Mensaje del Director General de la FAO sobre el tema del Día Mundial de la alimentación 2008

Mensaje del Director General

Mensaje del Director General de la FAO sobre el tema del Día Mundial de la alimentación/TeleFood 2008:
“Seguridad Alimentaria Mundial: los Desafíos del Cambio Climático y la Bioenergía”

Del 3 al 5 de junio de 2008 se reunieron en Roma los delegados de 181 países (entre ellos 43 Jefes de Estado y de Gobierno y más de 100 ministros) para participar en la Conferencia de Alto Nivel sobre la Seguridad Alimentaria Mundial. Más de 5 000 personas asistieron a dicha reunión, que situó la crisis alimentaria en primer plano del debate sobre el desarrollo mundial. La Conferencia reafirmó la necesidad de producir más y, por tanto, de invertir más en la agricultura. En efecto, se trata de hacer frente a la creciente demanda de alimentos provocada por el incremento demográfico, el progreso económico de los países emergentes y la competencia en el sector de la bioenergía, en un período en el que tanto el cambio climático como la reducción de las existencias afectan a la oferta.

El tema del Día Mundial de la Alimentación de este año es “Seguridad Alimentaria Mundial: los Desafíos del Cambio Climático y la Bioenergía” y ofrece una oportunidad de promover las conclusiones de la Conferencia de Alto Nivel y poderlas aplicar lo antes posible.

El cambio climático tiene consecuencias para todos, pero las regiones más pobres ya están siendo sus primeras víctimas. Lo más probable es que la situación empeore en las próximas décadas. La peor parte corresponderá a los centenares de millones de personas vulnerables que padecen inseguridad alimentaria: los pequeños productores agrícolas y forestales, ganaderos y pescadores. La evolución de la temperatura y las precipitaciones, así como la mayor frecuencia de los fenómenos meteorológicos extremos, seguramente darán lugar a reducciones de la producción agropecuaria, con las consiguientes repercusiones negativas sobre el acceso a los alimentos.

Así pues, es posible que el cambio climático suponga una intensificación de los flujos migratorios hacia los países más ricos si la elevación del nivel de los océanos obliga a las numerosas comunidades de las zonas costeras y de los deltas fluviales a desplazarse hacia zonas más elevadas. Estos riesgos deben tenerse en cuenta desde ahora. Y, por consiguiente, el análisis de la seguridad alimentaria debe situarse en un contexto completamente nuevo.

El vertiginoso aumento de los precios de los productos alimentarios y de la energía en los tres últimos años ha hecho crecer, hasta el final de 2007, en 75 millones el número de personas que padecen hambre. Esta crisis se debe a la disminución de las inversiones agrícolas en los países más pobres en los 30 últimos años. La parte correspondiente a la agricultura en la ayuda pública al desarrollo ha pasado del 17 % en 1980 al 3 % en 2006. Las instituciones financieras han reducido drásticamente su contribución a la agricultura. Es necesario invertir rápidamente esta tendencia y recuperar el nivel inicial. Además, es necesario crear marcos que permitan un crecimiento masivo de las inversiones extranjeras directas en favor de la agricultura en los países de bajos ingresos y con déficit de alimentos. Unas asociaciones equitativas entre los países que disponen de tierra, agua y mano de obra y los países que poseen recursos financieros, capacidad de gestión y mercados adecuados podrían constituir una base sólida para una agricultura sostenible. Ésta tiene que ser capaz de doblar la producción de alimentos para 2050, cuando la población del planeta, hoy de 6 000 millones, alcance los 9 000 millones. Sólo así será posible movilizar los fondos necesarios para renovar la agricultura, que el Grupo de trabajo de alto nivel sobre la crisis alimentaria mundial estima en unos 30 000 millones de dólares anuales.

En este Día Mundial de la Alimentación 2008 les invito a divulgar la Declaración de la Conferencia de Alto Nivel sobre la Seguridad Alimentaria Mundial y a movilizar a todas las partes interesadas para proceder a su aplicación: gobiernos, instituciones internacionales, organizaciones agrícolas profesionales, sociedad civil y sector privado. Es el momento de actuar. Ahora más que nunca, el futuro del planeta depende de nuestra capacidad para sostener el desarrollo de la agricultura en los países más pobres.

Dr. Jacques Diouf,
Director General de la
Organización de las Naciones Unidas para la Agricultura y la Alimentación (FAO)

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Día Mundial de la Alimentación, 16 de octubre de 2008

La Seguridad Alimentaria Mundial: los Desafíos del Cambio Climático y la Bioenergía

El Día Mundial de la Alimentación nos brinda la oportunidad de poner de relieve una vez más el flagelo que afecta a 923 millones de personas subnutridas del mundo. La mayoría de ellas vive en las zonas rurales, y el sector agrícola es su principal fuente de ingresos. Los progresos hacia la consecución del objetivo de la Cumbre Mundial sobre la Alimentación de reducir su número a la mitad para el año 2015 se han estancado ya. El calentamiento del planeta y el auge de los biocombustibles están amenazando ahora con aumentar incluso el número de personas hambrientas en los próximos decenios.

La seguridad alimentaria en Panamá no existe

AGRICULTURA. Autoridades agropecuarias tienen otra opinión

Pérdidas atentan contra la seguridad alimentaria

“Las importaciones y la especulación de los intermediarios nos están acabando y nadie hace nada”, aseguran los agricultores de las tierras altas de la provincia de Chiriquí y de la región de Azuero

Maria De Gracia

PA-DIGITAL

Pérdidas. Un trabajador mira con tristeza los repollos perdidos en una plantación en Cerro Punta, en Chiriquí.

En los campos panameños la falta de apoyo es evidente. Allá, muchos productores han decidido vender sus propiedades al mejor postor, rompiendo así con la tradición familiar de apego a la naturaleza, mientras que otros insisten en seguir haciendo brotar alimentos de la tierra.

Ya sea en la productiva región de la provincia de Chiriquí o en las áridas tierras de Azuero, la situación no es muy distante.

“Las importaciones y la especulación de los intermediarios nos están acabando y nadie hace nada”, dice con palabras mojadas por la impotencia, Tomás Atencio, un otrora próspero productor de las tierras altas chiricanas.

Y es que solo durante la pasada cosecha Atencio perdió más de 10 mil dólares en una siembra de cebolla para la cual no encontró mercado.

El bulbo se perdió en el campo, y a Atencio solo le quedó llorar por el vapor que despedía el fruto de su frustrado trabajo.

Bastante distante de las parcelas de Atencio está Héctor Ortega, un productor del valle de Tonosí, en la provincia de Los Santos, quien, según dice, hace unos años se dejó llevar por los cantos de sirenas que afirmaban que la agroexportación era la panacea del sector.

“Todo fue mentira”, afirma hoy, al tiempo que cierra el puño de su mano derecha.

Recuerda que entre los que impulsaban esta iniciativa estaba el actual ministro de Desarrollo Agropecuario, Guillermo Salazar.

Pero ahora Salazar tiene otra postura. En un reciente foro sobre seguridad alimentaria, sostuvo que el Gobierno tiene el deseo de apoyar el crecimiento de la producción de arroz, maíz, frijol, carne y leche “para que disminuyan los efectos de los productos importados y se pueda apoyar la producción nacional”.

El pronunciamiento que hoy hará el presidente Torrijos en la provincia de Los Santos, reveló, “estará dirigido a incentivar la producción nacional y un apoyo sostenible a los productores del país”.

Datos.
La producción anual de papas en Panamá es de unas 27 mil toneladas.

Las importaciones de papas procesada suman las 10 mil toneladas al año.

La producción local de cebolla oscila entre 45 mil a 50 mil quintales al mes.

La cosecha de cebolla en 2006-2007 alcanzó los 678,808 quintales, los productores aseguran que de no existir incentivos la producción caerá.

Agroexportación.
La agroexportación, que en el 2000 se le vendió a los productores como la mejor alternativa para salir adelante, hoy presenta otra cara, según cifras oficiales

Durante el período enero-marzo del 2008 comparado con su similar del 2007, la exportación de melón registró una baja en su valor de 13,7% y su peso en 18,4%.

Igualmente, la piña redujo su valor exportado en 17,1% y su peso en 14,4%. En cuanto a la sandía, su valor exportado mermó en 0,2%.

Por otro lado, se observaron bajas en la exportación de carne de ganado bovino de 17,7% en su valor y 17% en su peso; igual comportamiento lo reflejó el ganado vacuno en pie, en 97,4% en valor y 90.0% en volumen.

Nuestra seguridad alimentaria

AYUDA PARA EL AGRO.

Nuestra seguridad alimentaria

Juan Nuques
opinion@prensa.com

Los países que tienen su seguridad alimentaria organizada han decidido no vender más alimentos a otros para evitar la escasez y, por consiguiente, el encarecimiento de esos productos a su población. Ese no es el caso en nuestro querido Panamá, en donde la seguridad alimentaria no está organizada y ni siquiera se habla de ella entre quienes consultan para promulgar nuevas leyes que beneficien a los habitantes.

Pareciera que nosotros no tenemos necesidad de ser organizados para producir alimentos, porque de un plumazo se autoriza la compra e introducción de granos básicos con nombres sugestivos que los haga atractivos al consumidor. Quiero decirle a los encargados de promoción que es el hambre imperante entre los panameños, la que abarrota las ferias libres. No es necesario promocionar los productos que allí se ofertan, simplemente hay hambre y no tenemos producción nacional a bajos costos, para suplir las necesidades del pueblo.

Como panameño y productor del campo siento vergüenza de esa solución tan falaz para erradicar el hambre. Tener que importar arroz y demás alimentos, que podemos producir aquí, es aceptar que somos mediocres e incompetentes. Hago la salvedad de que los hombres del campo no nos sentimos así. Culpo de ello a la política agropecuaria, que no es discutida como un asunto de Estado por los señores de turno.

Cómo es posible que al productor se le dupliquen los costos, sin que las autoridades estatales den pasos en firme para normalizar esa situación, más cuando lo que está en juego es la capacidad de producir nuestro alimento y saciar el hambre del panameño común.

Es tiempo de que se elimine la exoneración de impuestos a ciertos grupos y que se cobren esos dineros para ponerlos a trabajar a favor de la seguridad alimentaria del país.

Esta situación no la resolverá ningún candidato ni partido político tradicional, sino quienes realmente piensen en el país y en su capacidad de producir alimentos de forma eficaz, así como en la necesidad de establecer una cadena nacional de comercialización directa para evitar el encarecimiento excesivo de los productos una vez llegan a los centro de expendio (supermercados).

Es insólito pensar que Panamá se puede convertir en un país exportador, de la noche a la mañana, como se lee en los medios de comunicación escrita; o que Bocas del Toro suplirá de arroz en grandes cantidades al resto del país, porque sus tierras y clima lo permiten, pudiera ser cierto pero ¿quién y cómo lo producirán y a qué costo?

Ningún país del mundo que no produzca lo suficiente para alimentar a su población puede lograr la independencia económica, porque siempre tendrá fugas de divisas y, por muchas inversiones en la construcción, banca y servicios que reflejen excedentes, hoy la realidad del país es que sus ciudadanos carecen de alimentos.

El autor es ingeniero zootecnista

Etnoinflación y seguridad alimentaria

Entrevista

Creciente ‘etanoinflación’

La realidad es que Panamá, como casi todos los países del mundo, no ha escapado de los efectos derivados de los inusitados incrementos en los productos terminados, materias primas e insumos utilizados en la producción de alimentos. Para citar solamente un par de casos, el maíz y la soya que se utilizan en la avicultura y demás actividades pecuarias han sufrido incrementos en sus precios en comparación con el promedio del año anterior por el orden del 102% y 89%, respectivamente”. Luis Castroverde B. / mf@prensa.com

Desde hace muchos años algunos estudiosos y expertos han estado vaticinando el riesgo de que la humanidad tenga que enfrentarse en un futuro no tan lejano a una gran hambruna. La advertencia se hizo bajo la premisa de que la producción de alimentos no está creciendo al mismo ritmo en que se incrementan las necesidades que, en ese orden, tiene la población mundial.

Aunque afortunadamente estas advertencias no se han cumplido hasta la fecha con todo su rigor, tales predicciones parecieran cobrar nuevamente vigencia ante las políticas que vienen impulsando las grandes economías, principalmente Estados Unidos, que promueve e incentiva la utilización cada vez mayor de cultivos como el maíz para la elaboración de biocombustibles en lugar de su empleo en la producción de alimentos.

Tal es la situación que de acuerdo al nuevo proyecto de ley de energía firmado recientemente por el Gobierno estadounidense, los requerimientos de combustible renovable basados en la utilización de grano deberán alcanzar para el año 2022 un mínimo de 15 billones de galones de etanol, que, de acuerdo a los niveles de producción actual, demandarán la utilización de aproximadamente el 41% de la producción total de maíz de Estados Unidos que a su vez representa el 40% de la producción y el 70% de las exportaciones mundiales de este grano.

Esta tendencia marcada y constante que se viene observando en el crecimiento de la demanda bioenergética, sumado al aumento del consumo por parte de economías emergentes como China e India, las afectaciones por

desórdenes climatológicos como los ocurridos en Nueva Zelanda y Australia y los incrementos en los precios del petróleo están produciendo una escalada en los precios de los productos alimenticios básicos que en el año 2007 alcanzaron un aumento promedio del 13% a nivel mundial y que no tiene ningún viso de mejoría a corto plazo.

Realidad mundial

En este preocupante y cada vez más complicado escenario, vemos cómo productos como el maíz han alcanzado su precio histórico más alto en los últimos 12 años, la soya y el trigo se cotizan a precios récord y un producto tan consumido en Panamá como lo es el arroz ha visto duplicar su precio en el mercado internacional en el último año. Para países pobres, el aumento en los precios de los productos de primera necesidad se traduce en una mayor inflación, ya que los alimentos tienen un peso mucho mayor en el gasto de consumo de la población.

Para Panamá lo mismo que para nuestros gobernantes y la sociedad, esta situación nos enfrenta a un nuevo reto en la lucha que todos debemos estar comprometidos a librar en contra de uno de nuestros principales problemas sociales, como es el combate a la pobreza y todas sus secuelas, entre ellas el hambre y la malnutrición.

La realidad es que Panamá no ha escapado de los efectos derivados de los inusitados incrementos en los productos terminados, materias primas e insumos utilizados en la producción de alimentos. Para citar solamente un par de casos, el maíz y la soya que se utilizan en la avicultura y demás actividades pecuarias han sufrido incrementos en sus precios en comparación con el promedio del año anterior por el orden del 102% y 89%, respectivamente. Fácilmente a la avicultura y a la porcicultura panameñas estos aumentos le están significando más de 50 millones de sobre costos en un año.

Pero si bien esta situación representa una mayor vulnerabilidad para un número importante de panameños que viven en situación de pobreza (20.5%) y de extrema pobreza (16.7%), también representa la oportunidad de que, así como después de casi cien años dejamos de vivir de espaldas al mar, también dejemos de vivir a espaldas del campo, como ha estado ocurriendo en los últimos años ante la falta de consistencia en las políticas y estrategias que han venido orientando al sector agropecuario panameño.

Después de que por muchos años el sector productivo agropecuario se debatió frente a los argumentos convenientemente sesgados de sus detractores oficiosos, que siempre se esforzaron por hacer prevalecer la idea de que lo más conveniente para el país era depender de las importaciones de los productos alimenticios, so pretexto de que resultaba más barato adquirirlos en el mercado internacional, la realidad de hoy deja muy pocas dudas de que nuestros países deben evolucionar hacia la adopción de una política de seguridad alimentaria cónsona con el postulado de que la comida más cara es la que no producimos.

Las iniciativas que se adelanten en esta dirección, no solamente deben estar enfocadas en resolver los problemas recurrentes del agro panameño, sino también que los estímulos e incentivos a la producción que actualmente están muy orientados a promover las exportaciones, igualmente alcancen a los productores que se dedican a abastecer el mercado nacional, pero más importante aún que esos productores en cada una de sus escalas puedan integrarse de manera efectiva en la cadena de comercialización para que los beneficios de las eficiencias que se generen en la producción lleguen con la menor distorsión posible a nuestros consumidores.

En conclusión, alertamos de la necesidad de que, así como tuvimos una visión y compromiso de país con respecto al funcionamiento, desarrollo y explotación de nuestro principal activo, el Canal de Panamá, también tengamos la capacidad de unirnos alrededor de un compromiso nacional que permita la adopción de una política de estado que garantice que nuestros productores puedan abastecer el mercado nacional de alimentos de primera necesidad en forma sostenida, competitiva y eficiente.

  • El autor es Presidente de la Asociación Nacional de Avicultores de Panamá.

Arca de Noé guardará semillas para el fin del mundo

Bóveda ártica para el fin del mundo

BBC Mundo Ciencia


En un remoto lugar cerca del Polo Norte, se ha colocado la primera piedra de la construcción de un curioso lugar.

Svalbard (Fondo Global de Diversidad de Cosechas)

La bóveda ártica será construida dentro de la montaña congelada.

Es una bóveda diseñada para guardar, en caso de una catástrofe, una enorme colección de todas las variedades de semillas conocidas por el hombre.

Se espera que, eventualmente, la “bóveda del juicio final” contenga unos tres millones de muestras de semillas procedentes de todo el mundo.

Quedarán almacenadas en las profundidades de una montaña ártica, empaquetadas en aluminio, rodeadas por muros de un metro de ancho, reforzados de concreto y puertas blindadas.

Más de 100 países han apoyado el proyecto de la bóveda ártica que, se espera, salvaguarde la diversidad de cosechas del planeta en caso de una catástrofe global.

El proyecto se construye en una de las remotas islas Svalbard al norte de Noruega, a unos 1.000 kilómetros del Polo Norte.

“Arca de Noé”

Esta es la primera vez que se diseña un proyecto internacional de este tipo, con el propósito de conservar parte de la biodiversidad del mundo.

La instalación quedará protegida con puertas herméticas de acero, detectores de movimiento y los osos polares nativos que pasean en el exterior.

Svalbard (Fondo Global de Diversidad de Cosechas)

Svalbard es una región de osos polares.

Según sus diseñadores, esta bóveda será el edificio más seguro de este tipo que se construya en el mundo.

El ministro de agricultura de Noruega, Terje Riis-Johansen la ha llamado, “un Arca de Noé en Svalbard”.

El propósito de la bóveda, dicen sus creadores, es asegurar la supervivencia de la diversidad de cosechas del mundo en caso de una epidemia de plantas, guerra nuclear, desastre natural o cambio climático.

También intenta ofrecer al mundo la posibilidad de volver a comenzar el cultivo de cosechas alimenticias que en caso de un desastre fueran destruidas.

Con temperaturas de menos 18º Centígrados, las semillas podrían durar cientos o incluso miles de años.

Incluso si todos los sistemas de refrigeración fallaran, dicen los científicos, la temperatura en la montaña nunca superaría la temperatura de congelamiento debido al permafrost, la capa de hielo perpetua de la región.

La bóveda será administrada por el Fondo Global de Diversidad de Cosechas, fundado en 2004.

Fundamento biológico

Según su director, Cary Fowler, el Fondo comenzará a aceptar semillas procedentes de todo el mundo en septiembre de 2007, hasta juntar unos tres millones de muestras.

Estas muestras son el fundamento biológico de la agricultura. Sin ellas no podremos tener nuevas cosechas tras un desastre o lograr que las cosechas actuales se adapten a las enfermedades o al cambio climático
Cary Fowler, Fondo Global de Diversidad de Cosehcas

Esta instalación ofrecerá un medio práctico de restablecer cosechas eliminadas tras algún gran desastre”, dijo Fowler.

Según el funcionario, la diversidad de cosechas también podría verse amenazada “por accidentes, malos manejos, y presupuestos mal planeados”.

Actualmente existen unos 1.400 bancos de semillas nacionales en varios países del mundo que contienen muestras de los cultivos de cada país.

Pero estos bancos, dicen los expertos, pueden quedar arruinados tras un desastre natural, una guerra o simplemente por falta de dinero del país involucrado.

Según la Organización de las Naciones Unidas para la Agricultura y la Alimentación (FAO), un 75% de la diversidad genética de los cultivos agrícolas ya se ha perdido.

“Es por eso -dice Cary Fowler- que es importante guardar para el futuro estas muestras ya que son el fundamento biológico de la agricultura”.

“Sin ellas no podremos tener nuevas cosechas tras un desastre o lograr que las cosechas actuales se adapten a las enfermedades o al cambio climático”, concluye.

El hambre y los biocombustibles

El hambre y los biocombustibles

 
Los biocombustibles pueden desatar el hambre en el mundo y Panamá no escapa de esta catástrofe. Los pronósticos hablan de un cambio radical en la producción de materia prima alrededor del mundo”.
 
Eduardo L. Lamphrey R.
mf@prensa.com

 

BLOOMBERG

La proliferación de los biocombustibles puede tener un grave impacto en la producción de alimentos, lo que puede incrementar aún más las alarmantes cifras de hambrientos, según alerta un informe elaborado por la Organización de las Naciones Unidas (ONU).

La rápida idea de convertir comida -como maíz, trigo, azúcar o palma en combustible es una receta para el desastre, señala el informe de la relatoría sobre el derecho a la alimentación de la ONU, que será presentado ante la Asamblea General el próximo 24 de octubre. Por ello, aunque el relator aplaude la producción de biocarburante como un método efectivo para limitar el cambio climático, al mismo tiempo considera “inaceptable” que ponga en peligro el derecho a la alimentación humana.

Para el futuro, se estima que para elevar el uso de biocarburantes Europa tendría que dedicar el 70% de su producción agrícola y Estados Unidos toda su cosecha de maíz y soja. Por tanto, los países industrializados están muy interesados en que sean las naciones del sur las que produzcan biocombustibles para que ellos puedan alcanzar sus objetivos. Estados Unidos debe pasar de producir 20 mil 400 millones de litros de etanol de maíz a 132 mil 400 millones en solo 10 años.

Esto supone, además de expandir la superficie cultivada de maíz, soja y caña de azúcar, invertir en investigación para aumentar la productividad, crear granos genéticamente modificados para producir etanol, crear infraestructuras para la comercialización como los “alcoholductos” con el objetivo de crear un mercado de commodities energéticas. Para cumplir estos objetivos, Brasil debe pasar de los 4 mil millones de galones de etanol que exporta actualmente a 35 mil millones en 2017. Se construirán 77 usinas de etanol antes de 2012, con una inversión de 2 mil 500 millones de dólares. En los próximos años, Brasil impulsará en los países vecinos los cultivos extensivos, la construcción de usinas, ductos y redes de transporte financiados con los abultados fondos con los que cuenta el Banco Nacional de Desarrollo Económico y Social (BNDES).

Tenemos 80 millones de hectáreas en la Amazonia que van a transformarse en la Arabia Saudí del biodiésel, afirmó el ingeniero químico brasileño Expedito Parente, quien es propietario de la primera patente registrada en el mundo para producir biodiésel a nivel industrial. Definitivamente la alianza Estados Unidos-Brasil puede jugar un papel destacado para estimular la producción de etanol en América Central y el Caribe, donde ya existen importantes cultivos de caña, en asociación con capitales privados.

La energía puede ser un factor de competitividad y desarrollo para América Latina, en un mundo en que la futura escasez de petróleo ya elevó los parámetros de costos energéticos y los biocombustibles aparecen como una alternativa económica. En ese sentido, Guatemala, Perú y Colombia, grandes cultivadores de caña de azúcar en la región, podrían beneficiarse del boom en la demanda de etanol. Los tres, considerados productores muy eficientes, extraen más azúcar por hectárea que Brasil, cuyos productores a su turno son ocho veces más eficientes que los productores estadounidenses de etanol de maíz. Colombia también, como el quinto principal exportador de aceite de palma, podría convertirse en fuente de biodiésel.

En América Central y el Caribe, Guatemala, El Salvador y Costa Rica son considerados los países más preparados para recibir inversiones y expandir la industria de biocombustibles.

Otros países con potencial son Honduras, Panamá y Nicaragua, que están un poco menos avanzados en infraestructura y legislación adecuada. En el Caribe, Jamaica tiene un rol importante en el mercado de etanol y República Dominicana y Granada muestran potencial. La ONU identificó potencial para biodiésel en Haití.

Para el caso Panamá, se sabe que un grupo de inversionistas brasileños está interesado en desarrollar la producción de etanol, utilizando como materia prima la caña de azúcar. El proyecto intentará poner en producción 70 mil nuevas hectáreas de caña. El proyecto contempla la producción de etanol para el mercado interno y para la exportación, aprovechando los buenos precios que se ofrecen por este combustible.

El precio del maíz en el mercado internacional mantiene una tendencia alcista, situación que se refleja en Panamá, y los expertos prevén que esta situación irregular en el mercado se mantenga hasta el 2015. Una de las razones de este abrupto incremento obedece a la decisión de Estados Unidos de utilizar el maíz para la producción de etanol. Los panameños consumen unos 600 mil quintales de maíz al año, pero para la alimentación de los animales se utilizan 7 millones de quintales. El maíz ahora tiene un tercer uso que es la elaboración de etanol, lo que ha registrado algún nivel de desabastecimiento en el mercado internacional.

Como consecuencia del aumento de los granos y sus derivados, Colombia, España, México, Guatemala, Uruguay, República Dominicana, Estados Unidos, Inglaterra, Chile, Costa Rica, Bolivia, Panamá, entre otros, han sufrido el encarecimiento del pan, la arepa, las empanadas y las tortillas. También la oleada de incrementos está golpeando a los productores de carne, puerco, pollo y huevos que utilizan maíz para alimentar a estos animales. “Tenemos capacidad considerable para la plantación de caña de azúcar (materia prima para producir etanol) y de palma aceitera (para biodiésel), y está a estudio un proyecto de ley para incentivar la contrucción de usinas de etanol”, afirma el presidente Torrijos.

Así mismo, Panamá hará obligatoria la mezcla de 10% de etanol en la gasolina que se consume en el país, que suma 160 millones de galones anuales. El Gobierno panameño también apuesta a su potencial logístico, como base de exportaciones hacia mercados asiáticos y Estados Unidos. En Panamá, a pesar de que no se comercializan biocombustibles, el maíz aumentó en el último mes de 2.30 dólares por quintal (45 kilogramos), un alza de 13% respecto al mes pasado.

BLOOMBERG

La producción de etanol en Panamá utilizando caña de azúcar alcanzaría un rendimiento de mil galones por hectárea, en otros países la producción supera las mil 500 toneladas por cada hectárea, además de que el costo por galón sería de 1.60 dólar, muy por encima del que presenta Brasil de 0.70 centésimos.

A pesar de las dudas sobre una producción rentable y eficaz en el país, sugerida por un estudio encomendado por el Gobierno a la firma Intracorp, dueños de los cuatro ingenios azucareros ya fueron a Brasil a conocer el proceso y pidieron ofertas de plantas.

Según cifras de la industria, en Panamá se siembran 26 mil hectáreas de caña y para producir etanol sería necesario añadir otras 15 mil, pero todavía se discute si la productividad es baja. No obstante, aunque el costo de una destilería de 250 mil litros diarios es de 20 millones de dólares y se corre el riesgo de que para alimentar a los autos falte azúcar, los empresarios panameños parecen embriagados por la idea de vender etanol a Estados Unidos.

El auge del etanol, sumado al inestable precio del petróleo ha motivado un encarecimiento de los alimentos en el mundo, y Panamá no escapa a esta situación. Solo en el mes de agosto incrementaron sus costos al consumidor el arroz, el queso amarillo, el aceite vegetal y la leche grado A. Otro rubro que experimentó alza fue la carne, con un incremento de 0.15 centésimos la libra. Pero la situación es aún más delicada para los panaderos y pasteleros, quienes anunciaron que en los próximos días solicitarán un aumento del 10% en los precios del pan, ya que las ganancias se han reducido en un 50% en comparación al año pasado.

Definitivamente, no solo la Organización Estados Americanos (OEA) y todos sus países miembros tienen que estar vigilantes, no podemos permitir que para garantizar la producción de biocombustibles se vaya a atentar contra la producción de alimentos, y menos aun destinar los suelos americanos para producir etanol en vez de producir alimentos, ya que esto puede poner en riesgo el futuro de nuestras sociedades. El panorama mundial hace prever a los expertos que el precio de la comida continuará aumentando, debido al crecimiento económico , el aumento de la producción de etanol y la inestabilidad del mercado petrolero.

  • El autor es economista.
  • Publicado en Martes Financiero,9 de octubre de 2007–La Prensa