Administración Castro-Reyes es un caso perdido

Respuesta a ‘Pintada de Verde’

14 DE DICIEMBRE. Quisiera dar respuesta a algunas de las interrogantes que plasma Lina Vega en su columna (La Prensa 13/12/2008). Si bien pareciera existir una desconexión entre la reciente resolución que aprueba el EIA de Petaquilla y las declaraciones realizadas por un alto ejecutivo de la empresa, hay que aclarar que no existe tal confusión.

Los ejecutivos de empresas como ésta ya conocen muy bien que la presente administración de la Anam, dirigida por Ligia Castro y hábilmente asesorada en materia legal por Harley Mitchell Morán, ha hecho que nuestra legislación ambiental ya no valga nada. Solo hay que preguntárselo a los ejecutivos de AES que iniciaron los trabajos de construcción de la represa hidroeléctrica Chan 75 (Changuinola I) sin haber presentado sus estudios de reasentamiento poblacional, ni los inventarios de la fauna acuática del río Changuinola (todavía la UNESCO está esperando que le manden las medidas de mitigación para los peces y camarones migratorios).

Anam respondió con una pantomima de proceso administrativo que al final terminó condenando al ladrón no por haber robado y amenazado al dueño de la casa, sino por haber proferido insultos en contra del policía (y eso después de las muchas fotos que se tomaron juntos). Los inversionistas oportunistas que están llegando a Panamá ya saben el modus operandi de nuestro desgobierno y, por eso, no les importan las resoluciones, multas, reconsideraciones y otros artificios legales. Como ambientalistas, debemos cuidarnos de no quedar atrapados en las telarañas que teje la insigne prole del magistrado presidente ni mareados con el vaho alucinante del mercado internacional de créditos de carbono.

La administración Castro-Reyes ya es un caso perdido, y tal vez por eso haya algunos que ahora anden por Europa clavando palas con compañías madereras para ver si se aseguran una chamba para ellos o para su familia después de julio. En vez de perder el tiempo con estos nefastos personajes, propongo que acojamos la sugerencia hecha por Fernando Manfredo hace ya casi un año y que les pidamos a todos los candidatos presidenciales que expongan sus programas ambientales ante las organizaciones de la sociedad civil. ¡Así por lo menos no podrán decir que yo no fui!

Osvaldo Jordán

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Zambrano y Castro nightmare

EL MALCONTENTO

Petaquilla’s nightmare

Paco Gómez Nadal
paco@prensa.com

De algo me ha servido el error. Mi madre me dice: “hijo, no seas tan negativo, no te metas siempre con esos funcionarios”. Algunos lectores reaccionan con emoción cuando un atisbo de esperanza se cuela por las rendijas de mis artículos. Leo en las revistas de las líneas aéreas artículos que estimulan el pensamiento positivo, la buena energía. Y, fíjense, que lo intenté. La semana pasada, animado y dispuesto, escribí desde lo positivo, emocionado ante la “nueva” actitud de la Autoridad Nacional del Ambiente. He aprendido de mi error. Al igual que las personas no cambian fácilmente de ideas o formas, las instituciones alcanzan proporciones paquidérmicas en esto de las mudanzas.

Conclusión: debo pedirle a La Prensa que borre de sus archivos El Malcontento de la pasada semana y a ustedes que me perdonen ese pequeño y tan humano error.

Ligia Castro no me ha decepcionado. Su equipo tampoco. Nos llegó a engañar al multar a Petaquilla por comenzar su tarea de deforestación y destrozo sin el estudio de impacto ambiental (EIA) aprobado. Unos días después, el 26 de noviembre, ella y Bolívar Zambrano estampaban su firma sin pudor en el EIA de Petaquilla aprobándolo sin pudor. Ni siquiera han disimulado, dando un poquito más de tiempo para que nos creyéramos el cuento. Todo es legal, por supuesto. La Anam cumple con la legalidad, pero es tan inmoral que produce arcadas y escalofríos.

El caso de Petaquilla confirma así que los intereses privados siempre ganan en este país, que el Gobierno es una firma mercerizada que da servicios de cobertura legal a los inversionistas sin escrúpulos, que el ya deforestado país que heredamos no tiene vuelta atrás. En Panamá hay un mito sobre la biodiversidad y la riqueza natural del país. Es un mito claramente urbano. Si usted ve un mapa de la cobertura boscosa de nuestro territorio probablemente se le salten las lágrimas. Y por eso, cada atentado contra el medioambiente es especialmente grave porque es morderle un pedazo a este escuálido cake de la naturaleza. En el Amazonas se calcula que cuando el 50% de su masa haya sido diezmada, ya no habrá vuelta atrás para ver esa selva convertida en sabana. Panamá ya pasó hace tiempo ese porcentaje y usted y yo estamos instalados en el cemento hablando de un país verde inexistente y con proyectos como Petaquilla que certifican la defunción. ¿Cómo pueden dormir los funcionarios de la Anam? ¿Cómo pueden seguir hablándole a sus hijos sin sentir vergüenza? Es evidente que la laxitud moral de nuestro tiempo postmoderno anidó bien en instituciones como esta.

Lo que se ha permitido, y se permite cada día, en Panamá provoca luego los eufemísticamente llamados “desastres naturales”. Si se dan cuenta en Darién llueve igual o más de lo que lo ha hecho ahora en Bocas, en Chiriquí o en Colón, pero no se ha producido ningún desastre natural. Todavía queda allá cobertura boscosa, y cuencas hidrográficas sostenibles (como lo es la naturaleza no intervenida). Las terribles consecuencias de las lluvias de estos días no son un “desastre natural”, sino la herencia de unos ríos intervenidos, de unos bosques diezmados y de un ordenamiento territorial basado en el caos.

Ahora, el mismo Estado que no ha ejercido sus funciones a cabalidad, le pide a los ciudadanos que sean solidarios con los damnificados, que lleven bolsitas de arroz a los centros de acopio. ¿No es ese su papel? ¿No deberían servir nuestros impuestos para esto? No, mientras estos días veía en medio de la noche trabajar en la cinta costera con la maquinaria más moderna, me imaginaba las tortuosas labores en las zonas inundadas, sin medios suficientes, apelando al voluntarismo y al patriotismo de funcionarios y ciudadanos. La solución es poner a Ligia Castro al frente del operativo, con un poco de suerte podría comprobar de primera mano las consecuencias de los proyectos cuyos EIA ella ha aprobado sin dudarlo.

[C. encuentra una declaración de 1987 de la Conferencia Mundial para el Medioambiente en la que se define la sostenibilidad como “el desarrollo que satisface las necesidades de la generación actual sin comprometer la capacidad de las generaciones futuras para satisfacer sus propias necesidades”. Nada parecido a la realidad, un cuentito de ciencia ficción].