servicios integradas al naciente sistema mundial originan, en nuestro Istmo, formas diferentes de organización del espacio geográfico, y, también, ciertas maneras de funcionamiento ineficiente del mismo, cuyos resultados se manifiestan ante nuestros ojos.

El surgimiento de nuevas regiones históricas, la aparición de una red de pueblos y ciudades y la creación de algunas estructuras de poblamiento que desafían a veces los siglos, de disposición del habitat rural y de comportamientos migratorios, son también fenómenos geográficos relevantes en los cambios mayores del paisaje.

2. El paisaje geográfico hacia 1500

Cuando los primeros europeos llegan al Istmo de Panamá encuentran un país que tenía entre 120 y 200 siglos de presencia humana continua, tal como lo sugieren las evidencias arqueológicas, y que conocía una etapa de verdadero auge demográfico. Ello tiene graves implicaciones en el poblamiento, el paisaje natural y la organización del espacio ístmico precolombino.

a. Los hombres

Diversos autores han adelantado cifras de población amerindia, en 1500, que se extiende entre 225.OOO1y 2,000.000 de habitantes, 2aunque nosotros nos inclinamos más por un cuarto de millón de hombres 3 que quizás lleguen hasta medio millón. En todo caso, ellos parecían encontrarse desigualmente distribuidos.

De acuerdo con la primera hipótesis, en las tierras altas veríamos, siguiendo a Charles Bennett, 4 menos de 0.4 habitantes por Km2; quizás entre 0.4 y 1. habitante por Km2 en los piedemontes y la costa atlántica; y entre 4 y 6 habitantes por km2 en i los bajos valles aluviales y las llanuras litorales de la costa del Pacífico, en Chiriquí, la región central y las depresiones del Bayano, Tuira y Chucunaque. De todas maneras, el máximo de poblamiento pareciera concentrarse, a la llegada de los conquistadores, de acuerdo con las crónicas de la época, en las amplías llanuras de la región central entre el Río Tabasará al Oeste y el Río Chame al Este 5.

b. Paisaje natural

Quizás un centenar de siglos de caza y recolección mediante las técnicas paleoindias que incluyen el uso del fuego, por microbandas que en conjunto se elevarían de 6.000 a 33.000 habitantes en todo el Istmo, pero sobre todo los 1.500 años de agricultura formativa, con una población algo mayor, y luego los otros 1.500 años de la agricultura de gestos plenos con una población más abundante todavía y en aumento hasta principios del siglo XVI, han debido modificar profundamente el ambiente natural del territorio ocupado hoy por la República de Panamá.6

Los testimonios brindados por los cronistas nos ofrecen, a principios del siglo XVI, un paisaje vegetal bastante variado, según la desigual naturaleza e intensidad de la ocupación humana. En la costa atlántica, la estrechísima planicie litoral cubierta a veces de maizales desde el Golfo de Urabá hasta por lo menos el área del Río Belén, se pone rápidamente en contacto con la selva tropical húmeda que sube el piede-monte, gana las próximas alturas de la Cordillera Central y se insinúa también por las bajas colinas del istmo central de Panamá hasta llegar al valle alto del Chagres y sus macizos de la Sierra Llorona y del Mamoní. En la vertiente del Pacífico, más amplia, las condiciones de ocupación del suelo parecen ser más heterogéneas al momento de la conquista ibérica. El centro del Darién meridional, es decir las cuencas del Tuira y Chucunaque, bastante pobladas, conocían, aparentemente, la sucesión de plantíos, sub-bosques, matorrales y manglares, mientras que desde el valle medio del Bayano se abría la gran sabana antropógena. Desde Chepo ella se afirma con mayor vigor pasando por Pacora, Panamá y, por el norte, alcanzaba las riberas del Chagres en el área de Cruces. Más adelante, ella se desarrolla también en los llanos de La Chorrera y Sajalices. Pero será a partir de Chame que la gran sabana, creada sobre todo gracias a la sombra eólica, es decir el área más protegida por la Cordillera Central de las masas de aire húmedo provenientes del Caribe, se extiende sin interrupción pasando por las tierras de Chirú, Nata, Calobre, la peneplanicie de Veraguas central, Escoria y Guararé en el actual Azuero. Ocupa así esa sabana central, la región que corresponde hoy, a “grosso modo,” al llamado clima tropical árido (Aw’gi de Köppen). Las tierras altas, por su parte, estarían ocupadas por una floresta vigorosa, desde las alturas de Veraguas hasta las de Chiriquí.

Pero dejemos hablar a los cronistas quienes, en su lenguaje arcaico, nos harán una presentación más vivida del istmo de Panamá en los primeros años del siglo XVI, punto de partida de nuestro ensayo sobre la evolución del paisaje geográfico.

La costa norte fue visitada, en 1502, por el Descubridor de América, pero será Fernando Colón quien nos diga que “…el Almirante siguió navegando hasta que entró en Portobelo, al que puso este nombre por ser muy grande, hermoso y poblado, y tiene en torno mucha tierra cultivada… La región que rodea el puerto no es agreste, sino cultivada y llena de casas, distante una de otras un tiro de piedra o de ballesta…” 7 Luego, cerca de Nombre de Dios declara que “todos aquellos contornos e isletas estaban llenos de maizales…” Finalmente, al referirse a un área cercana al Río Belén al norte de Veraguas, menciona “seis leguas de maizales, que eran como campos de trigo” 8 (cerca de 33 kilómetros). Sin embargo, este entusiasmo se matiza cuando, en 1508, se trata de colonizar el litoral caribe veragüense para explotar sus lavaderos de oro. Pedro Mártir de Anglería nos dice que los colonos “en cierto valle de suelo fértil, que lo demás de la región es estéril, sembraron a usanza de su patria” 9. Detrás, la tupida selva era un obstáculo insalvable, aún en los mejores años de la minería de Veraguas, de 1559 a 1589 10. En el área del Golfo de Urabá, una densidad mayor del poblamiento y por lo tanto de plantíos agrícolas, atrae la colonización temprana, un poco más duradera, alrededor de Santa María la Antigua y Acla 11.

El Darién, por su parte, conocía sabanas, sin duda extensas en el valle del Bayano, que en esa época semejaría la situación actual, resultado de los más recientes desmontes. Pascual de Andagoya, quien llega a la región en 1514, afirma que “La primera provincia desde Acia hacia el oeste es Coma-gre, donde comienza tierra rasa y de sabanas: desde allí adelante era bien poblada, aunque los señores eran pequeños; estaban de dos a dos leguas, y de legua a legua uno de otro” 12. Sobre el mismo Darían añade un comentario revelador de la presencia de llanadas al mencionar la técnica de la caza estival, propia de los lugares sabaneros: “Los señores tenían sus cotos donde al verano iban a caza de venados, y ponían fuego a la parte del viento, y como la yerba es grande, el fuego se hacía mucho…” 13

Desde Nombre de Dios hasta la ciudad de Panamá, nos dice Gonzalo Fernández de Oviedo, en 1526, el “camino asimismo es muy áspero y de muchas sierras y cumbres muy dobladas, y de muchos valles y ríos, y bravas montañas y espesísimas arboledas”,14 mientras que “desde Panamá hasta el dicho río de Chagres hay cuatro leguas de muy buen camino, y que muy a placer le pueden andar carretas cargadas, porque aunque hay algunas subidas, son pequeñas, y tierra desocupada de arboleda, y llanos, y todo lo más de estas cuatro leguas es raso”15. Unos años más tarde, en 1535, Pedro Cieza de León encontró alrededor de la capital “muchos términos y corren otros muchos ríos, donde en algunos de ellos tienen los españoles sus estancias y granjerias, y han plantado muchas cosas de España, como son naranjos, cidras, higueras… Por los campos hay grandes hatos de vacas, porque la tierra es dispuesta para que se críen en ella… Los señores de las estancias cogen mucho maíz…” 16, aprovechándose así de una región ya desmontada anteriormente.

La región central parecía aún más abierta que las sabanas cerca de Chepo y la ciudad de Panamá, según el testimonio de Pascual de Andagoya quien, después de su primera visita en 1517, declara que “de Chame a la Provincia de Chirú y hay ocho leguas de despoblado a la misma vía… Desta provincia a la de Nata hay cuatro leguas de despoblado. Todas estas tierras son finas y llanas y muy hermosa tierra, de muchos mantenimientos, de maíz y ages y melones diferentes de los de acá, y uvas, yuca y mucha pesquería en los ríos y en la mar y caza de venados” 17.

Gaspar de Espinosa, en la misma época (1517), confirma y amplía la descripción anterior al decir que “en las dichas provincias de Nata é Chirú é todo lo desde allí adelante, fasta Comagre, es tierra tan llana como la palma, tierra muy sana é toda sabana, sin montes, más de las arboledas que hay en las riberas de los ríos, é las de Nata fasta Guarari ansí mismo; la costa muy gentil é casi toda playa… Es toda esta tierra que de verano é invierno se puede toda andar á caballo, tan bien é mejor que no la de Castilla…” 18 Habla Espinosa, evidentemente, de toda la sabana de la vertiente pacífica, desde Nata hasta la región del Bayano (Comagre) y desde Nata también hasta los confines de Azuero (Guarari). Un poco más lejos declara que desde la isla de Cabo (Cébaco) se llega al centro de Veraguas, sin duda cerca de la actual ciudad de Santiago, en donde encuentra “toda tierra muy llana é al parecer, según dezian los indios, muy poblada é muy clara, é sin arcabucos, é muy hermosa tierra”. 19 Sin arcabuco, es decir sin monte cerrado y espeso que, de todas maneras, no podría sostener los latosoles infértiles de la región.

Las tierras altas, desde Veraguas hasta Chiriquí, conocían una vegetación más tupida y, muy probablemente, densidades menores. Pascual de Andagoya nos indica, después de 1517, que desde Burica “y salidos desta provincia la vuelta de Panamá la tierra adentro, llegamos a una provincia de serranías, tierra fría, donde hallamos los montes de muy hermosas encinas cargadas de bellota” 20. Se refería el autor a la palma pixbae, base de la extendida arboricultura practicada aún hoy por las poblaciones guaymies. 21

A pesar de nuestras dudas acerca de la objetividad, por el tono entusiasta de los cronistas, tenemos que rendirnos ante una evidencia la cual es que el Istmo de Panamá no era, hacia 1500, la espesa selva que algunos han podido creer. La mayor parte del litoral pacífico del país estaba ocupado por una amplia sabana parcialmente antropógena, que retrocederá rápidamente en algunos lugares como el Darién y que evolucionará en otros, gracias a nuevas formas de uso del suelo implantadas por los conquistadores.

También, de importantes implicaciones parece ser el hecho que las estructuras de organización del espacio que encontraron los conquistadores en Panamá serán transformadas, radicalmente, en el primer siglo de ocupación hispánica.

c. Organización del espacio.

El territorio del Istmo era, antes de la conquista ibérica, un puente que unía las dos grandes masas terrestres del Continente, lo que se conocería después por la América del Norte y la del Sur. La intensidad de los movimientos migratorios o de paso parece aumentar cuando se advierten intercambios culturales marítimos, que sin duda acompañaban los comerciales22, entre las grandes culturas del Continente, las de Mesoamérica y las de las altas mesetas colombianas y peruanas.

Se han identificado 79 tribus en las cuales se encontraba distribuida la población panameña a la llegada de los cronistas hispanos 23, que constituían el mínimo de lo que podríamos llamar divisiones político-administrativas de la última etapa precolombina, con un promedio aproximado entre 1.500 y 3.000 habitantes cada una, dedicadas a una agricultura de corte y quema, complementada por la caza, la pesca y la arboricultura. Ellas cubrían, sin duda, los terrazgos más útiles del país.

Ningún poder superior parecía integrar esos cacicazgos y tribus a una organización que superase su propia autonomía y que cubriese todo el territorio ístmico o una buena parte de él. En el Darién los señores son pequeños y separados, según las descripciones de los cronistas hispanos. Sólo en la región de las sabanas centrales, parecía esbozarse un inicio de articulación política más sólida, extensa y compleja, con jerarquías territoriales y políticas organizadas por señores principales y vasallos que no superaba, sin embargo, las regiones del Chirú al Este y de Escoria al Oeste. Los cacicazgos de Nata y Parita, los más importantes, parecían controlar, a través de una decena de señores vasallos cada uno 24, otras tantas zonas de medios naturales variados y complementarios. Quizás se establecían alianzas ofensivas y defensivas, pero nada nos sugiere la existencia de verdaderas confederaciones de cacicazgos, -a pesar de la resitencia de Urraca en Veraguas-, con propósitos más dilatados que los de un acontecimiento militar.

De todos modos, dos patrones diferentes de organización del habitat parecen coexistir en el Istmo. Por una parte, el del Darién, caracterizado por la dispersión, sobre todo en los numerosos cursos de agua, en cuyas riberas se agrupan, si acaso, pocas viviendas. Mientras tanto, en el área de las actuales provincias centrales, también vemos aparecer concentraciones mayores, como las de Chirú, París y especialmente Nata, en donde Gaspar de Espinosa cuenta cerca de 1.500 habitantes que ocupaban entre 45 y 50 viviendas.

A pesar de este aspecto compartimentado del Istmo, existían, a la llegada de los conquistadores, activos flujos de intercambios comerciales entre zonas ecológicas complementarias, tanto en sentido Norte-Sur, como Este-Oeste, los más frecuentes. Esos flujos y en particular los últimos, más bien por mar, parecían realizar la función de paso transístmico de la época precolombina, entre las dos grandes masas continentales.

3. Creación de nuevas estructuras de poblamiento y de usos del suelo: Siglo XVI.

La llegada traumática de los españoles y los servidores africanos trastorna notablemente la estructura del pobla-miento y de la organización del territorio panameño. Los amerindios son rápidamente diezmados y reemplazados, aunque parcialmente, por nuevos hombres llegados de Europa y África, y, más tarde, también de las otras regiones vecinas del Istmo de Panamá.

a. Hombres y migraciones.

En efecto, la guerra, las epidemias, las cabalgadas, los destierros de población indígena para las Antillas y sobre todo para el Perú 25 y el rechazo de la vida, como en otras partes de Mesoamérica, llevan a la casi completa desaparición de la población original. Sobre los restos demográficos se edifica una nueva sociedad a partir de pequeñas concentraciones, aldeas diminutas que reúnen a los raros y nuevos habitantes del país. Primero, lo advertimos en el Darién y en particular la costa norte con Santa María la Antigua y Acia que serán también definitivamente abandonadas en 1524; luego, desde la década de 1520, ellas surgen en las sabanas próximas de Panamá y de Nata, desde Chame hasta Pedasí. En el Darién, casi vacío, la sabana retrocede y la floresta ha prácticamente ocupado el territorio en la segunda mitad del siglo XVI.

Finalmente, los nuevos dominantes se dirigen principalmente hacia el Oeste. En 1559 se conquista Veraguas, se fundan algunos poblados de vida más bien efímera y se establece el régimen de la encomienda, originario de fuertes perturbaciones demográficas en esa Gobernación.

El resultado será una nueva estructura de población y de poblamiento en la cual los inmigrantes ocuparán un lugar relativamente confortable, aunque no logren alcanzar, a fines del siglo XVI, un décimo de la población amerindia de 1500.

Hacia 1575 se cuentan cerca de 800 blancos en el Istmo, más de 5.600 negros africanos ya sea esclavos, cimarrones y negros libres y entre 3.000 a 4.000 indios organizados en 5 ó 6 reducciones. Estos 10.000 hombres aproximadamente ocupan el territorio realmente sometido a la autoridad colonial y que cubre cerca de 1/4 del Istmo de Panamá. El resto estaría poblado por quizás otros 10.000 indígenas26 que dispersos en las selvas y serranías practicaban la agricultura itinerante de corte y quema, complementada por la caza, pesca y recolección tradicionales.

b. Organización del espacio.

Al principio de la conquista, los españoles no hacen más que copiar la estructura general del poblamiento indígena, asentando sus poblados en antiguos sitios, ya deshabitados, en la costa norte del Darién, en las cercanías de Panamá y en las sabanas Centrales; pero después del establecimiento de la función de tránsito, desde la década de 1540, se diferencian con mayor nitidez las dos grandes regiones activas históricas; la transístmica y el interior rural, es decir, las sabanas que miran el Pacífico.

Así, se establece un eje urbano en dirección Norte-Sur con los puntos terminales en el Atlántico y el Pacífico y los sitios de relevo a lo largo de la ruta intermarina. Desde el siglo XVI queda constituida la estructura jerárquica urbana con la ciudad de Panamá como capital, de la cual dependen las otras sedes de Gobernación: Portobelo y el Real de Santa María, además de la importante ciudad de Nata, subordinada directamente a Panamá. Las jerarquías espaciales se refinan con la fundación de otros poblados como Cruces, Chepo, La Chorrera y Chame, que dependen sin intermediarios de la jurisdicción de Panamá y que, aunque corresponden a espacios ecológicos semejantes, tienen funciones complementarias. En el interior rural, las autoridades propician una política de habitat concentrado y dividen el territorio en dos grandes circunscripciones: la Alcaldía Mayor de Nata que cubre las actuales provincias de Coclé, Herrera y Los Santos, y la Gobernación de Veraguas que se extendía hasta la frontera con Costa Rica. En la primera se funda Nata (1522), y la Villa de Los Santos (1569), pueblos españoles, y Parita, Cubila y Ola, establecidos en 1558, además de Penonomé (1581), reducciones indígenas. El Ducado de Veragua , integrado a la Corona en 1558, será enseguida conquistado y convertido en Gobernación dependiente de la capital de la Audiencia de Panamá. Allí, las primeras fundaciones realizadas en el espacio ecológico sabanero complementario de los selváticos lavaderos auríferos en la vertiente atlántica, difícilmente superan el ocaso de la minería a fines del siglo XVI, salvo Santa Fe (1559). Después, Montijo (1590), Remedios (1589) y Alanje (1591) se convertirán en los núcleos del habitat concentrado de la frágil construcción hispánica, reforzada desde el siglo siguiente.

Junto con el establecimiento de una primera estructura de poblamiento veremos también la adopción, desde el siglo XVI, de estructuras inéditas de uso del suelo.

Plantas y animales desconocidos, técnicas agrarias novedosas se implantan en el Istmo de Panamá desde principios del siglo XVI. Su desarrollo cambia notablemente el paisaje geográfico de amplias regiones y vigoriza la permanencia de la sabana antropógena.

c. Técnicas agrarias.

Los españoles tratan de introducir la técnica del arado y los barbechos europeos, pero con tan poco éxito que será el cultivo tradicional itinerante de corte y quema el que finalmente dominará la agricultura panameña desde el siglo XVI. El huerto familiar, de tipo más bien africano tropical, conocerá la asociación de tubérculos, especias, caña de azúcar, cítricos según la región, mangos y palmeras.

d. Nuevas plantas y animales

El ñame, raíz de origen africano, es introducido por los negros esclavos desde principios del siglo XVI, mientras que el guineo, la caña de azúcar y las aurináceas llegan con los españoles antes de 1533 por lo menos. El mango, frutal más conocido en el Istmo e indispensable en todos los establecimientos humanos rurales de las sabanas panameñas, es traído por los españoles desde Asia. El arroz, introducido también por los nuevos conquistadores, hace su aparición en las crónicas en 1605, aunque debió estar presente en Panamá desde algún tiempo antes.

Pero serán los ganados, tanto vacunos como caballares los que tendrán las mayores incidencias en las modificaciones del paisaje geográfico. Traídos desde temprano al Istmo por los colonizadores hispánicos, ellos ocupan rápidamente amplios sectores de la geografía de Panamá y en particular las sabanas que no habían revertido enteramente al estado de la floresta. Esta tendencia era natural puesto que en realidad, la verdadera sabana climática sólo se desarrolla en Panamá, en un área muy pequeña, en forma de media luna de cerca de 3.000 Km2(4% del Istmo), con precipitaciones inferiores a 1.500 mm. anuales y 4 meses de sequía, de enero a abril, que se extiende desde Chame hasta Antón, Penonomé, Aguadulce, Divisa, Pesé y termina en Pocríde Los Santos. Pero aún esta sabana, si se la dejase libre de quemas y pastoreo, revertiría fácilmente a una formación arbustiva de tipo chumico (Curatella americana), marañón (Anacardium occidentale) y nance (Byrsonima sp.) En el resto de las llamadas sabanas centrales, de Panamá y de Chiriquí, la reversión fue aún más rápida, en formaciones vegetales más densas, de bosque seco tropical y, en los valles aluviales y piedemontes, hasta de bosque húmedo tropical. Pero la pronta ocupación por parte de nuevos hombres y sobre todo de ganados, impidió la entera regresión de la sabana antropógena heredada del pobla-miento precolombino

Evolución de un nuevo paisaje geográfico: 1600-1900

Desde principios del siglo XVII los elementos principales de la organización del espacio colonial han sido establecidos en la mayor parte del Istmo de Panamá. Los dos siglos siguientes estarán dedicados más bien al fortalecimiento de esa estructura incipiente, mediante un aumento sostenido de población y la fundación de nuevas concentraciones sabaneras. Pero, más que al número de hombres tocará a los ganados provocar modificaciones tempranas del medio natural panameño, por lo menos durante los siglos XVII y XVIII.

Ganados, sabanas antropógenas y manglares

En 1631, después de un siglo de haberse iniciado un nuevo tipo de ocupación humana hispánica y africana en la vertiente del Pacífico, Diego Ruíz de Campos nos ofrece una minuciosa descripción, por cierto muy útil, del paisaje natural y humano de la región comprendida entre la ciudad de Panamá y la Punta de Burica, 550 kilómetros al Oeste 27 cuya síntesis aparece en el Cuadro 5. Nos describe el autor unas islas como Naos, Perico, Flamenco, Taboga, Taboguilla, Otoque, Coiba, Gobernadora, Leones, Cébaco y Parida, con un paisaje natural de selva tropical y sus escasos claros producidos por la ocupación humana, sobre todo en las cercanías de la ciudad de Panamá. También nos descubre Ruíz de Campos un paisaje alrededor de la ciudad capital, tanto en el valle de Pacora como en las planicies junto al Cerro Ancón, el valle del Río Grande, las faldas del Cerro Cabra y las planicies de La Chorrera y Sajalices, como “tierra llana y sin arboleda… sabanas i llanadas que sirven de pasto y comedero para el ganado”28. Los medios intertidales sometidos a las fuertes mareas del Pacífico en donde prosperan los manglares, además de algunas arboledas dispersas, completan la descripción de una región con una muy débil población humana. Pero más lejos aún, la descripción nos recuerda el testimonio, un siglo atrás, de Gaspar de Espinosa (1517) ya citado, cuando Ruíz de Campos en 1631 nos declara que “Desde esta dicha punta de Chame empiezan zabanas i campiñas rasas que se ven desde la mar sin arboleda ninguna en la costa, la cual desde la dicha punta corre la vuelta del Norte hasta la ensenada de Nata”29. Los manglares, más bienes-trechos, se presentaban en 1631 más allá del Río Grande de Nata, lo que nos hace pensar que los actuales y extensos manglares que se desarrollan desde la boca del río Hato hasta la del Río Grande, son una creación más reciente, resultado del aluvionamiento producido por varios siglos de erosión intensa de las planicies costeras, causada por un pastoreo extensivo y descontrolado. Las sabanas, amplísimas, continuaban sin interrupción, salvo el ancho bosque-galería del río Santa María (Escoria), hasta el valle del río Oria, en el litoral sur de Azuero. Los manglares se detenían, aparentemente, en la boca del río Parita.

Luego, en el Golfo de Montijo rodeado de densas selvas tropicales, un paisaje de ría dominaba, con sus manglares característicos, mencionados sólo en las bocas de los ríos Martín y Tabarabá (San Pablo), aunque la peneplanicie veragüense cerca de San Pedro del Montijo y La Atalaya contase con “gran suma de ganado vacuno i de cerda i muchas gallinas…” 30 sobre la estrecha sabana edáfica.

Finalmente, después de mostrarnos un litoral montuoso, con densas selvas tropófilas y manglares en los numerosos cursos de agua que drenan la Península de Las Palmas y la Cordillera Oriental de Chiriquí, el autor sa refiere al río que “se llama el Cobre porque el agua que por él viene, que es en abundancia, sabe tanto a cobre, que aún los caballos con sed no la quieren beber i la causa desto es que debe de nascer o venir por algunos minerales, del dicho metal”31. Para terminar, sólo advertimos pequeñas sabanas cerca de Remedios, en las cuales “hay mucha suma de ganado vacuno..” 32, en Santa Lucía, lugar cercano, en donde “ha habido i hay la fuerza de las fábricas y astilleros i de los mantenimientos, porque este dicho sitio esta en la zabana donde se cría i está el ganado i todos los demás mantenimientos…33 y en el área de Chiriquí (Alanje) nos encontramos con “gran suma de ganado vacuno de que se saca mucho sebo para traer a Panamá” 34. Los manglares no aparecen aquí tan evidentes y el cronista habla más bien de arboledas en las desembocaduras de los ríos Chorcha y Chiriquí y sobre todo hacia el occidente en el valle de los ríos Chiriquí Viejo y Garanche, en el área de Puerto Armuelles. Parte de los amplios manglares chinéanos, tanto como los coclesanos y azuereños que conocemos hoy, podrían ser una creación posterior a principios del siglo XVII, producto del aluvionamiento y también, posiblemente, de movimientos isostáticos más recientes del Istmo de Panamá.

Si consideramos que la población es, en 1631, muy escasa en todo el Istmo y en particular en la región descrita por Diego Ruíz de Campos, habría que buscara otro responsable por el mantenimiento, a un siglo de la Conquista de las provincias centrales y a sólo medio siglo de la de Veraguas y Chiriquí, de un paisaje de sabanas tan generalizado, principalmente en la región central y en los alrededores de la ciudad de Panamá. También habría que determinar la causa que ha podido provocar la erosión tan intensa que, al cabo de varios siglos, dos a tres cuanto más, ha creado los inmensos depósitos aluviales intertidales en el Golfo de Parita y en el de Chiriquí para sostener los amplios manglares que conocemos hoy, qué tienen en algunos casos hasta 10 kilómetros de profundidad Ese responsable podría ser en parte, muy verosímilmente los ganados vacunos y caballares, presentes en la región desde la llegada de los españoles. Ellos también serían responsables del mantenimiento primero y luego de la ampliación de la sabana antropógena, en condiciones climáticas que favorecían el desarrollo de una vegetación mucho mas densa, arbustiva o, lo más a menudo, selvática.

En 1607 contamos cerca de 110.000 reses en el Istmo de Panamá lo cual arroja una densidad de 1.4 cabezas por Km2 y más de 4 reses por habitante. En 1790 llegamos a 193.000 cabezas de vacunos y caballares y 187.000 en 1873. Pero ellas se encuentran muy desigualmente distribuidas en el territorio panameño, de manera que esas densidades generales se matizan mucho según las regiones y las localidades. Así, en las regiones de Coclé y Azuero pareciera que se hubiese llegado, desde muy temprano, a un punto de saturación, a una densidad máxima teniendo en cuenta la inmutabilidad de las técnicas de cría y del material genético.

CUADRO No. 1

EVOLUCIÓN DE POBLACIÓN Y GANADOS EN EL ISTMO DE PANAMÁ 1607 – 1970

Años

Población

Densidad

Ganados

Densidad

Superfice

en explotación (%)

1607

25,000

0.3

11 0.OOQi /a

1.4

1691

40,300

0.5

———

—–

1790

85,000

1.7

193,000 b

2.5

1851

148,108

1.9

368,964 2 /c

4.7

1896

316,054

4.0

203,086 d

2.5

1910

391,745

5.1

155,162 e

2.0

1930

511,926

6.6

450,000 3 /f

58

1950

862,585

11.2

727,794 g

94

1,159,082 (15)

1970

1,472,800

19.1

1,403.44 h

18.1

2,098,062 (27)

1/: 1609

2/: 1854

3/: Estimación del Informe Roberts

– : Sin Datos

FUENTES:

a. Alfredo CASTILLERO C., Estructuras Sociales y Económicas de Veragua desde sus orígenes históricos, siglo XVI y XVII, Panamá 1967.

b. Antonio CUERVO, Colección de Documentos inéditos sobre la Geografía y la Historia de Colombia, Bogotá 1892, vof. ll;pp. 373-374. Noticias Relativas a la Provincia y ciudad de Panamá 1790.

c. Felipe PÉREZ, Geografía Física y Política de los Estados Unidos de Colombia, Bogotá 1862, t.l,pv1T5.

d. Francisco POSADA, Directorio General de la Ciudad de Panamá, Panamá 1897, pp. 43-46.

e. Compendio Estadístico Descriptivo de la República de Panamá, Panamá 1917.

f. George E. ROBERTS, Investigación Económica de la República de Panamá, Panamá 1929.

g. Censos Nacionales, 1950. h. Censos Nacionales, 1970.

I. Omar JAÉN SUAREZ, La Población del Istmo de Panamá del siglo XVI al siglo XX, Panamá 1978, p. 22. cuadro 1.

———————————————-

De tal manera en esas áreas, de 70.000 cabezas que contamos en 1592 pasamos a 50.000 en 1650, época de crisis, para remontar nuevamente a cerca de 83.000 en 1790 y 83.000 casi un siglo después, en 1873. Ellas necesitarían aproximadamente 2.000 a 3.000 Km2 de sabanas con pastos naturales y matorral xerófilo como espacio agrario (que coincide con el área más seca de la región, de menos de 1.500 mm. anuales de precipitaciones), es decir, cerca de 40% a 60% de la superficie de llanuras planas y relieve ondulado de los piedemontes de la vertiente del Golfo de Parita. La cría ganadera va modelando poco a poco un paisaje natural uniforme en lo que se refiere a la vegetación. Las quemas continuas, durante siglos, sólo van dejando, junto con el mediocre pasto natural, los yerbatales llamados de “paja de muía” y la vegetación arbustiva xerófila, con las asociaciones del parque tropical, el nance, marañón, chumico y guarumo. El bosque premontano y el bosque-galería no se renuevan más, los suelos se empobrecen por la quema del fósforo y son fácil presa de la erosión bajo el clima tropical húmedo y semi-árido con sus violentas precipitaciones de la época de lluvias. Así, el espacio agrícola de los cultivos va modelándose poco a poco sobre el paisaje agro-ganadero, siguiendo sus límites en estrecha asociación técnica y humana. Mientras tanto, las densidades de ocupación humana, de población agraria, van aumentando lentamente. La dispersión demográfica, sobre todo en el siglo XVIII, puebla las campiñas aisladas. Todo se conjuga para imponer a la tierra un mayor peso. El bosque premontano húmedo retrocede en beneficio de la sabana antropógena que ocupa entonces el piedemonte de la cordillera central, a pesar de la intensidad de las lluvias orográficas y en general de las precipitaciones que aún hoy son superiores a los 1.700 mm. anuales de promedio. Se llega así, desde el siglo XIX y como resultado de tres siglos de actividad humana, de quemas y pastoreo libre, a la configuración de la zona actual de vegetación de sabana, de parque tropical y de bosque seco tropical en algunas regiones en donde el clima indica una vegetación mucho más densa y vigorosa. A pesar de haberse mantenido durante tres siglos en la región central la cantidad de ganados bastante constante, el crecimiento demográfico exige la ampliación del área de cultivos, la extensión del espacio agrícola de cada comunidad, es decir, del terruño pueblerino.

Además, el mecanismo de la ampliación del territorio bajo una ocupación humana más permanente se apoya en el sistema de la roza tropical. Ya a fines del siglo XVIII, Juan Franco, hablando del cultivo del maíz por los campesinos y especialmente los de Chiriquí, declara que “si la sementera se ha hecho en montaña inaccesible al ganado, como generalmente lo procuran, no tienen el trabajo de cercar” 35 Así, la contigüidad de las rozas va creando una zona de vegetación secundaria que fácilmente se puede convertir en potreros. Tal como lo observamos en las franjas pioneras selváticas, en los piedemontes de la cadena central los ganados seguían, en la época colonial, los desmontes producidos para cultivar las rozas.

También, la práctica del cercado, por alambre de acero, data en Panamá de apenas fines del siglo XIX 36. Antes, el cercado de fagina, 37 formado por troncos unidos, muy costoso en trabajo, era poco practicado, por lo que resultaba más prudente localizar las rozas a cierta distancia del límite superior de los ganados, pero no tan lejos que su cuidado se convirtiese en una labor excesivamente onerosa en tiempo y esfuerzos.

b. Hombres y ecología

Hacia 1607, el Istmo de Panamá estaba ocupado por aproximadamente 25.000 habitantes, lo cual arroja una densidad muy baja, de sólo 0.3 hombres por Km2 38. Sin embargo, la mitad de estos hombres se encuentran disperos en casi las tres cuartas partes del territorio y escapan a la autoridad colonial. Se trata, esencialmente, de algunos negros cimarrones y de indígenas de las serranías de Veraguas y Chi-riquí y del inhóspito Darién. Así, pues, en 1607 sólo cerca de 12.000 almas se concentran en la zona sometida a la autoridad hispánica de las cuales 5.708 habitan la ciudad de Panamá, y 6.300 el resto de la región transístmica y las sabanas de las provincias centrales. Durante el siglo XVII la población aumenta mediante una tasa promedio de 0.5% anual para alcanzar aproximadamente 40.300 habitantes en 1691, 85.000 un siglo después, en 1790, y al fin una densidad de 1.1 hombres por Km2. El crecimiento es imputable casi exclusivamente a las sabanas centrales y de Chiriquí que pasan de aproximadamente 5.000 habitantes hacia 1600 a 45.000 por 1790. En ellas se produce un crecimiento natural vigoroso y también la inmigración, a menudo por aculturación, de poblaciones indígenas en los piedemontes de la cordillera central, desde Veraguas hasta Chiriquí.

Mientras tanto, en la región transístmica la población pasa de apenas 6.640 habitantes censados en 1607 a 16.679 en 1788. La ciudad de Panamá contiene, en 1790, 7.824 almas, mientras que el resto se distribuye en sus sabanas cercanas, desde Chepo hasta Chame y en la ruta misma hasta Portobelo cuya aglomeración, en plena decadencia, si acaso llega a los 1.000 habitantes.

Durante un poco más de tres siglos de la época colonial, que desde el punto demográfico podríamos llevar hasta mediados del XIX, la dialéctica entre los hombres y el medio natural se resuelve, en muchos casos, por una alta mortalidad endémica, propia de los regímenes demográficos de tipo natural arcaico cuyas tasas oscilan, de costumbre, entre 20 y 40 por mil anual. A ella se añaden las epidemias periódicas que asolan el país,39 particularmente en los momentos de arribaje de nuevas poblaciones en tránsito dedicadas al comercio (sobre todo la Feria de Portobelo, 40 primero anual, luego bienal y finalmente, en el siglo XVIII, más irregular) o a la guerra en Panamá y en la América del Sur (militares y ejércitos peninsulares). Las últimas epidemias mortíferas de este tipo tienen lugar en el siglo XIX: la de 1816 con el paso de los ejércitos españoles legitimistas, que diezma a 1 de cada 12 panameños; la de 1851, con el paso de viajeros de la California que mata a 1 de cada 20 habitantes del Istmo; y las de 1884-1888, más localizadas en la región transístmica, que tocan cada año a 1 de cada 11 habitantes de la ciudad de Panamá, sobre todo inmigrantes recientes empleados en las obras del canal francés. 41

CUADRO No. 2

EVOLUCIÓN DE LA POBLACIÓN DE LAS REGIONES HISTÓRICAS DE PANAMÁ 1600- 1970

Región 1607 1691 1778 1843 1896 1930 1970
Transístmica M 6,640 7,245 16,679 23,251 97,725 192,709b 721,733″
Central 2/ 4,100 11,920 35,967 80,452 145,955 190,035 414,781
Chiriquí 844 1,320 8,413 14,763 45,695 76,918 236.154
Darién 10,000a 15,000a 15,000a 7,100a 12,329 31,413 56,081
Bocas de Toro 4,000a 5,000a 4,000a 3,600a 11,250 15,851 43,531
Total Aproximado 25,584 40,585 80,059 129,166 316,054 506,926 1,472,280

a. Estimación,

b. Incluye población de la Zona del Canal de Panamá.

1/ Actuales provincias de Panamá y Colón, salvo el valle del Bayano, Chiman y San Blas.

2/ Actuales provincias de Coclé, Herrera, Los Santos y Veraguas.

3/ Actual provincia del Darién, Comarca de San Blas, valle del Bayano y Chiman.

Estos hombres, en crecimiento constante aunque irregular, practican esencialmente, durante la época colonial, una agricultura de corte y quema que, siguiendo la evolución de los ganados, va subiendo lentamente por los piedemontes de la cordillera central y va ganando también, en las planicies, los bosques-galería de los principales cursos de agua.

Durante el siglo XIX la población del Istmo de Panamá continúa creciendo a un ritmo más acentuado, pasando de 97.000 habitantes en 1803 a 316.045 estimados en 1896 y las densidades igualmente se elevan de 1.2 a 4.0 hombres por Km2 en la última fecha.

También, a pesar del auge de la región transístmica desde la década de 1850, del crecimiento de la ciudad de Panamá y de la fundación de Colón en 1852, el aumento demográfico es el resultado del vigor de los esfuerzos campesinos. Las provincias centrales y las sabanas de Chiriquí pasan así, entre 1788 y 1896, de 44.380 habitantes a 191.650 almas.

Los mapas de densidades más localizadas demuestran la conformación de la estructura con un mayor peso de los hombres sobre la tierra en la vertiente del Pacífico desde Chepo hasta Chiriquí.

Hacia 1790, aparte de los puntos de habitat concentrado, no se registraba en ningún lugar más de 8 habitantes por Km2, pero desde 1822 vemos aparecer densidades comprendidas entre 8 a 12 hombres por Km2, en la llanura de David y en la región de la ruta transístmica.

Durante el siglo XVII el Darién continúa su despegue demográfico que, muy probablemente, acompañó también el retroceso de una floresta secundaria relativamente reciente. Las migraciones humanas provenientes del Atrato, principalmente de cunas y también aunque en menor medida de chocoes, hacen elevar la población del Darién a mediados del siglo XVII a cerca de 15.000 habitantes, los cuales llegarán hasta aproximadamente 20.000 un siglo después, hacia 1741, 42 a pesar de las epidemias, en particular de viruelas, que prácticamente diezmaban a tribus enteras. Ellos se encuentran dispersos en el vasto territorio que se extiende entre los dos océanos, desde las márgenes del Bayano cerca de Chepo (Terable) hasta las del Atrato, aunque cerca de la mitad ocupase la costa caribe en el área de San Blas. La población continúa creciendo lentamente para llegar al máximo antes de fines del siglo XVIII con cerca de 25.000 habitantes, sobre todo de lengua cuna, pero las campañas militares de 1784 a 1792 provocan, más bien indirectamente por contagio y enfermedades, un descenso rápido para alcanzar, a mediados del siglo XIX, el punto más bajo, de aproximadamente 7.100 habitantes en todo el Darién histórico y un avance de las selvas tropófila y umbrófila, particularmente en la costa atlántica, con el consiguiente desmejoramiento de las condiciones bioambientales que obliga a los cunas a emigrar, desde la década de 1850, a las islas de coral43. A partir de entonces, el repunte demográfico se intensifica para alcanzar cerca de 13.000 habitantes en todo el Darién histórico en 1911, de los cuales 7.255 se encontraban en el litoral e islas de San Blas44.

Estas perturbaciones demográficas producen, naturalmente, un avance de la floresta en todas partes. Ya hacia 1700, los escoceses hablan de la sucesión de selvas cerradas y de amplias sabanas en la costa norte, cerca de la Bahía de Celedonia 45. A fines del siglo XVIII, en 1789, Fernando Murillo declara que “la maleza de los montes es tanta, que no da lugar a nuestras tropas a penetrarla, a menos que no la vayan rozando primero a fuerza de hacha y machete” en las cuencas del Tuira y Chucunaque 46.

La vertiente atlántica de las montañas de Chiriquí y las islas de Bocas del Toro, por su parte, nunca fueron enteramente sometidas a la autoridad colonial. Su población aborigen era estimada, en 1620, en cerca de 4.000 personas47 dispersas y dedicadas a la arboricultura del pixbae, a las rozas de yuca y maíz y a la caza y pesca48. Desde entonces aunque tenemos pocos datos de la evolución demográfica contamos con testimonios de un lento pero seguro movimiento de poblaciones hacia las más altas cumbres de la cordillera central y hacia la vertiente del Pacífico, en donde se integraban a la sabana, sobre todo en el siglo XVIII, por aculturación en la frontera de poblamiento administrada por la Iglesia Católica. El clima tropical húmedo con abundantes precipitaciones notadas en enero y febrero de 1787, sustentaba una densa selva tropófila que se iniciaba al norte del poblado de Santa Fe y ocupaba, sin interrupción, todo el litoral atlántico hasta las islas de la Laguna de Chiriquí49. Este territorio insular se reputaba poblado por cerca de 3.000 indígenas en 1757, que son diezmados por invasores mosquitos, al año siguiente,50 a los cuales habría que añadir quizás otros tantos aborígenes, situados en la tierra firme, en las cuatro tribus mencionadas por cronistas de la época. En la segunda mitad del siglo XVIII, comienzan a llegar algunos inmigrantes ingleses con sus esclavos de las islas del Caribe, quienes constituyen el núcleo de un poblamiento nuevo pero que demuestra un tímido crecimiento. El censo de 1843 menciona por primera vez a Bocas del Toro con 595 habitantes, 51 quienes, a causa de una intensa inmigración provocada por el auge de las plantaciones bananeras, se convertirán en cerca de 11.250 en 1896 52, entre los cuales contamos una buena parte de indígenas recientemente aculturados.

c. Montañas y fronteras de poblamiento colonial.

Las relaciones históricas de los siglos XVI y XVII nos hacen sugerir una hipótesis: el espacio agrario se ha por lo menos duplicado en el intervalo comprendido entre principios del siglo XVII y fines del siglo XIX en las provincias centrales. La vegetación de sabana sólo cubría aproximadamente la mitad del territorio actualmente ocupado por la sabana y el bosque seco tropical, o sea, la sabana heredada de la ocupación agraria indígena que mantenía una población varias veces superior que la del siglo XVI, con un sistema de producción basado en el maíz en particular y que desconocía la cría de ganados.

Esta sabana, que no ha tenido tiempo de evolucionar hacia una vegetación más densa, fue fácilmente ocupada por la ganadería inicial que se desarrolla con gran rapidez para alcanzar sus cifras culminantes desde el siglo XVI en gran parte del interior. Al contrario, la densidad humana es, a principios del siglo XVII, diez veces inferior a la que encontramos a fines del siglo XIX y la escasa población está relativamente más concentrada en los pequeños villorrios por lo que su área de cultivo, su terruño pueblerino, no puede organizarse en una vasta extensión de territorio que exija un esfuerzo de transporte y comunicación imposible de realizar. Sin embargo, las densidades del hato vacuno y caballar se acercan ya a aquellas que encontramos a fines del siglo XIX.

Para mediados del siglo XIX se ha calculado que sólo 17% aproximadamente del Istmo de Panamá no conservaba su vegetación natural, es decir, cerca de 13.000 Km2 desmontados53, apenas un poco más que los 10.000 Km2 de suelos agrícolas útiles, más planos, arables 54, de los cuales un poco menos de la mitad son aluviones recientes, que encontramos hoy en la vertiente del Pacífico, desde el valle del Bayano en el Este hasta la Punta de Burica, 600 kilómetros al Oeste. Otros 6.000 Km2, de suelos menos fértiles y de relieve más ondulado 55, tapizan los piedemontes de la cordillera central y los glacis de volcanes antiguos, que sustentan fácilmente, en la vertiente del Pacífico, una vegetación de sabana herbácea o de parque tropical, con sus asociaciones más o menos densas de matorral xerófilo. Esos 16.000 Km2 serán el escenario principal de los desmontes y de la ganadería panameña hasta por lo menos las primeras décadas del siglo XX cuando se intensifican los fenómenos de colonización rural y de franjas pioneras en diversas zonas del territorio nacional.

En las provincias centrales, el mapa de densidades ganaderas globales revela, con la precisión cuantitativa de los catastros pecuarios de 1872-1873, los contornos de las mayores densidades que sugerían las relaciones históricas desde fines del siglo XVI y manifesta casi tres siglos de historia del avance del frente de colonización agraria: una mayor concentración de ganados en las vegas aluviales, que encuentra su paroxismo en el área de Santa María y en los alrededores de los principales centros poblados, con densidades que oscilan entre 1 res por 2.2 a 4.0 hectáreas, las cuales descienden a 1 res por 6 hectáreas de promedio a medida que ganamos los llanos más secos y los valles aislados y a 1 res por 13 a 40 hectáreas en los piedemontes de la cadena central o en el Azuero profundo.

El espacio agrario ganadero es ocupado de una manera desigual en las principales regiones de cría del interior del país a fines del siglo XIX: en 1873, la mayor parte del territorio de la región central exhibe la presencia de la ganadería. Ello es así en 70% de la vertiente del Pacífico, pero en gran parte las densidades son muy reducidas: 30% con densidades globales inferiores a 5 reses por 100 hectáreas. Al otro extremo, las densidades globales mayores de 40 reses por 100 hectáreas sólo se desarrollan en 3% del espacio agrario ganadero total, muy localizadas en los bajos valles aluviales de la antigua jurisdicción de Nata, lo cual nos sugiere una ocupación ganadera más completa de esta región. Las densiades intermedias de 10 a 30 reses por 100 hectáreas se encuentran en 29% del espacio ganadero, en particular cubriendo las zonas de contacto de pequeños valles aluviales y las planicies de llanos secos, región de ocupación ganadera temprana.

En Chiriquí, más de la mitad del territorio se encontraba fuera del área de la presencia de los ganados. Pero también las mayores densidades ganaderas se desarrollaban, en 1873, en las zonas de más antiguo poblamiento y explotación agraria, en las llanuras bajas y las planicies aluviales que rodean David, Alanje y San Lorenzo, en donde vemos 10 a 39 reses por 100 hectáreas. Las otras densidades, de más de 40 reses por 100 hectáreas sólo ocupan el 3% del territorio ganadero, mientras que las densidades intermedias de 10 a 39 reses por 100 hectáreas aparecen en 32% del territorio dedicado a la cría ganadera, pero las densidades más bajas, de menos de 5 reses por 100 hectáreas dominan ampliamente el 65% del territorio, ocupando sobre todo y aún tímidamente, el piede-monte del Volcán Barú y las planicies aluviales recientemente desmontadas al Este y al Oeste. En la segunda mitad del siglo XIX los ganados, siguiendo los cultivos, continúan una ascensión más rápida hacia las tierras altas.

d. La Conquista de las tierras altas

La curva de nivel de los 500 metros de altitud es realmente superada en Chiriquí a fines del siglo XIX. Hasta entonces aproximadamente, se establece en ella una frontera inestable de poblamiento amenazada por los indios mosquitos del litoral caribe, cuyas últimas incursiones a lo largo de la Cordillera Central se señalan en 1805.

Al mismo tiempo, el piedemonte del Volcán Barú, en Bugaba, Boquerón y Gualaca será ocupado con seguridad por los ganados y los cultivos en la primera mitad del siglo XIX.

Este fenómeno de la colonización rural animado por familias de la comunidad vecina se advierte en los ejemplos más notorios de la segunda mitad del siglo XIX en los valles de Boquete56 se en Chiriquí y Tonosí57 en Azuero. En el primero se establecen familias de la comunidad de Guataca, Bugaba y hasta David y algunos inmigrantes extranjeros que se dedican al cultivo del cafeto, de legumbres y a la cría de ganados. Otros pioneros semejantes, animados de un espíritu de colonización moderna, también se hacen presentes en las tierras altas de Coclé, más bien a principios del siglo XX, en Penonomé, La Pintada y El Valle de Antón, que se convertirá rápidamente en un lugar de descanso para las burguesías capitalinas.

Al mismo tiempo, en el siglo XIX, la colonización de los medios geográficos de montaña tropical se complementa, en el Istmo, por el avance moderado de las plantaciones en las tierras bajas más calientes

e. Plantaciones tropicales

Después de mediados del siglo XIX se amplía la frontera pionera de Panamá bajo la modalidad inédita en el Istmo, de la plantación tropical.

Primero, en la región transístmica, la presencia del ferrocarril terminado en 1855 y del puerto de Colón fundado en 1852, favorece el establecimiento, desde 1874, de plantaciones de banano58. Sin embargo, en la región no podrán desarrollarse tan ampliamente como en Bocas del Toro, en donde las condiciones ecológicas óptimas propician el surgimiento de la gran plantación comercial de bananos para la exportación desde la década de 1880, la cual no ha cesado de prosperar, salvo algunas dificultades por enfermedades en las décadas de 1920 y 193059. Hacia 1904, se estimaba que 10.000 ha. de selvas de Bocas del Toro habían sido convertidas en plantaciones bananeras.

También, a principios del siglo XX, las empresas bananeras ganan el litoral pacífico de Chiriquí, en la región de Puerto Armuelles, en donde se desarrollan grandes plantaciones de frutales para la exportación.

El resto de la agricultura de gran plantación comercial será la obra del siglo XX: caña de azúcar, principalmente, en regiones de antigua colonización hispánica, cerca de Panamá, 60 y en las sabanas de Coclé, Azuero, Veraguas y Chiriquí.

Finalmente, en la costa atlántica las plantaciones de cacao del siglo XVIII en el litoral de San Blas, cerca del Golfo de Urabá, establecidas por colonos franceses, son destruidas por los indios cunas hacia 175461 y tendremos que esperar hasta fines del siglo XIX para ver prosperar plantaciones semejantes en la región de Bocas del Toro.

f. El paso transístmico

En la región transístmica distinguimos dos zonas: la comprendida por la misma ruta, y la formada por sabanas alrededor de la ciudad de Panamá, desde Chepo hasta Chame.

En la primera zona, el corredor de la ruta sigue más o menos el curso del río Chagres y sus riberas, en donde la población radicada, que no superaba, hasta 1850 por lo menos los 1.500 habitantes, ocupaba las vegas aluviales y en particular los principales sitios de relevo en Cruces, que data de 1527, y, Gorgona, fundado en 1667.

Algunas pequeñas ganaderías establecidas sobre enormes latifundios más bien simbólicos, cubiertos en realidad por la selva, completaban la ocupación del suelo de una región poco alterada por el hombre durante la época colonial.

Entre 1850 y 1880, el ferrocarril transístmico reactiva un poco más la región, pero aparte de la estrecha vía, del establecimiento de los poblados de la. línea férrea y de la creación de algunas plantaciones de bananos para la exportación por el Puerto de Colón, la enorme selva tropical continúa dominando la región por lo menos hasta el poblado de Frijoles. 62Desde allí hasta Panamá, las rozas campesinas y las sabanas herbáceas se suceden como en la época colonial. La población apenas si ha aumentado alcanzando cerca de 2.000 habitantes en 1851 y una densidad de sólo 0.6 habitantes por Km2.

Con los trabajos del Canal de Panamá, entre 1880 y 1920, el desmonte es más extenso, pero localizado en la inmediata proximidad de la vía de agua y en el futuro gran lago artificial, el Gatún. La población se multiplica por diez en pocos años, alcanzando cerca de 20.000 habitantes en 1896, la mayoría de los cuales ocupan los poblados de los trabajadores del Canal.

También, cerca del futuro canal se extrae madera para la construcción, pero los claros son rápidamente cubiertos por la vegetación secundaria que, al cabo de dos o tres decenios evolucionó hacia la pluviselva, 63 y el resto de la cuenca hidrográfica del Chagres permanecía prácticamente intacta.

Al contrario, la región de sabanas al Norte (San Juan), al Este (Pacora) y al Oeste (Río Grande, La Chorrera, Sajalices) de la ciudad de Panamá, es colonizada desde muy temprano por burgueses de la capital quienes establecen una próspera ganadería, la más densa del país. Así, en 1607 contamos 53.600 reses en la región, la mitad de las del Istmo en sólo 1% de su territorio. Durante la época colonial estas magnitudes se mantienen constantes y así vemos 45.000 bestias en 1790. En la segunda mitad del siglo XIX se produce más bien un des

CUADRO No. 3

EVOLUCIÓN DE GANADOS VACUNOS Y EQUINOS DE PANAMÁ

1609 – 1970

Provincias 1609 a/ 1650 b/ 1756 c/ 1790 d/ 1873 e/ 1896′ 1914 g/ 1950 h/ 1970 i/
Darién 0 0 0 0 0 0 1,693 8,565
Colón 0 0 0 0 1,713 901 8,626 22,433
Panamá 53,6 —— —— 45 22,487 28,681 16,249 39,431 146,529
Coclé ( ( —— 47,5 38,802 31,403 37,37 75,899 115,598
Herrera- Los Santos (70,000 (50,000 —— 36 44,988 50,895 37,531 145,64 440, 1 1 7
Veraguas 5,9 —— 35,916 26 35,26 41,468 34,151 142,538 245,018
Chiriquí 17,2 24,4 44,528, 37 41,816 50,739 58,268 208,439 415,901
Bocas del Toro 0 0 0 0 2,827 5,258 9,463
República

de Panamá

110 193 186,721 203,086 187,297 727,794 1,403,614

Fuentes del cuadro 3.

a/ Alfredo CASTILLERO C., Estructuras Sociales y Económicas de Veragua

desde sus orígenes históricos. Siglos XVI y XVII, Panamá 1967.

b/ Ibldem, p. 94.

c/ A.G.r., Panamá 130, Santiago Mathlas GUTIÉRREZ “Padrón General”, 1756.

d/ Antonio CUERVO, Colección de documentos inéditos sobre la Geografía y la Historia de Colombia, Bogotá 1892, vol, II, Noticias Relativas a la Provincia y Ciudad de Panami 1790.

e/ Gaceta de Panamá, años 1872-1873.

f/ Francisco POSADA, Directorio General de la Ciudad de Panamá, Panamá 1897.

g/ Boletín Estadístico Descriptivo de la República de Panamá, Panamá 1917.

h/ Censos Nacionales, 1950.

I/Censos Nacionales, 1970. Censo de la actividad, con cifras que oscilan entre 15.000 y 30.000 animales, y sin duda un cierto retroceso de la sabana antropógena. Resulta que la población, en aumento, se concentra más bien en los sitios urbanos de Panamá y Colón y se dedica a las actividades transístmicas, importando del interior, es decir de las sabanas centrales y de Chiriquí, lo esencial del abastecimiento agropecuario.

—————–

g. Regiones, ecología y red urbana

La preocupación por las condiciones ecológicas de los sitios de habitat concentrado que se debían establecer en el Istmo de Panamá aparecen claramente expresadas desde principios del siglo XVI, en las Instrucciones que la Corona Española da a Pedrarias Dávila en 1513. En ellas se advierte una auténtica estrategia de adaptación al medio natural, cuyo cumplimiento resultó, en el Istmo, en el éxito de la mayor parte de los asentamientos humanos, pueblos y aldeas que, en los siglos XVI, XVII y XVIII se fundaron y que forman la estructura de la red urbana actual del país. La Corona recomendaba a Pedrarias que “así en el lugar que agora esta fecho como en los que de nuevo se hicieren, se ha de mirar que sean en sitios sanos e no anegadizos… y que sean de buenas aguas e de buenos aires e cerca de montes e de buena tierra de labranzas e destas cosas las que mas pudiere tener” 64. Quizás, hubo muy pocas excepciones a esta regla, que motivos más importantes explican, como son Nombre de Dios y Portobelo. Ya conocemos la pesada hipoteca demográfica que ello significó, hasta la década de 1850, cuando la función de la última fue sustituida por Colón.

Las instrucciones de Pedrarias, son fielmente respetadas en los dos patrones de poblamiento en habitat concentrado: los llamados pueblos de indios y los de los españoles. De costumbre se escoge una planicie bien aereada que domina, a 5610 metros de altura, el curso de agua, situado a no más de un kilómetro de distancia. Además, esos poblados se localizan, generalmente, en la zona de contacto de los llanos secos y los valles de aluviones recientes, en donde son más frecuentes los taludes levemente inclinados, propicios al cultivo del maíz, que teme el exceso de humedad. Ya sea en medio de la sabana, como es el caso habitual de los pueblos de españoles o en los valles entallados de la cordillera central para los pueblos de indios, la estrategia de adaptación ecológica se revela un rotundo éxito.

Durante el período colonial hasta fines del siglo XVIII los espacios agrarios del interior del pai’s son organizados me^ diocremente por cuatro aglomeraciones: Coclé, por Nata y luego Penonomé; Azuero por Los Santos; Veraguas por Santiago; Chiriquí por Alanje. Se trata de pequeñas aglomeraciones situadas en el interior de las sabanas, con funciones político-administativas dominantes y que actúan sobre todo como centros intermediarios ampliamente cerrados y autosu-ficientes económica y demográficamente.

Pero a partir del siglo XIX, otros pequeños poblados agrarios situados cerca de los sitios con facilidades portuarias rudimentarias van a sustituir a las viejas ciudades administrativas, como organizadoras del espacio geo-económico: Aguadulce en Coclé, Chitré en Azuero y David en Chiriquí demostraron la mayor dinámica de crecimiento urbano del interior rural desde entonces. Hasta la década de 1920 por lo menos, cuando se construye la primera carretera nacional, ellos funcionaron como puertos de mar, algunos kilómetros tierra adentro, cerca de los esteros y marismas del litoral pacífico, que aseguraban el cabotaje. En ellos convergía una esquelética red de caminos que drenaba cada región y la conectaba al naciente sistema de mercado y también contenían las pequeñas destilerías, principales industrias de transformación del país en el siglo XIX y principios del XX.

Esa integración del interior rural a una economía más activa, también se manifiesta en una ocupación más vigorosa del espacio y en un uso más intenso del suelo, antes de que se produjeran los cambios profundos en el siglo XX.

Los dos patrones geográficos de poblamiento que notamos en Panamá datan, fundamentalmente, de los siglos XVII y XVIII: la red urbana de pueblos y aldeas de las sabanas que miran al Pacífico por una parte, y, por otra, la amplia dispersión demográfica rural que asegura una presencia humana difusa en vastas áreas del país y que alcanza prácticamente entre un cuarto y un tercio del territorio de Panamá a fines del siglo XIX.

5. La revolución deí Siglo XX

De la época colonial y del siglo XIX hemos heredado una estructura de poblamiento y de organización del espacio geográfico sobre la cual se habrán de desarrollar, desde principios de la actual centuria, magnitudes realmente desconocidas e importantes.

En este sentido, las modificaciones que aportan los hombres a la geografía del Istmo de Panamá serán, en el siglo XX, considerables, verdaderamente revolucionarias.

a. Hombres y ecología

Primero, debemos registrar la explosión demográfica que hace que los 316.054 habitantes estimados en 1896 se multipliquen por casi seis por convertirse en 1,830.175 personas censadas en 1980 en la República de Panamá, gracias a la inmigración del exterior, pero sobre todo a tasas de crecimiento natural comprendidas entre 2% y 3% anuales. Si bien es cierto que durante la segunda mitad del siglo XIX tienen lugar importantes migraciones al Istmo de Panamá para la construcción del canal francés y del Ferrocarril transístmico, las implicaciones geográficas y ecológicas no son comparables a las que tendrán las migraciones internacionales del siglo XX. En efecto, la continuación de los trabajos del Canal de Panamá, adelantada por los norteamericanos, atrae al Istmo una masa de trabajadores antillanos, norteamericanos y europeos de la cuenca del mediterráneo que producirán importantes efectos ecológicos, más bien en la región del istmo central de Panamá. En sólo 10 años, de 1904 a 1914, los empleadores norteamericanos del canal traen al Istmo a más de 60,000 trabajadores, que se unirán a los 320,000 habitantes estimados hacia 1904. A ello tenemos que añadir un número considerable de hombres que vienen a aprovecharse del auge de las actividades transístmicas. De tal modo que en 1911, la cuarta parte de los habitantes del ‘simo de Panamá (la República y la Zona del Canal) es extranjero, elevándose esta proporción hasta el 50% en la región metropolitana. Muchos de estos hombres vinieron con la intención de retornar a su país de origen, pero muchos también se quedan en el Istmo de modo tal que en 1920, 12% de su población nació en el extranjero y un tercio de los habitantes de la región metropolitana, la más importante del país se encontraba en esta situación. Durante la Segunda Guerra Mundial, la inmigración es muy fuerte gracias a la llegada de desarraigados europeos, colombianos y centroamericanos, atraídos por el repentino auge económico provocado sobre todo por la presencia de cerca de 50,000 soldados norteamericanos acantonados temporalmente en las bases militares de la Zona del Canal y en el resto de la República. Muchos extranjeros optan por permanecer definitivamente en el país de manera que en 1950, aún 11% de los 862,585 habitantes del Istmo de Panamá habían nacido en el exterior, elevándose la tasa a 21% en la región metropolitana, de los cuales la mitad residía, es cierto, en la Zona del Canal.

Estos fenómenos migratorios provocan en Panamá dos efectos geográficos y ecológicos fundamentales: por una parte, la urbanización se convierte en un fenómeno definitivamente dominante al elegir estos nuevos habitantes, en su mayoría, los centros urbanos de la región metropolitana. Por otra parte, su llegada, sobre todo a principios del siglo XX, impulsa a las autoridades sanitarias norteamericanas a una inmensa obra de saneamiento en el istmo central de Panamá, en el área del canal y en las ciudades de Panamá y Colón, para adaptar mejor el medio natural a las necesidades de las nuevas poblaciones, es decir, de la necesaria mano de obra del canal. Así, se vencen rápidamente las enfermedades endémicas, la fiebre amarilla, la malaria, la disentería y la tuberculosis. La tasa de mortalidad entre los empleados de las obras canaleras pasa de 41.7 por mil en 1906 a 9.1 por mil en 1910, mientras que en el mismo período, en la ciudad de Panamá ella desciende de 44.8 por mil a 31.7 por mil para alcanzar, finalmente, 21.4 por mil en 1918. Esto se logró, en gran parte, gracias a modificaciones del medio natural con el propósito de alterar el habitat de los principales vectores de las enfermedades paludeas y de la fiebre amarilla, los mosquitos anofeles y aedes. La construcción en 1905, del primer acueducto y alcantarillado urbanos, el drenaje de los pantanos, el relleno de manglares y la fumigación constante de las áreas cercanas a las concentraciones urbanas y a los sitios de las labores canaleras se difundió luego a lo largo y ancho del pai’s: primero fue la región de Bocas del Toro y sus plantaciones bananeras, en la década de 1920, y, luego, principalmente en las décadas de 1930-1940, el interior del país y en particular las sabanas centrales y de Chiriquí. En la década de 1970, se completó esta labor con el mejoramiento de la medicina preventiva mediante mejores cuidados a la infancia y también la construcción de una importante red de acueductos urbanos y rurales.

Todos estos fenómenos han provocado un aumento considerable de población y, naturalmente, una elevación de las densidades de 4 hombres por kilómetro cuadrado en 1896 a 23 en 1980. Pero los efectos en las regiones de mayor ocupación humana tradicional son realmente novedosos y aprecia-bles. Llegamos ahora en la región transístmica y sobre todo en las sabanas antropógenas a densidades rurales que superan los 40 hombres por Km2. Hacia 1920, se calculaba que cerca de un tercio del Istmo de Panamá estaba habitado65. Hoy, prácticamente más de la mitad del territorio conoce los efectos permanentes de la presencia del hombre, principalmente mediante la modalidad muy difundida de una intensa dispersión demográfica en las zonas rurales.

Esta explosión demográfica intensifica igualmente los fenómenos migratorios que se producen fundamentalmente en dirección de las ciudades transístmicas que acogen también una importante población extranjera, compuesta esencialmente por trabajadores de las obras canaleras. La explosión demográfica se acompañará, en el siglo XX, de un aumento sostenido del hato ganadero que superará, rápidamente, las magnitudes topes de la época colonial.

b. Ganados y sabanas

La revolución que se produce también en la ganadería durante el siglo XX es la primera que ocurre desde la introducción de los ganados bovinos y equinos en Panamá, a principios del siglo XV L

Ya desde fines del siglo XIX el paisaje vegetal de la sabana comienza a transformarse con la llegada de pastos nuevos y más nutritivos como la hierba “para , traída del Brasil66 y la hierba “guinea”, de los Estados Unidos, que se adaptan con más éxito a las frescas vegas aluviales. Pero la verdadera revolución tiene lugar con la “faragua” introducida desde el Brasil hacía 1914 y que rápidamente desplaza a las tradicionales hierbas de la sabana, gracias a su mejor adaptación a los latosoles panameños y a la larga estación seca en gran parte de la vertiente del Pacífico, desde los alrededores de la ciudad de Panamá hasta los confines de Chiriquí. Esta hierba conquistadora ha llegado a tipificar hoy la vegetación de la sabana panameña.

Después de la destrucción de más de 60% de la ganadería del país causada por las guerras civiles de 1900 a 1902, el repunte de la misma se revela con gran rapidez y el crecimiento del hato ganadero ha sido sostenido y, desde la década de 1930, casi paralelo al de la población. Asi’, de 81.000 cabezas estimadas en 1904 pasamos a 155,000 en 1910, 450,000 en 1930 y 1,403,000 en 1970. Asimismo, la densidad ha evolucionado notablemente, pasando de 2 animales por Km2 en 1896 a 18 en 1970. También, la superficie bajo pastos naturales o sembrados se ha ampliado recientemente, duplicándose entre 1950 y 1970, para llegar, en esta última fecha a 1,140,795 hectáreas, es decir, el 15% de la superficie del país. Hoy los pastos quizás superen el 20%del territorio de Panamá.

Todas las regiones participan de esta explosión del crecimiento del hato ganadero y de la ampliación de la superficie bajo pastos y en particular las regiones de Azuero y Chiriquí, cuyo vigor las lleva a contener, en 1970, 60% de los ganados del país. Pero hasta en Darién, Colón y Bocas del Toro se señala, en 1970, la presencia de una ganadería incipiente que transforma en sabana permanente, los claros de la agricultura de corte y quema, ampliamente difundida en tales regiones periféricas y de la intensa explotación maderera. Esas regiones, con activas franjas pioneras animadas por campesinos ganaderos inmigrantes de las provincias centrales y de Chiriquí, se integran rápidamente a la sabana antropógena.

Sin embargo, a pesar del vigor del crecimiento demográfico y del aumento considerable del hato ganadero, la mayor parte del país permanecía, hasta hace poco, ocupado por bosques y densas selvas tropicales, que retroceden rápidamente bajo el impacto reciente de las franjas pioneras.

c. Las nuevas franjas pioneras

En 1950, sólo el 15% del territorio panameño se encontraba bajo alguna forma de explotación humana, ya sea bajo cultivo, pastos naturales y sembrados o en descanso, cifra que casi se duplica en el término de 20 años para alcanzar, en 1970, el 27%. Si tenemos en cuenta que el 11% de los suelos del país son estériles, podemos estimar que las 2,098,062 hectáreas bajo explotación en 1970 representan más de un tercio de la tierra ocupable. Quizás hoy superemos el 40%.

Ahora bien, no en todas partes se ha producido semejante retroceso vigoroso y reciente de la floresta tropical. En los extremos encontramos al Darién con 2% de las tierras bajo explotación en 1970 y Bocas del Toro con 6% apenas, aunque en este caso vale la pena mencionar que un cuarto de la superficie de esta provincia está ocupada por suelos estériles para la explotación agropecuaria, sobre todo de manglares. Al contrario, en Los Santos y Herrera registramos 71% y 68% respectivamente del suelo bajo explotación en 1970, llegando así, prácticamente, al punto de máxima ocupación. Chiriquf, Veraguas y Coclé, con porcentajes comprendidos entre el 55% v 40% se encuentran en términos medios, aunque la presencia de abundantes suelos estériles, en particular de manglares y de montañas con laderas que exhiben pendientes muy empinadas, también nos sugiere que se acercan rápidamente al máximo de algún tipo de ocupación humana extensiva.

Panamá y Colón, en la región transístmica, sólo presentaban, en 1970, 26% y 11% respectivamente de tierra bajo explotación, porcentaje que sin duda ha aumentado con los desmontes en la cuenca del canal y en el valle del Bayano.

Este cuadro de disponibilidad de bosques tropicales para talar y de las llamadas tierras vírgenes explica la presencia de las principales franjas pioneras que existen actualmente en el Istmo y que continúan modificando, con gran vigor y rapidez, el ambiente natural. Ellas se localizan principalmente en Darién, la región de Chiman y el valle medio del Bayano, la cuenca del Canal de Panamá, la vertiente atlántica de la Sierra Llorona de Portobelo y de Coclé en Río Indio, Tonosí en las montañas de Azuero y su vertiente Oeste, la Península de las Palmas y el valle de Río Sereno en Chiriquí.

Pero al mismo tiempo que el espacio ocupado por el hombre se amplía horizontalmente, también regiones de antigua ocupación humana extensiva conocen una intensificación del uso del suelo mediante las modalidades de la agricultura comercial tecnificada que se extiende rápidamente en Panamá en los últimos decenios.

d. La agricultura comercial

Aparte de la gran agricultura de plantación para la exportación que se desarrolla a fines del siglo XIX en algunas pequeñas regiones del país, dedicadas fundamentalmente a los bananos, en el siglo XX se realiza un gran esfuerzo de modernización de la explotación agraria, que impone modificaciones más permanentes del paisaje rural. Así, además de las grandes plantaciones de caña de azúcar para los ingenios, que se inician desde las primeras décadas del siglo y que se han ampliado considerablemente en la década de 1970, también se desarrolla la agricultura mecanizada de medianos y grandes productores, dedicados al cultivo del arroz, maíz, legumbres y pastos sembrados, que ocupa cerca de la mitad de la superficie bajo explotación, además de la tala comercial de bosques.

El machete tradicional y la candela estival, principales instrumentos técnicos de cultivo, están siendo sustituidos desde la década de 1940, por medios más modernos. En 1970 existían 2,693 tractores de algún tipo en Panamá, cantidad que sin duda se ha multiplicado. También los pastos sembrados ocupaban en esa fecha cerca de un millón de hectáreas, es decir, casi el 13% de la superficie del país y 84% de todos los pastos de la República.

El cultivo itinerante retrocede gracias a un ordenamiento más riguroso de la ocupación jurídica, favorecido por la Reforma Agraria y la titulación de las tierras, al mismo tiempo que el crecimiento del hato ganadero y la mayor densidad de los vacunos impone ampliamente el cercado que limita el libre movimiento de la agricultura tradicional trashumante.

Pero también, estas nuevas densidades de hombres y de bestias se refleja en la evolución de la organización del espacio del Istmo de Panamá.

e. Organización del espacio

Durante el siglo XX se precisan mejor las regiones activas gracias a un peso mayor de los hombres sobre la tierra, a fenómenos más vigorosos de polarización urbana y a flujos más intensos de intercambios y circulación internos. Además, el mejoramiento sensible de la red de comunicaciones carreteras, a partir de la década de 1920, intensificada notablemente desde 1950, fija de manera permanente las estructuras históricas de poblamiento y de organización del espacio.

En este período reciente se afirman con mayor vigor las regiones activas de Chiriquf, Central y Metropolitana, además de las periféricas del Darién (incluyendo San Blas) y Bocas de I Toro67.

Estas últimas conocen un crecimiento más pausado de su población censada que pasa, en la primera, de 16,000 habitantes aproximadamente en 1911 a 55,064 en 1980 y en Bocas de 22,732 en 1911 a 53,579 en 1980. Aunque estas regiones marginales se integran con timidez al sistema nacional, la inmigración de campesinos-ganaderos provenientes de áreas más secas, cubiertas por sabanas, ha despertado cambios ecológicos profundos y rápidos, gracias a los desmontes sistemáticos de las franjas pioneras que ya hemos mencionado. Además, muy recientemente la apertura de caminos y sobre todo de la carretera interamericana al corazón del Darién intensifica tales cambios ecológicos que prefiguran un futuro muy cercano.

Las tres otras regiones son mucho más activas, aunque muy desigualmente. En Chiriquí, la población pasa de 63,364 habitantes censados en 1911 a 287,801 en 1980 y las actividades económicas así como el uso del suelo se intensifican notablemente. David se convierte en una verdadera capital regional con cerca de 50,000 habitantes en 1980 que articula los subcentros regionales de Boquete, La Concepción y Puerto Armuelles, los cuales animan zonas ecológicas complementarias: tierras altas cafetaleras y hortícolas, el piedemonte ganadero del Volcán Barú y la fértil llanura litoral dedicada a la plantación de bananos. Hacia el Este, una zona ecológica de pluviselvas sobre los piedemontes de la cordillera central al norte de Remedios, atacada por la profunda erosión causada por el desmonte sistemático, espera el auge minero del cobre en Cerro Colorado, para integrarse mejor a la activa región.

La región central, mucho más vasta y poblada con 465,581 habitantes en 1980 ostenta, sin embargo, una personalidad regional más débil, una menor estructuración urbana, con pequeños centros más bien competitivos y jerarquías urbanas menos funcionales. Aún así, se destaca la concentración de Chitré-Los Santos con 32,000 habitantes en 1980 con mayor vocación de animación regional, y los sub-centros de Santiago, Aguadulce, Penonomé y Las Tablas que organizan aunque insuficientemente, sus sub-regiones, en medios ecológicos más bien semejantes. El medio natural en la amplia región central ha sufrido más los efectos de la superexplo-tación por la ganadería extensiva, el exceso de quemas y de erosión que empobrecen los suelos, causados por la persistencia de prácticas agrícolas más bien arcaicas. A pesar de densidades agrícolas moderadas, la población de gran parte de la región ha seguido el camino de la emigración hacia la cercana región metropolitana. La modernización agraria, el mejoramiento de las técnicas y en particular la irrigación aparecen como una necesidad cada vez más urgente y los primeros proyectos de agricultura de grupos (cooperativismo, asentamientos), más mecanizada e integrada a los mercados se adelantan desde la década de 1970, con éxitos diversos. Sin embargo, esta agricultura más moderna, que se añade a las empresas privadas de vanguardia con abonos y algo de irrigación, dedicada a la producción de pastos artificiales, arroz y caña de azúcar, además de las hortalizas para la agroindustria local, trata de buscar un equilibrio en las áreas de mayores posibilidades agrológicas.

En la región metropolitana, formada por las provincias de Panamá y Colón, dominada enteramente por la capital de la República, cuya área metropolitana, en rápido crecimiento, se extiende a lo largo de 60 kilómetros sobre la llanura litoral desde Tocumen hasta La Chorrera, los cambios ecológicos son aún más profundos y afectan también, como ya lo hemos dicho, la cuenca hidrográfica del canal. La terminación de la vía interoceánica introduce una alteración notable del paisaje geográfico de la región mediante el desvío del río Chagres, la excavación del cauce del canal, la edificación de represas y esclusas y la creación del Lago Gatún de 423 Km2 y del lago Miraflores. mucho más pequeño. Luego, más tarde, en 1936, del Lago Alajuela de 57 Km2. El área metropolitana de la ciudad de Panamá, incluyendo las áreas urbanas de la extinta Zona del Canal, pasa de 22,000 habitantes en 1905 a casi 700,000 hoy. Con la construcción del Canal de Panamá, se remodela enteramente toda el área urbanizada de los barrios de Balboa y sus alrededores, se crea, mediante relleno, Fuerte Amador y Albrook y se drenan los pantanos que quedan del Río Grande, cuyo cauce principal ocupa la nueva vía interoceánica. Hacia el Este, en 1915 nuevos rellenos crean el barrio de La Exposición. Más recientemente, extensas zonas de manglares al este de Chanis son recuperadas para integrarlas al tejido urbano y desde el valle de Pacora hasta Chepo el drenaje y los desmontes han permitido la creación de grandes plantaciones estatales de caña de azúcar. Con la reciente construcción de una represa y central hidroeléctrica, gran parte del valle del Bayano ha sido inundado creándose, en 1976-77, un lago de 260 Km2. La explotación ganadera y maderera se ha intensificado notablemente en la cuenca del Bayano.

En el área de Colón suceden, aunque a una escala más modesta, cambios fundamentales del medio natural gracias a la urbanización, tanto en la isla de Manzanillo que continúa rellenándose como en el litoral cercano de Coco Solo y de Davis-Margarita-Gatún, en donde se producen grandes obras de relleno y drenaje de pantanos. Más recientemente, alrededor de Puerto Pilón se desarrolla una urbanización acelerada. La población en el área metropolitana de Colón pasa así de 20,000 habitantes en 1911 a cerca de 90,000 hoy. El paisaje suburbano sigue también la ruta de la carretera transístmica, entre Panamá y Colón, inaugurada en 1944.

Las diversas modalidades de ocupación del suelo urbano tanto en Panamá como en Colón, invaden rápidamente nuevos territorios y alteran, profundamente, vastas áreas de medios ecológicos diferentes, de manglares, sabanas y selvas tropicales. Las transformaciones más profundas del paisaje geográfico en el Istmo de Panamá durante el siglo XX se encuentran en la región metropolitana. Más aún que la extensión de los fenómenos urbanos, debemos mencionar aquí los efectos de la creación de tres grandes espejos de agua, (Gatún, Alajuela y Bayano) que totalizan más de 740 Km2, es decir, cerca de 10% del territorio de la región, y de la intensidad de la deforestación que, en el período comprendido entre 1950 y 1980, alcanza a más de 70% de las dos principales cuencas hidrográficas, del Chagres y del Bayano, que cubren casi la mitad de la región metropolitana.

Más que nunca, la región metropolitana, con la mitad de la población nacional y el 80% de la riqueza del país, domina al resto del territorio y le impone su ritmo. Las modificaciones al paisaje geográfico que determina este tipo de organización espacial son importantes y prefiguran la evolución del Istmo de Panamá hasta el próximo y cercano horizonte del año 2000.

6. Conclusión

La lucha entre el hombre y el medio geográfico tropical dominado por los climas húmedos, que tiene lugar durante los cinco siglos más recientes de la historia de Panamá, se manifiesta mediante diversas estrategias de adaptación ecológica realizadas por el puñado de nuevos hombres que, desde el siglo XVI, están llegando al Istmo.

También los ganados vacunos y equinos introducidos desde el principio de la colonización hispánica, serán los aliados inapreciables en una empresa difícil. La selva está presta a ganar el terreno que el clima le permite; los pocos hombres luchan desesperadamente, durante varios siglos, por mantener una sabana antropógena, frágil, heredada de los habitantes precolombinos. Ella, como el pergamino, se encoje en el vacío humano y bovino del Darién y Chiriquí, pero luego, desde el siglo XIX en el Oeste y desde el XX en el Este, se amplía gracias a la llegada de nuevos pioneros y la introducción de la agresiva faragua.

Cinco siglos de ocupación humana han modificado profundamente el ambiente natural del Istmo de Panamá. Pero hasta fines del siglo XIX, los efectos han sido más bien modestos a causa de la debilidad demográfica de la población durante la época colonial y una explotación más bien extensiva de sus recursos naturales. Sin embargo, este largo período de casi cuatro siglos crea y fortalece las estructuras geométricas del poblamiento y de la organización del espacio geográfico que conocemos hoy en el Istmo de Panamá y sobre las cuales se van a desarrollar magnitudes crecientes de hombres y una intensificación notable de los fenómenos de ocupación humana en el siglo XX.

Es en efecto, en los últimos decenios, con la revolución de la medicina preventiva, que se produce la explosión demográfica y la intensificación del uso del suelo hasta llegar al estado de desarrollo que podemos apreciar en nuestros días.

No obstante, aún permanecen amplias zonas como las cuencas del Tuira y del Chucunaque, que no han recuperado las magnitudes demográficas precolombinas y el medio natural de sabana antropógena que en parte dominaba antes de la conquista. Pero, los fenómenos de franjas pioneras, con un vigor desusado, están empujando la selva tropical en muchas regiones del país y en particular en los piedemontes de la Cordillera Central y las depresiones del Darién meridional.

Además, los fenómenos de una urbanización creciente y cada vez más concentrada en la región metropolitana, la modernización de las técnicas agrarias y la creación de grandes lagos artificiales también fortalecen las modificaciones del medio geográfico en el Istmo de Panamá y hacen más permanentes las huellas del hombre en el paisaje natural. Las estrategias de adaptación ecológica continúan desarrollándose hoy con los instrumentos poderosos que ofrece una tecnología más avanzada.

CUADRO No. 4

USO DE LA TIERRA EN PANAMÁ EN 1970

suelos estériles

bajo explotación por Provincias

Darién

6

2

Colón

4

11

Panamá

4

26

Coclé

30

40

Herrera

2

68

Los Santos

7

71

Veraguas

18

43

Chiriquí

10

55

Bocas del Toro

25

6

TOTAL

República de Panamá

11

27

CUADRO No. 5

USO DEL SUELO EN LA VERTIENTE DEL PACIFICO

DE PANAMÁ EN 1631

según Diego Ruíz de Campos

Al Oeste de la ciudad de Panamá

VALLE FORMACIONES

VEGETALES

PRODUCCIONES

VEGETALES

PRODUCCIONES

ANIMALES

Río Grande sabanas vacunos
Río Matasnillo manglares
Cerro Ancón sabanas pequeñas vacunos
Río Grande maíz
(Hondo) plátanos
(Cárdenas) manglares caña de azúcar
(Caymito) sabanas yuca
(Canaves) auyamas vacunos
Playa de Farfán manglares patatas
Río Venados sabanas maíz
Cerro Cabra arboledas plátanos
caña de azúcar vacunos
arroz cerdos
auyamas gallinas
melones
batata
maderas
Río Bique sabanas
Río Caymito manglares maíz vacunos
(Cáceres) sabanas plátanos ostiones
(Bernardino) yucas langostas
auyamas
arroz
frijoles
maderas
Río Sahalizes maíz
: plátanos vacunos
Río Perequete maíz vacunos
plátanos peces
Cerro Chame arboledas caña de azúcar
Río Chame sabanas maíz vacunos
plátanos gallinas
yucas
auyamas
RíoChirú sabanas maíz vacunos
Ri’o Antón sabanas vacunos
Río Estancia sabanas
Río La Chorrera sabanas
Río Hondo sabanas
Río Serrezue’a sabanas
Río Grande sabanas maíz vacunos
Cerdos, gallinas
Río Chico manglares patos
Río Estero Salado manglares maíz
Río Membrillar manglares matz
Río Morillo manglares maíz
Río Escoria arboledas vacunos
(Santa María)
R ío Parita arboledas maíz vacunos
manglares maderas
Río Cubila sabanas matz
(La Villa) madera
Río Guararé sabanas maíz
Río Mensabé sabanas maíz
Río Purio vacunos
Río Mariabé maíz
Río Oria sabanas peces
Río Cañas
(Quiribion ) arboledas
(Cascajales)
(Tonosí )
Río de Manato floresta
Río Martín manglares
arboledas maderas
Río Taba raba manglares maíz vacunos
arboledas maderas cerdos
gallinas
Río de la Filipina arboledas maderas
Bahía Honda arboledas
Río Lavaina arboledas
Río Bobi manglares
Río Virali manglares
Río Cobre manglares
Río Begui maderas
RíoTabasará maderas
Río de Pueblo Nuevo arboledas plátanos vacunos
(Remedios) sabanas maíz peces
madera
Río San Félix arboledas maíz
Río Dupi arboledas maderas
Río San Juan arboledas
Río Fonseca arboledas
RíoChiriquí maíz batatas vacunos
arroz pinas cerdos
Río Chorcha frijoles aguacates gallinas
plátanos mameyes
yucas limones
Río Carache
Río de Piedras maderas

REFERENCIAS

1 Julián H. STEWARD y Louis C. FARON, Native Peoples of South America, Nueva York, 1959, tabla4, p. 457.

2 Gonzalo FERNANDEZ DE OVIEDO, Hisrorla General y Natural de Las Indias, Madrid 1959, t llr, p. 231.

3 Ornar JAÉN SUAREZ, La Población del Istmo de Panamá del siglo XVI al siglo XX, Panamí 1979, p. 50.

4 Charles F. BENNETT, Influencias Humanas en la Zoogeografía de Panamá, Panamá 1976, mapa 6.

5 Richard COOKEj “El hombre y la tierra en el Panamá prehistórico”, en Revista Nacional de Cultura, N° 2, Panamá 1976.

6 Ver el Ensayo de Ornar JAÉN SUAREZ sobre “120 siglos de evolución de la población precolombina del Istmo de Panamá: algunas hipótesis sobre su crecimiento” que aparece en esta obra.

7 Citado por Charles F. BENNETT, op. clt, p.’ 40.

8 Ibidem

9 Citado por Alfredo CASTILLERO C., Políticas de Poblamiento en Castilla del Oro y Veragua en los Orígenes de la Colonización. Panamá 1972, p. 6?.

10 Alfredo CASTILLERO CALVO, Estructuras Sociales y Económicas de Veragua desde sus orígenes históricos, siglos XVI y XVII, Panamá 1967, pp. 53-56.

11 Gonzalo FERNANDEZ DE OVIEDO, Sumario de la Natural Historia de las Indias, México 1950.

12 Pascual de ANDAGOYA en José Torlblo MEDINA, El Deicubrimiento del Océano Pacífico, tomo II, doc. 11 de Cartas y Relaciones, citado por Carlos Manuel GASTEAZORO y otros, La Historia de Panamá en sus Texto», Panamá 1980, Tomo I, p. 74;

13 Ibldem

14 Gonzalo FERNANDEZ DE OVIEDO, Sumarlo de la Natural Historia de las Indias, op. cit, p.5 269.

15 Ibldem, p. 270

16 Biblioteca de Autores Españoles, Historiadores Primitivos de Indias II, tomo XXVI, Madrid, 1947, cit. pdr Carlos Manuel GASTEAZORO y otros, op. cit., Tomo I, p. 100.

17 Pascual de ANDAGOYA, op. cit

18 Antonio B. CUERVO, Colección de documentos Inéditos sobre la Geografía y la Historia de Colombia, Bogotá 1892, tomo II, “Relación hecha por Gaspar de ESPINOSA….”, p. 481.

19 Ibidem, p. 485.

20 Pascual de AN DAGOYA, op. cit

21 Olga F. LINARES, “Patrones de Poblamiento prehlspánico comparados con los modernos en Bocas del Toro Panamá”, Panamá 1970.

22 Olga F. LINARES, Ecology and the Arts in Ancient Panama, on the development of social rank and symbolism in the Central Provinces, Washington 1977, pp. 70-76,

23 Elsa MERCADO, El Hombre y la Tierra en Panamá (siglo XVI) según las primeras fuente^, Madrid 1959, pp. 270-273.

24 Olga F. LINARES, op. clt, p. 73.

25 Mario GONGORA, Los Grupos de Conquistadores de Tierra Firme (1509-1530) FisonomÍa histórico social de un tipo de Conquista  de Tierra Firme (1509-1530). Fisonomía  histórica social de un tipo de conquista, Santiago de Chile, 1961, pp. 16-26.

26. Según el Gobernador de Veraguas, sólo en las serranfas del Guaymf se estimaban, en 1595, cerca de 6.000 indios de guerra. Carta de Iñigo DE ARAUZA, Santa Fe, 20 de enero de 1595, Colección Fernández, Tomo V, pp. 100-101. Santiago de Chile, 1961, pp. 16-26.

27 Diego, RUIZ DE CAMPO, Relación sobre la costa a panameña en el Mar del Sur… año de 1631, en Antonio B.  CUERVO. Op. Cit., T. II, pp.14-52

28 Ibidem, p. 24

29 Ibidem, p. 30

30 Ibidem, p. 42

31Ibidem, p. 47

32Ibidem, 46

33Ibidem

34 Ibidem, p. 5T

35 Juan FRANCO, Breve noticia o apuntes de los usos y costumbres de los habitantes del  Istmo  de Panamá y   sus   producciones,1792, editado por Ornar Jaén Suárez, Panamá 1978. pp. 34.35.

36 Ricardo ARIAS, “La Ganadería vacuna en Panamá” en Panamá en 1915, p. 95. Hacia 1880, ‘Don Manuel Ma.   Icaza Del Barrio le habfa hecho beneficio importantísimo a nuestra ganadería Introduciendo al país el alambre de púas para cercas”.

37 Juan FRANCO, op. cit., p; 30

38 Omar JAÉN SUAREZ, op, cit, pag. 22, Cuadro 1.

39 El estudio de las epidemias en Panamá durante la época colonial es un tema que merece un tratamiento más sistemático. Algunas consideraciones preliminares aparecen en Omar JAÉN SUAREZ, op cit, pp, 1 T1-113 Metodológicamente, sería útil referirse  a la obra de Murdo MACLEOD sobre la América Central: Spanlsh Central America aSocioeconomic history, 1520-1720, University of Cali! Presss, 1973, pp. 100 ss,

40 Las referencias sobre la alta mortalidad en Portobelo y su reputación de ambiente natural extremadamente malsano son muy frecuentes en las crónicas de la época colonial.

41 Omar JAÉN SUAREZ, op, cit, pp, 1T3 y 120.

42 Anónimo, “Descripción de la Provincia del Dariín”, Panamá, 18 de julio de 1741, en Antonio B. CUERVO, op. cit, T; ll,:p. 283.

43 Ornar JAÉN SUAREZ, op. cit, p.> 147.

44 Ibidem, p. 152, Cuadro 18.

45  Francis BORLAND, La Historia del Darién, (Escocia 1700),

46 Fernando MURILLO, “Reflexiones…”, Cartagena 27 de enero de 1789, en Antonio B. CUERVO, op. cit, Tí II, p. 304.

47 Lorenzo DEL SALTO, carta del Gobernador de Veragua a S.M.; Santiago, 21 de junio de 1620, en Colección Fernandez, T.V./pp. 229-234.

48 Según Adrián de SANTO TOMAS quien los visitó entre 1622 y 1637, en Carlos Manuel GASTEAZORO y otros, op. cit.T.U, pp. 146.-147.

49 Manuel de Jesús ATENCIO, “Exploración de las playas de la costa norte de la antigua provincia de Veragua…””D¡ario del 18 de enero al 15 de febrero de 1787, en Antonio B. CUERVO, op. cit, TU., pp. 309-327.

50 Nicolás de PALAZUELOS, “Relación puntual de toda la costa del Mar del Norte…”;=Dlario de la Laguna de Bocas del Toro, en Antonio B. CUERVO, op. cit, P.L, p.!351.

51 Ornar JAÉN SUAREZ, op, cit, p; 25, Cuadro 2.

52 Ibidem. Ser añaden 2.000 indígenas no censados.

53 Jorge ILLUECA BONETT, “Tendencias poblacionales y su impacto sobre el medio panameño 1800-1920”, en Revista Nacional de Cultura, N° 7-8, Panamá 1977, p. 75.

54 Suelos de clase II, III y IV según la Evaluación Preliminar de los Recursos Agro-Ffslcos de la República de Panamá, Panamá 1971.

55 Suelos de clase Vi, Ibldem.

56 Aunque Rubén D. CARLES basado en fuentes documentales sostiene que el primer cultivador de cafetos Ileg6 a Boquete en 1881  (220 Años del Período Colonial en Panamá, Panamá 1969, p. 293), Euseblo A. MORALES dice que las plantaciones mayores del importante grupo de 49 cafetaleros que encontró en Boquete en 1907, se formaron en 1895-1896 (Ensayos Documentos y Discursos, reimpresión s/f de la edición de 1928, colección Kiwanis, pp. 83-84).

57 Rubén D. CARLES, op. clt., ffp. 286-287 expone cómo familias de Las Tablas que emigran a Tonosf reaniman una antigua comunidad periférica de la región de Azuero y la integran al naciente circuito nacional, en la segunda mitad del siglo XIX.

58 Ornar JAÉN SUAREZ, op. cit, pp, 209-318.

59 Ibidem,

60 Ver George E. ROBERTS, Investigación Económica de la República de Panamá, Panamá 1929. *

61  Existen abundantes referencias sobre tales plantaciones en las relaciones publicadas en Antonio B. CUERVO, op. clt, T; I y II.

62 Fessenden OTIS, Historia del Ferrocarril de Panamá (1867),extracto publicado en Carlos Manuel GASTEAZORO y otros, op. cit., Panamá 1980, T. 1, pp_ 252-259.

63 Ello se aprecia por la presencia de especies propias de una vegetación secundaria.

64 “Instrucción dada por el Rey a Pedrarias para su viaje a la Provincia de Castilla del Oro que iba a poblar a…”; Valladolid, 2 de agosto de 1513. A.G.F., Patronato 17.

65 Según Jorge ILLUECA BONETT, op. Cit, p. 83.

66 Ricardo ARIAS, op. cit., p; 92 declara que “a mediados del siglo pasado…. D. José de Obaldía… por haber introducido al pai’s la yerba del Para’, que tanto se adapta a nuestras tierras anegadizas y que ha causado revolución ventajosa en nuestro sistema de engorde. Las primeras plantitas de ésta, llamada también “yerba admirable”, las obtuvo el Sr. dé Obaldfa por medio de su amigo el Ministro del Brasil en Bogotá”.

67 Región de Chiriquí formada por la provincia homónima; Central, compuesta por las provincias de Coclé, Herrera, Los Santos y Veraguas; Metropolitana constituida por las provincias de Panamá y Colón, salvo la Comarca de San Blas; Darién, formada por la provincia homónima y la Comarca de San Blas; y Bocas del Toro, constituida por la misma provincia.

*Jaén Suárez, O. 1981. Hombres y Ecología en Panamá. Editorial Universitaria y STRI. Panamá. 157 pp. Incluye ilustraciones y mapas.

*Idem

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Edición digital para dominio público: Centro de Estudios de Recursos Bióticos, FCNET, Universidad de Panamá.

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Vea además: Ganadería en el Trópico Húmedo y sus implicancias ambientales

Ganadería en el trópico húmedo y sus implicaciones ambientales

La cría de ganado en el Trópico Húmedo y sus implicaciones

Dr. William L. Partridge

Escuela de Antropología
Universidad de Giorgia
Traducido y publicado en la
Revista Lotería No. 342-343. Octubre de 1984

Edición digital para dominio público: Centro de Estudios de Recursos Bióticos, Universidad de Panamá

NOTA A LOS LECTORES

En 1982 salió calladamente a la luz el libro titulado Colonización y Destrucción de Bosques en Panamá, editado por los investigadores nacionales Stanley Heckadon Moreno y Alberto McKay. Obra esta que fue publicada por la Asociación Panameña de Antropología. Mientras que en nuestro medio fue recibida con un estruendoso silencio salvo algunos comentarios aislados, en el extranjero ha sido mejor recibida como elogiada. Entre las reseñas favorables realiza­das por reputados científicos están la del Dr. Pedro Reyes Castillo, Director del Instituto de Ecología de Méjico, publicada en el Mensa­jero Forestal, (Diciembre de 1982); la del Dr. Tere Chehibar en el boletín de la Sociedad Botánica de Méjico (febrero de 1984); la del Dr. Thomas Ve bien en la revista Meso América (junio de 1983), pu­blicada por el Centro de Investigaciones Regionales de Meso Améri­ca en Vermont.

Una de las reseñas más completas es la realizada por el Dr. William Partridge, Decano de la Escuela de Antropología de la Uni­versidad de Georgia.

La reseña del Dr. Patridge apareció en la edición de primavera de la revista Human Organization de la Asociación Americana de Antro­pología Aplicada (1984). A continuación la traducción de la reseña del Dr. Partridge hecha por Cilia Arellano de Pérez, la cual fue inclui­da en la segunda edición del libro que acaba de salir este año.

Revisión de los casos en Panamá[1]

Una de las transformaciones culturales más profundas que li,i\.i tenido lugar hoy en día en Latinoamérica, es la conquista de las tic iias bajas del trópico húmedo, ya sea que se le denomine coloni/.a (ion. establecimiento en nuevas tierras, translcrencia de población, rccolonización, migración rural o frente de colonización. El caso de- la cuenca del Amazonas se haya bien documentado en Brasil y en los Llanos Orientales de los países andinos. Especialistas en geo­grafía, ecología y antropología han estado por décadas observando la progresiva destrucción de los bosques tropicales debido a la migra­ción masiva desde áreas sumamente pobladas de estos países hacia las tierras bajas tropicales de poca población (Crist and Guhl 1957; Crist and Nissly 1973; Goodland and Irwin 1975; Davis 1977; Stearman 1973; Smith 1965; Moran 1976). La magnitud de las trans­formaciones ecológicas y culturales de la cuenca del Amazonas, inclu­yendo la pérdida innecesaria de vidas inocentes, ha ensombrecido el hecho de que este mismo proceso haya estado ocurriendo simul­táneamente en las tierras bajas y húmedas del trópico en América Central y en la frontera Norte de Sur América, desde la parte sur de Méjico hasta Colombia.

Por esta razón, además de la contribución teórica, el libro Coloni­zación y Destrucción de Bosques en Panamá de la Asociación Pana­meña de Antropología, editado por Stanley Heckadon Moreno y Alberto McKay 1982, será muy bien recibido por estudiosos del desarrollo y por los conocedores del tema en mención. El grupo panameño de antropólogos representado en este libro, es un núcleo creativo de profesionales que aceptó el desafío de la investigación aplicada para proporcionar datos que identifiquen un problema y que propongan acciones administrativas y políticas para resolverlas. Los colaboradores de esta obra han estado trabajando tanto en grupo como individualmente en los aspectos sociales, económicos y ecológi­cos de la colonización de los bosques tropicales en las diferentes regiones de Panamá por más de una década. Esta colección trae en l.otal nueve ensayos previamente publicados en periódicos e informes de circulación limitada y además, un ensayo escrito especialmente para este volumen. En conjunto ellos presentan uno de los tratados más completos del proceso de colonización, que se encuentran disponibles en este momento en un solo país.

La teoría de la migración postula tanto los factores de “expul­sión” como los factores de “atracción” de los movimientos de población , pero la mayoría de los estudios sobre la colonización del trópico han puesto poca atención a las condiciones que expulsan o inducen a la gente a emigrar de sus comunidades y han centrado únicamente en el proceso de adaptación de estos emigrantes a las condiciones que les ofrece la nueva comunidad (e.g., Nelson 1973). El libro Colonización y Destrucción de Bosques en Panamá, está definitivamente concentrado en ambos aspectos: el de las condiciones que producen el fenómeno del colono en l.i comunidad de donde emigra y el de las condiciones dentro de las cuales ellos se introducen en las comunidades que los reciben. El resultado es un estudio global a amplio nivel, basado en los análisis detallados de casos específicos a lo largo y ancho de todo el país.

El bosque tropical es muy difícil de desmontar, especialmente para un individuo equipado tan solo de un hacha y un machete. Los antropólogos aprendieron en los trópicos, cuarenta años atrás, (Foster 1942) que los agricultores en barbecho siempre pretieren el acahual (rastrojo) al bosque. Acahual es un término usado en Amé­rica Central para denominar una porción de tierra previamente culti­vada y que se deja baldía de cuatro a cinco años o hasta el punto de­que la semilla y pequeños arbustos crezcan de tres punto cinco a cuatro metros (3.5 a4mts.) en la parcela. Este ciclo de barbecho que consiste en un año de cultivo y de 4 a 5 años de no cultivo, no daña la base del terreno y controla efectivamente la invasión de monte, dos factores importantes que hacen que el cultivo en la América tropical sea cambiante. (Watters 1971; Popenoe 1963; Carneiro 1961). Los agricultores en barbecho establecidos en esta parte del mundo, evitan el bosque si tienen la oportunidad ya que los beneficios que de él pueden sacar, no justifican la inversión; por lo tanto debe haber una fuerza poderosa o un factor de empuje que induzca a la colonización del bosque tropical. Heckadon Moreno explica que desde el punto de vista del colono la decisión de talar el bosque está lejos de ser espontánea puesto que implica el conoci­miento de haber sido desplazado de una tierra que prefería, la movili­zación cuidadosa y planeada a largo plazo, la traslación de recursos económicos y sociales y una laboriosa ejecución oportuna y riesgosa.

Los estudios detallados de Heckadon Moreno, McKay y Camargo sobre la Costa del Pacífico y el interior de las provincias, de donde vienen los colonos, demuestran que la consolidación progresiva de unidades de tierra en extensas crías de ganado es el factor más imper­tan te de empuje en el proceso de migración hacia el bosque tropical en cualquier parte del país. Esto no significa que no haya otros I.u tores que contribuyan a este empuje; la “revolución en la salud pública”, por ejemplo, y su consecuente presión demográfica es en Latinoamérica una de las razones que inducen al desplazamiento de la población desde áreas rurales ya establecidas y es también un fac­tor causal de la migración urbana y de la colonización. Tal presión demográfica ha sido un argumento explicatorio importante en los estudios de crecimiento urbano y la invasión de tierras en los años 60. (Mangin 1970; Usandizaba y Havens 1966; Leeds 1969). Pero como lo anota Davis 1965, los avances en la salud pública en el mun­do en vía de desarrollo, se hallan concentrados en las ciudades, y el hecho de que las áreas urbanas aumenten de población tiene más que ver con las poblaciones urbano— burguesas que con un incremento notorio ocasionado por la migración rural. En resumen, el desplaza­miento de población de las áreas rurales no se debe solamente a la presión demográfica; esta conclusión puede comprobarse en Panamá en el trabajo de Heckadon Moreno y McKay quienes demuestran que el control de la tierra en las lejanas costas del interior por parte de los “neolatifundistas” (Stavenhagen 1975:207) es en gran parte el factor responsable del desplazamiento de los agricultores de sus regiones donde se dedican a la producción mixta tanto agrícola como pecuaria. Estos trabajadores desplazados se transforman poco a poco en colonos que cortan y queman a su antojo los bosques tropicales de la Costa Atlántica de Panamá y de las regiones del Darién.

El libro hace énfasis en la tremenda expansión ganadera a expen­sas del bosque tropical; pero nosotros sabemos que la destrucción de estos bosques se debe también a otras razones. En la cuenca sur del río Papaloapan, el aumento del 164% en el cultivo de la caña de azúcar en los años 1950 a 1970 fue el responsable de la reduc­ción forestal de un 40% a un 13% (Nugent, Partridge, Brown and Rees 1978). Además, la agricultura de monocultivo comercial en general es factor importante en la destrucción del bosque tropical (Ewell and Poleman 1980; Nelson 1973; Forbes Magazine 1979). El denominador común que liga a la expansión de la cría de ganado con la agricultura comercial es la capitalización de la tierra consolida­da. Sin embargo en Panamá y en cualquier parte de los trópicos de América se le da mucha menos importancia a la agricultura en general que a la cría de ganado.

Los ensayos presentados en el volumen objeto de estudio repre­sentan un análisis importante de los procesos sociales y económicos por medio de los cuales se lleva a cabo la consolidación de la tierra en las zonas ya establecidas como también la colonización de las nuevas tierras del bosque tropical y sus interrelaciones. Estos ensayos presentan además un análisis interrelacionado de los factores que inducen hacia estas transformaciones, como también el patrón humano de asentamiento dentro de Panamá. Cada uno de los análisis tiene una significación teórica de los cambios que se llevan a cabo en todo el trópico húmedo de América, y hace énfasis en ello.

El proceso mediante el cual tienen lugar las transformaciones socioeconómicas puede sintetizarse como la reafirmación del antiguo e histórico sistema de colono o préstamo en cuanto al uso de la tierra se refiere. Este sistema se utiliza para facilitar tanto la consolidación de la tierra como su colonización. El sistema de colono es el nombre que se le aplica a la práctica por parte de los criadores de ganado de permitir, alentar e inducir a los agricultores a corto barbecho a que desmonten el bosque para convertirlo en criaderos de ganado, planten cosechas de subsistencia, dediquen una porción de tierra a la renta y luego abandonen la parcela al cultivo de pastos o, en otros casos, sean forzados a dejar descansar la parcela después de varias estaciones de cultivo.

Con el fin de extender los pastos y desmontar el bosque se ha utilizado inclusive el mecanismo legal del reparto colonial, la esclavi­tud, la abolición de la tenencia comunal, la peonada o la costumbre contemporánea de “préstamo” de tierras; pero históricamente el agricultor de corto barbecho siempre ha mantenido y cultivado el pasto en el trópico húmedo. Patino (1965:306;1970:197ff) docu­menta la persistencia del sistema de colono en la América tropical desde tiempos coloniales incluyendo la introducción de pastos africanos por medio de este mecanismo (ver también Parsons 1977). De la Pena (1946) y Attolini (1949) documentan esta misma persis­tencia en la primera mitad del siglo XX en Méjico donde en los años 50 fue de nuevo descrita como el préstamo, o sistema de préstamo de tierra (Winnie 1957: 179); además Trióme (1965) describió tam­bién esta misma persistencia recientemente en Colombia. En efecto en los trópicos bajos de América el cultivo rotativo y el aumento en la cría de ganado están unidos en una simbiosis cultural. La cría de ganado está localizada en las áreas más explotadas por los agricul­tores a corto barbecho quienes mantienen y extienden el cultivo del pasto. La persistencia de este sistema ha sido también encontrada en los bosques mejicanos de Lacondon por Nations (1978: 1982) y en Honduras por Dewalt (1983).

El libro Colonización y Destrucción de Bosques en Panamá ayu­da a clarificar el significado del sistema de colono tradicional en el desarrollo del capitalismo internacional contemporáneo que se opera en el trópico húmedo. Las tierras bajas de la costa Pacífica y las áreas del sudoeste de Colón han sido utilizadas desde el siglo pasado en un sistema de agricultura mixta de cultivo a corto barbecho y una pro­ducción pecuaria en pequeña escala. Con la realización de una serie de proyectos de desarrollo recientes en estas áreas del interior de Panamá, tales como la construcción de caminos de conexión hacia la Carretera Panamericana, la construcción de dos mataderos, y el advenimiento de nuevos mercados de carne en los centros urbanos crecientes de Colón y la ciudad de Panamá, se produjo un cambio en el precio de la tierra y de los productos en el interior del país. McKay descubrió un aumento de cinco veces en el tamaño de las haciendas de ganado en las lejanas tierras costeras de Colón en los años 60 cuando productores en gran escala se movieron hacia estas áreas y compraron pequeñas fincas. Heckadon Moreno analiza el mismo proceso en la costa del Pacífico de las provincias del interior donde los criadores de ganado se expandieron en un 44% entre 1950 y 1970 con la finalización de los caminos ‘a prueba de todo tiempo’ a lo largo de los cuales se localizaron los criadores e hicieron que el valor de la tierra escalara en un 300%. En cada caso la capitali­zación masiva de la tierra ocasionada por el desarrollo dio como resultado la consolidación de la misma. (En forma de paréntesis Barlett (1982: 42) observaba un 1000% de ascenso en Costa Rica y en la parte sur de Méjico una inflación del 500% en los valores de las tierras como resultados de factores similares [Partridere y Brown 1982].)

Con el paso de los años los agricultores de corto barbecho y los productores de ganado en pequeña escala, vendieron sus fincas en el interior de la provincia dando paso a los criadores de ganado de más de 500 hectáreas. Entre 1960 y 1970,1a tierra cultivada decre­ció de unas 6.000 hectáreas a 4.000 hectáreas mientras que el incre­mento en el cultivo de pastos subió de 20.000 a 48.000 hectáreas en un área objeto de estudio. A medida que este proceso continuaba se fue intensificando el sistema tradicional del colono. En conco­mitancia con la consolidación de las grandes unidades de tierra vino la fragmentación de las pequeñas unidades por productor de cosecha o criador de ganado incapaz o no deseoso de vender. El resultado fue la desaparición de suficiente acahual necesario para mantener la estrategia de agricultura mixta y la emergencia o incremento del minifundio y de los trabajadores sin tierra quienes buscan el “alqui­ler” de la misma en las grandes haciendas de ganado. El resultado de esta situación es la emigración masiva hacia los bosques de las costas bajas del Atlántico y del Darién, a medida que los pastos crecen y se reemplazan completamente los bosques secundarios de las pro­vincias del interior.

Muchos de los autores de estos ensayos anotan que el proceso de consolidación y fragmentación en Panamá se ve estimulado por el rápido crecimiento de la demanda interna de carne en contraste con lo que ocurre en términos generales en Centro América en donde el aumento de la producción de carne se ve estimulado por el mercado de Estados Unidos. Centro América exporta a Estados Unidos un 90% de su producción de carne, lo que para Estados Unidos represen­ta un 20% de sus importaciones (West 1977: Morgan 1973), lo cual es consecuencia lógica del descenso en el consumo de carne en los países de América Central en general (Peder n. d.). Parece entonces una paradoja que el consumo interno de carne en Panamá suba, pero también hay que tener en cuenta que existe un gran porcentaje de demanda de carne por parte de no panameños residentes en Colón y en Ciudad de Panamá en las áreas del canal y en las bases militares, lo cual constituye una situación atípica en el resto de Centro América.

Es importante anotar que el factor causal que se encuentra detrás de este proceso dual de eliminación del sistema de agricultura mixto por una parte y el desplazamiento de población hacia el bosque tropical por otra parte, obedece a las estrategias de inversión de los agentes de desarrollo internacional. Estas inversiones son de dos clases desde el punto de vista de los países que las reciben: Los agentes multilaterales tales como el Banco Mundial, el Banco de Desarrollo Interamericano, el Comité de Asistencia para el Desarro­llo (Development Assistance Committee —DAC [2]), la Organización de los Países Exportadores de Petróleo (OPEP) y otras organizaciones que prestan fondos a bancos nacionales de países en vía de desarrollo; muchos de estos préstamos se hacen en forma no concesional, que no implica la obligatoriedad de ser administrados para la promoción del desarrollo y el bienestar de los países en vía de desarrollo. Los agentes privados o las Corporaciones Internacionales que invierten directamente en los intereses del sector privado de los países en vía de desarrollo, incluyendo las curiosas coloraciones del sector cuasi-privado, como la Corporación Latinoamericana de Desarrollo Agro-comercial (Latín American Agribusiness Corporation ([LAAD]) que es un mecanismo legal para canalizar millones de dólares del fondo público a través de la Agencia Internacional de Desarrollo (AID) en corporaciones privadas de Latinoamérica. Entre 1970 y 1980 Panamá se ha encontrado entre el tercero y el séptimo lugar entre los 44 países en vía de desarrollo en cuanto a préstamos estatales y flujo financiero de fuentes multilaterales (UNCTD 1982:290-91; Banco Mundial 1980: 136-37). Durante el mismo período Panamá se ha encontrado entre el segundo y el octavo lugar entre los 44 países en vía de desarrollo en América Latina en cuanto a inversión privada se refiere (UNCTD 1982: 298-299). Por cada caso de inversión en el desarrollo de la industria pecuaria en Panamá y en cualquier país de América Central, se empequeñece el gasto comparable en la in­dustria de la agricultura (Feder n.d.; Spielmann 1977; Nations and Nigh 1978; LAAD 1980, 1981).

Los colonos que se dedican a la tala de bosques vienen del inte­rior de Panamá financiados por préstamos del Banco Nacional de Panamá, por diferentes fuentes de inversión privada, por agentes multilaterales y por la oficina de la reforma agraria del Ministerio de Desarrollo Agropecuario y otras fuentes más. En un artículo singular­mente importante del libro, Joly documenta cómo una serie de programas de préstamo se derivan en última instancia de fuentes internacionales. Ella anota también que el verdadero ímpetu de invasión del colono en las poblaciones costeras ya establecidas en la región aún no se ha perdido: la gente de la costa llama a los colonos prestamistas a causa de su dependencia de los préstamos bancarios para poder establecer ese estilo particular de empresa ganadera como lo es la cría de ganado en el trópico húmedo. El artículo de Joly dirige nuestra atención hacia la conquista cultural que representa esta clase de desarrollo. La costa atlántica en sus tierras bajas ha sido habitada por las subculturas llamadas playeros (hispánico-negro mezclado o descendiente de negro) y también por los naturales o cholos (descendientes de hispano-indígenas) desde los finales del período de la colonia. Ellos representan poblaciones establecidas que practican el cultivo mixto de agricultura que lleva consigo el cultivo de corto barbecho, la cría de ganado en pequeña escala y la especializa-ción en algunas áreas como la pesca y la manufactura. A manera de patrón en toda esta parte de América, estas poblaciones costeras se han concentrado a lo largo de los ríos evitando así el bosque tropical por razones ya mencionadas. Por generaciones han utilizado un área claramente definida por barreras marcadas por el bosque que evitan. Los colonos del interior se mueven a diario hacia los ríos para encontrar nuevas fincas que evolucionen en haciendas ganaderas, una vez que el sistema de colono ha sido utilizado para devastar el bosque y plantar el pasto. Es entonces cuando muchos de los colonos del interior venden sus fincas mejoradas a los criadores de ganado en grande escala consolidando pequeñas unidades, y los colonos se mueven un poco adelante hacia el bosque tropical.

En resumen, los colonos del interior llevan y transmiten el patrón de la cría de ganado en el trópico húmedo. El trabajo de Joly sobre la costa atlántica como también los artículos de Heckadon Moreno, Herrera y Pastor y el trabajo de Hernández sobre el mismo proceso en el área del Darién, demuestran que el Negro, el Hispánico, el Indio y las poblaciones indígenas mezcladas de estas áreas, no solo están bien adaptadas al medio del bosque tropical en un sistema de agricultura no destructiva y una producción pecuaria, sino que también han producido y comerciado por décadas, puerco, ganado, coco, banano, arroz, café y otros renglones más. La población indígena no ha contado con la asistencia del gobierno, en términos de créditos para la agricultura, servicios de salud, educación básica, o construcción de una infraestructura. La aparición de los colonos del interior trae consigo estas iniciativas de parte del gobierno, al tiempo que esta subcultura históricamente dominante ligada a la subcultura predominante de la capital representa una amenaza a las subculturas costeras de las tierras bajas. En el momento en que apare­cen los servicios públicos son ellos quienes ocupan las posiciones lucrativas de poder. A medida que el proceso de colonización madura hacia la fase de consolidación, repitiéndose el proceso de consolida-ción-fragmentación completado ya en el interior, serán desplazados los indígenas, negros, indios, hispánicos y poblaciones mixtas y con ellos el bosque tropical con el cual ellos coexisten. Nosotros estamos presenciando por lo tanto, la conquista cultural del costeño que se dedica al cultivo rotativo, por parte del criador de ganado en el trópico húmedo en Panamá.

Las implicaciones de los datos y los análisis de este volumen para el desarrollo de políticas a tomar son por lo menos dos: Primero, la cría de ganado en el trópico húmedo no se expande en forma ine­xorable para desplazar el sistema de agricultura mixto o destruir el bosque tropical. Hay que reconocer que el ganado está acabando con el bosque (Dewalt 1983), pero es ésta una consecuencia lógica que responde al interés de las estrategias internacionales de desarrollo (Nations and Komer 1982). En Panamá estamos presenciando una especie de política de desarrollo: la capitalización de la (ierra consoli­dada y los patrones de uso de la tierra que despla/.an al trabajador. Esta política de desarrollo es la verdadera culpable de la destrucción del bosque tropical y es por demás carente de sentido. El sistema mixto de agricultura que incluye tanto la cosecha como la produc­ción pecuaria, emplea mayor mano de obra, produce mayores valores de producción por unidad de tierra y da como resultado una distribu­ción más equitativa del ingreso a diferencia de lo que puede dar la cría de ganado en el Irópico húmedo (ILO 1971; World Bank 1980: Nations and Nigh 1978; Parlridge and Brown 1982). Los brasileros dicen, “donde entra el ganado existe el hombre” (Mar^olis 1980: 233). Los americanos hispanohablantes dicen que “donde hay ganado no hay gente” (Patino 1970: I 7). Una estrategia de agricultura mixta intensificada aun después de la capitalización, puede ser manejada muy bien en el trópico húmedo de tal forma que se protejan los recursos ambientales según nos dicen los resultados experimentales de Sánchez y sus colegas (1982).

Segundo: la política corriente de colonización que consiste en la capitalización de los agricultores sin mucha destreza, tiene poco sentido. Como observaron Moran (1979) y Watters (1971) y como lo documenta el libro que aquí revisamos, los colonos de fuera de las regiones del bosque tropical húmedo no conocen los factores de vege­tación ni el clima de este suelo como tampoco el manejo apropiado de las granjas con el fin de proteger la productividad del ambiente. La mayor parte del desastre ecológico que hoy presenciamos, como también muchos de los fracasos económicos originados por este esquema de colonización tropical, se deben a la ignorancia y a la inexperiencia de colonos desplazados de zonas antiguamente estable­cidas y que vienen de afuera. Aquí también las políticas a seguir son claras: capitalizar una clase de desarrollo más racional que favorezca no al forastero sino a la población indígena, que favorezca no a las culturas destructivas criadoras de ganado en el trópico húmedo, sino al productivo sistema de agricultura mixta, más viable ecológica y económicamente; que favorezca a la población local experimentada y adiestrada en el manejo de los recursos tropicales. Los criterios de selección de los colonos en las áreas del bosque tropical y de la adjudica­ción del crédito agrario deberían incluir una experiencia previa en el sistema de agricultura mixta en las tierras bajas del trópico húmedo.

Pocas alternativas nos quedan a menos que sea la de estudiar de cerca e intentar influir en el proceso de colonización en los trópicos de América Latina, puesto que por más de tres décadas la experiencia ha mostrado que el crecimiento en la producción de alimentos se frena por la expansión de las áreas dedicadas al cultivo con tecnología tradicional y a la omisión de la nueva tecnología en las áreas ya culti­vadas (Schuh 1975; Nelson 1973). En otras palabras, los cambios tecnológicos que prometen gran productividad están estrechamente concentrados en Latinoamérica en la exportación agrocomercial, mientras que el aumento del volumen del consumo de alimentos en la población se nutre del cultivo de nuevas tierras que utilizan el sistema tradicional de la agricultura con el riego natural de la lluvia. Bajo estas condiciones económicas mundiales la atención que presta­mos al proceso de colonización y en particular a sus variables cultura­les y étnicas debería constituir un punto clave para el futuro.

En resumen, el libro Colonización y Destrucción de Bosques en Panamá es importante porque les proporciona datos nuevos a los especialistas en desarrollo, complementando los ya existentes, a la vez que sirve para ampliar nuestro conocimiento sobre el proceso de colonización en Panamá. Este libro también ofrece una estructura analítica teóricamente bien acabada para la interpretación de estos datos que será de gran ayuda para los estudiosos en vía de formación. Es también un buen ejemplo de la investigación aplicada, que habilita a profesionales y especialistas para encontrar caminos de solución claramente diferenciados, basándose en sus datos y en su significación teórica.


[1] Agradezco a la señora Cynthia Woodsong, asistente de investigación en el Departamento de Antropología de la Universidad del Estado de Georgia, por su ayuda en la preparación de este comentario y al Dr. MacChapin de la Fundación Interamericana, por la sugerencia de publicar este artículo.

[2] El Comité de Asistencia para el Desarrollo (The Development Assistance Coinmittee-DAC) consiste de los países miembros de I u Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económico (Organization for Ivconomic Cooperation and Development— OECP), que incluye los siguientes países: Australia, Austria, Bélgica, Canadá, Dina­marca, Finlandia, Francia, República Federal de Alemania, Italia, Japón, Holanda, Nueva Zelandia, Noruega, Suecia, Suiza, Reino Unido, y Estados Unidos.

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Ver además: Poblamiento humano y ganadería y su impacto en el paisaje panameño.

Ganadería extensiva destruye bosques de latinoamérica

mapa de deforestacion en Latinoamerica

Mapa de Deforestación en Latinoamérica. Fuente: FAO

La ganadería extensiva destruye los bosques tropicales en Latinoamérica

Las grandes explotaciones invaden la selva, según los mapas de la FAO con las previsiones para 2010

8 de junio de 2005, Roma – El crecimiento de las explotaciones ganaderas es uno de los principales responsables de la destrucción de los bosques tropicales en Latinoamérica, con un daño irreversible para los ecosistemas en la región, según alertó hoy la FAO.

La organización de la ONU hizo público por vez primera un mapa mostrando la expansión de terrenos para uso agrícola y ganadero proyectada para 2010 a costa de la desaparición de la selva tropical virgen.

“La deforestación provocada por las grandes haciendas es una de las principales causas de la pérdida de especies animales y vegetales únicas en los bosques tropicales de Centro y Suramérica, así como de la emisión de carbono a la atmósfera”, aseguró Henning Steinfeld, Jefe de la Subdirección de Información Ganadera y de Análisis y Política del Sector.

FAO/21711/G. Bizzarri

Un granjero conduce su rebaño en Honduras

“Es necesario encontrar con urgencia alternativas a la ganadería extensiva en Latinoamérica. Predecir los cambios del uso del suelo en los trópicos puede ayudar a los responsables políticos a comprender el enorme impacto ambiental de esta tendencia y desarrollar una política conservacionista”, añadió.

La FAO estima que la cubierta forestal en Centroamérica se reducirá en 1,2 millones de hectáreas hasta el año 2010. En ese mismo espacio de tiempo desaparecerán en América del Sur 18 millones de hectáreas de selva. La creciente demanda de proteínas de origen animal es el principal responsable de la expansión de la producción ganadera.

Amenaza a la biodiversidad

La FAO prevé que en 2010 el 62 por ciento de la superficie deforestada en América del Sur se destine a pastos (Centroamérica el 69 por ciento), con una presión especialmente fuerte en Ecuador, Guyana y Venezuela (más del 80 por ciento).

En Centroamérica la ampliación de los pastizales afectará especialmente a la cubierta forestal de Nicaragua y Panamá. En la región noroccidental de Nicaragua y en el centro de Panamá se encuentra el denominado Corredor Biológico Mesoamericano, el tercer espacio en importancia mundial por su biodiversidad, que se encuentra amenazado.

Las previsones de la FAO alertan sobre el peligro existente para algunas especies de árboles, entre ellas la caoba en Ecuador, Perú, Bolivia y Brasil. La deforestación también amenaza los últimos bosques de la región andina, así como los bosques secundarios en el este de Brasil.

Areas protegidas

Tampoco las zonas protegidas se ven libres de peligro. En Centroamérica la FAO prevé una significativa ampliación de los pastizales hacia los bosques de la reserva Maya de la Biosfera, situada en la región del Petén, en Guatemala, afectando la zona del parque nacional Laguna del Tigre.

En América del Sur otros parques se ven amenazados, como el monumento natural Formaciones de Tepuyes en la Amazonía venezolana, así como el parque nacional Sierra de la Macarena en Colombia y la reserva de Cuyabeno en la región noreste de Ecuador.

Promover una agricultura sostenible

Ante esta situación, la FAO recomienda a los países afectados que promuevan prácticas agrícolas que sean sostenibles al tiempo que se incrementa la productividad. La organización de la ONU admite al mismo tiempo que los países latinoamericanos necesitan aumentar su producción agrícola para impulsar su crecimiento económico y la seguridad alimentaria.

El desarrollo de explotaciones agrícolas que promuevan la mejora de los pastos, el cultivo de plantas forrajeras y la plantación de árboles ofrecen mayores beneficios socioeconómicos y oportunidades para la conservación de la biodiversidad, al tiempo que el medio ambiente local y global se beneficia a través de la creación de reservas estables de carbono.


Contacto:
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Mauricio Rosales, experto del Departamento de Montes de la FAO, explica como afrontar el problema de la deforestación y ofrece propuestas para armonizar un desarrollo agrícola sostenible y la conservación de valiosos ecosistemas. (ram)
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