Arca de Noé guardará semillas para el fin del mundo

Bóveda ártica para el fin del mundo

BBC Mundo Ciencia


En un remoto lugar cerca del Polo Norte, se ha colocado la primera piedra de la construcción de un curioso lugar.

Svalbard (Fondo Global de Diversidad de Cosechas)

La bóveda ártica será construida dentro de la montaña congelada.

Es una bóveda diseñada para guardar, en caso de una catástrofe, una enorme colección de todas las variedades de semillas conocidas por el hombre.

Se espera que, eventualmente, la “bóveda del juicio final” contenga unos tres millones de muestras de semillas procedentes de todo el mundo.

Quedarán almacenadas en las profundidades de una montaña ártica, empaquetadas en aluminio, rodeadas por muros de un metro de ancho, reforzados de concreto y puertas blindadas.

Más de 100 países han apoyado el proyecto de la bóveda ártica que, se espera, salvaguarde la diversidad de cosechas del planeta en caso de una catástrofe global.

El proyecto se construye en una de las remotas islas Svalbard al norte de Noruega, a unos 1.000 kilómetros del Polo Norte.

“Arca de Noé”

Esta es la primera vez que se diseña un proyecto internacional de este tipo, con el propósito de conservar parte de la biodiversidad del mundo.

La instalación quedará protegida con puertas herméticas de acero, detectores de movimiento y los osos polares nativos que pasean en el exterior.

Svalbard (Fondo Global de Diversidad de Cosechas)

Svalbard es una región de osos polares.

Según sus diseñadores, esta bóveda será el edificio más seguro de este tipo que se construya en el mundo.

El ministro de agricultura de Noruega, Terje Riis-Johansen la ha llamado, “un Arca de Noé en Svalbard”.

El propósito de la bóveda, dicen sus creadores, es asegurar la supervivencia de la diversidad de cosechas del mundo en caso de una epidemia de plantas, guerra nuclear, desastre natural o cambio climático.

También intenta ofrecer al mundo la posibilidad de volver a comenzar el cultivo de cosechas alimenticias que en caso de un desastre fueran destruidas.

Con temperaturas de menos 18º Centígrados, las semillas podrían durar cientos o incluso miles de años.

Incluso si todos los sistemas de refrigeración fallaran, dicen los científicos, la temperatura en la montaña nunca superaría la temperatura de congelamiento debido al permafrost, la capa de hielo perpetua de la región.

La bóveda será administrada por el Fondo Global de Diversidad de Cosechas, fundado en 2004.

Fundamento biológico

Según su director, Cary Fowler, el Fondo comenzará a aceptar semillas procedentes de todo el mundo en septiembre de 2007, hasta juntar unos tres millones de muestras.

Estas muestras son el fundamento biológico de la agricultura. Sin ellas no podremos tener nuevas cosechas tras un desastre o lograr que las cosechas actuales se adapten a las enfermedades o al cambio climático
Cary Fowler, Fondo Global de Diversidad de Cosehcas

Esta instalación ofrecerá un medio práctico de restablecer cosechas eliminadas tras algún gran desastre”, dijo Fowler.

Según el funcionario, la diversidad de cosechas también podría verse amenazada “por accidentes, malos manejos, y presupuestos mal planeados”.

Actualmente existen unos 1.400 bancos de semillas nacionales en varios países del mundo que contienen muestras de los cultivos de cada país.

Pero estos bancos, dicen los expertos, pueden quedar arruinados tras un desastre natural, una guerra o simplemente por falta de dinero del país involucrado.

Según la Organización de las Naciones Unidas para la Agricultura y la Alimentación (FAO), un 75% de la diversidad genética de los cultivos agrícolas ya se ha perdido.

“Es por eso -dice Cary Fowler- que es importante guardar para el futuro estas muestras ya que son el fundamento biológico de la agricultura”.

“Sin ellas no podremos tener nuevas cosechas tras un desastre o lograr que las cosechas actuales se adapten a las enfermedades o al cambio climático”, concluye.

El hambre y los biocombustibles

El hambre y los biocombustibles

 
Los biocombustibles pueden desatar el hambre en el mundo y Panamá no escapa de esta catástrofe. Los pronósticos hablan de un cambio radical en la producción de materia prima alrededor del mundo”.
 
Eduardo L. Lamphrey R.
mf@prensa.com

 

BLOOMBERG

La proliferación de los biocombustibles puede tener un grave impacto en la producción de alimentos, lo que puede incrementar aún más las alarmantes cifras de hambrientos, según alerta un informe elaborado por la Organización de las Naciones Unidas (ONU).

La rápida idea de convertir comida -como maíz, trigo, azúcar o palma en combustible es una receta para el desastre, señala el informe de la relatoría sobre el derecho a la alimentación de la ONU, que será presentado ante la Asamblea General el próximo 24 de octubre. Por ello, aunque el relator aplaude la producción de biocarburante como un método efectivo para limitar el cambio climático, al mismo tiempo considera “inaceptable” que ponga en peligro el derecho a la alimentación humana.

Para el futuro, se estima que para elevar el uso de biocarburantes Europa tendría que dedicar el 70% de su producción agrícola y Estados Unidos toda su cosecha de maíz y soja. Por tanto, los países industrializados están muy interesados en que sean las naciones del sur las que produzcan biocombustibles para que ellos puedan alcanzar sus objetivos. Estados Unidos debe pasar de producir 20 mil 400 millones de litros de etanol de maíz a 132 mil 400 millones en solo 10 años.

Esto supone, además de expandir la superficie cultivada de maíz, soja y caña de azúcar, invertir en investigación para aumentar la productividad, crear granos genéticamente modificados para producir etanol, crear infraestructuras para la comercialización como los “alcoholductos” con el objetivo de crear un mercado de commodities energéticas. Para cumplir estos objetivos, Brasil debe pasar de los 4 mil millones de galones de etanol que exporta actualmente a 35 mil millones en 2017. Se construirán 77 usinas de etanol antes de 2012, con una inversión de 2 mil 500 millones de dólares. En los próximos años, Brasil impulsará en los países vecinos los cultivos extensivos, la construcción de usinas, ductos y redes de transporte financiados con los abultados fondos con los que cuenta el Banco Nacional de Desarrollo Económico y Social (BNDES).

Tenemos 80 millones de hectáreas en la Amazonia que van a transformarse en la Arabia Saudí del biodiésel, afirmó el ingeniero químico brasileño Expedito Parente, quien es propietario de la primera patente registrada en el mundo para producir biodiésel a nivel industrial. Definitivamente la alianza Estados Unidos-Brasil puede jugar un papel destacado para estimular la producción de etanol en América Central y el Caribe, donde ya existen importantes cultivos de caña, en asociación con capitales privados.

La energía puede ser un factor de competitividad y desarrollo para América Latina, en un mundo en que la futura escasez de petróleo ya elevó los parámetros de costos energéticos y los biocombustibles aparecen como una alternativa económica. En ese sentido, Guatemala, Perú y Colombia, grandes cultivadores de caña de azúcar en la región, podrían beneficiarse del boom en la demanda de etanol. Los tres, considerados productores muy eficientes, extraen más azúcar por hectárea que Brasil, cuyos productores a su turno son ocho veces más eficientes que los productores estadounidenses de etanol de maíz. Colombia también, como el quinto principal exportador de aceite de palma, podría convertirse en fuente de biodiésel.

En América Central y el Caribe, Guatemala, El Salvador y Costa Rica son considerados los países más preparados para recibir inversiones y expandir la industria de biocombustibles.

Otros países con potencial son Honduras, Panamá y Nicaragua, que están un poco menos avanzados en infraestructura y legislación adecuada. En el Caribe, Jamaica tiene un rol importante en el mercado de etanol y República Dominicana y Granada muestran potencial. La ONU identificó potencial para biodiésel en Haití.

Para el caso Panamá, se sabe que un grupo de inversionistas brasileños está interesado en desarrollar la producción de etanol, utilizando como materia prima la caña de azúcar. El proyecto intentará poner en producción 70 mil nuevas hectáreas de caña. El proyecto contempla la producción de etanol para el mercado interno y para la exportación, aprovechando los buenos precios que se ofrecen por este combustible.

El precio del maíz en el mercado internacional mantiene una tendencia alcista, situación que se refleja en Panamá, y los expertos prevén que esta situación irregular en el mercado se mantenga hasta el 2015. Una de las razones de este abrupto incremento obedece a la decisión de Estados Unidos de utilizar el maíz para la producción de etanol. Los panameños consumen unos 600 mil quintales de maíz al año, pero para la alimentación de los animales se utilizan 7 millones de quintales. El maíz ahora tiene un tercer uso que es la elaboración de etanol, lo que ha registrado algún nivel de desabastecimiento en el mercado internacional.

Como consecuencia del aumento de los granos y sus derivados, Colombia, España, México, Guatemala, Uruguay, República Dominicana, Estados Unidos, Inglaterra, Chile, Costa Rica, Bolivia, Panamá, entre otros, han sufrido el encarecimiento del pan, la arepa, las empanadas y las tortillas. También la oleada de incrementos está golpeando a los productores de carne, puerco, pollo y huevos que utilizan maíz para alimentar a estos animales. “Tenemos capacidad considerable para la plantación de caña de azúcar (materia prima para producir etanol) y de palma aceitera (para biodiésel), y está a estudio un proyecto de ley para incentivar la contrucción de usinas de etanol”, afirma el presidente Torrijos.

Así mismo, Panamá hará obligatoria la mezcla de 10% de etanol en la gasolina que se consume en el país, que suma 160 millones de galones anuales. El Gobierno panameño también apuesta a su potencial logístico, como base de exportaciones hacia mercados asiáticos y Estados Unidos. En Panamá, a pesar de que no se comercializan biocombustibles, el maíz aumentó en el último mes de 2.30 dólares por quintal (45 kilogramos), un alza de 13% respecto al mes pasado.

BLOOMBERG

La producción de etanol en Panamá utilizando caña de azúcar alcanzaría un rendimiento de mil galones por hectárea, en otros países la producción supera las mil 500 toneladas por cada hectárea, además de que el costo por galón sería de 1.60 dólar, muy por encima del que presenta Brasil de 0.70 centésimos.

A pesar de las dudas sobre una producción rentable y eficaz en el país, sugerida por un estudio encomendado por el Gobierno a la firma Intracorp, dueños de los cuatro ingenios azucareros ya fueron a Brasil a conocer el proceso y pidieron ofertas de plantas.

Según cifras de la industria, en Panamá se siembran 26 mil hectáreas de caña y para producir etanol sería necesario añadir otras 15 mil, pero todavía se discute si la productividad es baja. No obstante, aunque el costo de una destilería de 250 mil litros diarios es de 20 millones de dólares y se corre el riesgo de que para alimentar a los autos falte azúcar, los empresarios panameños parecen embriagados por la idea de vender etanol a Estados Unidos.

El auge del etanol, sumado al inestable precio del petróleo ha motivado un encarecimiento de los alimentos en el mundo, y Panamá no escapa a esta situación. Solo en el mes de agosto incrementaron sus costos al consumidor el arroz, el queso amarillo, el aceite vegetal y la leche grado A. Otro rubro que experimentó alza fue la carne, con un incremento de 0.15 centésimos la libra. Pero la situación es aún más delicada para los panaderos y pasteleros, quienes anunciaron que en los próximos días solicitarán un aumento del 10% en los precios del pan, ya que las ganancias se han reducido en un 50% en comparación al año pasado.

Definitivamente, no solo la Organización Estados Americanos (OEA) y todos sus países miembros tienen que estar vigilantes, no podemos permitir que para garantizar la producción de biocombustibles se vaya a atentar contra la producción de alimentos, y menos aun destinar los suelos americanos para producir etanol en vez de producir alimentos, ya que esto puede poner en riesgo el futuro de nuestras sociedades. El panorama mundial hace prever a los expertos que el precio de la comida continuará aumentando, debido al crecimiento económico , el aumento de la producción de etanol y la inestabilidad del mercado petrolero.

  • El autor es economista.
  • Publicado en Martes Financiero,9 de octubre de 2007–La Prensa

Cruda realidad para la agricultura en Panamá

producción.ALTA DEPENDENCIA DE LAS IMPORTACIONES ES UNA ADVERTENCIA DE CRISIS.

Comercio exterior

Las exportaciones no compensan caída agrícola

Las áreas de cultivos agrícolas disminuyeron en 75 mil hectáreas y se generaron 450 mil jornales menos.

Agroexportadores sostienen que hay un problema de relevo generacional y que el desarrollo los ha acorralado.

LA PRENSA/Víctor Arosemena

DIFERENCIA. Las tierras destinadas a la agroexportación se incrementaron a 12 mil 320 hectáreas.

Rafael E. Berrocal R.
rberrocal@prensa.com

La agroexportación no tradicional se ha convertido en la tabla de salvación para muchas personas que vivían de cultivos como el maíz y el tomate.

Los resultados son sorprendentes, el sector se ha convertido en uno de los más pujantes y de cierta forma ha compensado la crisis que vive el sector agrícola en general.

La agroexportación, para el periodo 2007-2008, alcanzará los 120 millones de dólares en divisas para el país, según cálculos de la Gremial de Agroexportadores de Panamá (Gantrap).

Pero esto no ha sido suficiente y las estadísticas oficiales revelan una cruda realidad para la agricultura en Panamá.

En los últimos 10 años las áreas de cultivos agrícolas disminuyeron en 75 mil hectáreas, se generaron 450 mil jornales menos y el valor económico del sector se redujo a 343.5 millones de dólares, unos 112.5 millones menos que el que había en 1997, de acuerdo con cifras de la Contraloría.

Esto contrasta con el desempeño del sector agroexportador no tradicional. En la última década, las áreas de cultivo destinados a la exportación no tradicional pasaron de 3 mil 478 hectáreas a 12 mil 320, y el empleo generado saltó de 486 mil 920 jornales a un millón 724 mil 800 jornales.

Además, el valor de los cultivos de agroexportación no tradicional pasó de 41.7 millones de dólares en 1997 a 98 millones de dólares en 2007.

Para Francisco Antúnez, ex presidente de Gantrap y agroexportador, el problema de la caída del sector agrícola tiene que ver en gran parte con la pérdida del relevo generacional en las familias agrícolas y con la eliminación de las fronteras agrícolas, debido al desarrollo urbano, industrial y turístico.

Según Antúnez, esto ha llevado a la crisis alimentaria que se percibe actualmente en el país y a una alta dependencia de las importaciones de productos básicos, como el arroz, frijoles, cebolla y maíz, entre otros.

“Miramos con preocupación cómo el Gobierno se ha mantenido muy concentrado en defender la tesis de la especulación y de promover mercados internacionales para la exportación, pero se le olvidó que para exportar y generar empleos hay que producir, y para esto se requiere formar a los nuevos agricultores”, aseveró Antúnez. Además, “hay que crearles las condiciones, estimularlos y capacitarlos apropiadamente, si es que los queremos convertir en agroproductores”.

Los agroexportadores dicen que la solución está en un plan estratégico agropecuario, que evite la improvisación y la malversación de recursos.

El Ministerio de Desarrollo Agropecuario ha trabajado en algunos planes para ayudar al sector a acceder al financiamiento. Pero los agricultores afirman que hacer proyectos de riego cada 10 años no es la solución, mientras los caminos de producción se mantengan en pésimo estado, haga falta asistencia técnica y no exista una articulación adecuada en la política agropecuaria.

Inseguridad alimentaria: las guerras por alimentos

Conflictos modernos: Las guerras por alimentos

[versión para imprimir]
[enviar por e-mail]

 AMPLIAR

La seguridad alimentaria también sigue siendo un desafío en Colombia, donde las familias se ven obligadas a abandonar sus hogares a causa de los enfrentamientos, así como en varios países que salen de conflictos, entre ellos Serbia, Bosnia-Herzegovina y Tayikistán, con graves consecuencias para el futuro de esas naciones�.

Por David McKeeby

PARA PANAMA AMERICA

A lo largo de la historia el hambre ha sido tanto la causa como el efecto de las guerras. Por esa razón, según la antropóloga Ellen Messer y el científico político Marc Cohen, la mayoría de los conflictos modernos deben ser considerados “guerras por alimentos”, un concepto que plantea desafíos únicos para Estados Unidos, el principal proveedor de ayuda alimentaria del mundo.

“Los alimentos tienen un enorme peso moral en nuestra sociedad, y es correcto que así sea”, dijo Messer en una entrevista reciente con el Servicio Noticioso desde Washington. “Compartir los alimentos es parte de la historia de nuestra manera de vivir. Asegurarse de que todos tengan lo suficiente para comer es, sin duda, parte de todas las tradiciones religiosas que conforman a Estados Unidos”.

Para explorar el vínculo entre el hambre persistente y los conflictos armados, Messer, profesor de la Universidad de Brandeis, y Cohen, investigadora en el Instituto Internacional de Investigación de Políticas Alimentarias, con sede en Washington, han publicado en años recientes una serie de artículos que analizan las hambrunas, la pobreza y la distribución de los recursos alimentarios en las comunidades. Durante su investigación elaboraron el concepto de las “guerras por alimentos”: la práctica de bandos opuestos por el control del suministro alimentario para gratificar a sus partidarios y castigar a sus enemigos.

En un estudio realizado en el 2003, estos dos investigadores descubrieron que más de 56 millones de personas en 27 países afrontaban la inseguridad alimentaria, debido a interrupciones en el abastecimiento, escasez y desnutrición a causa de los conflictos, un porcentaje del 20 por ciento, aunque también comprobaron que la Organización de las Naciones Unidas para la Agricultura y la Alimentación (FAO) halló niveles determinados de países que sufrían una inseguridad de hasta el 25 por ciento en Sudán, 43 por ciento en Tanzania, 49 por ciento en Haití, y del 70 por ciento, o más, en Afganistán, Burundi, la República Democrática del Congo y Somalia.

“Tomamos esto como el punto de partida para investigar el concepto de las guerras alimentarias, en las que el conflicto es una de las principales causas del hambre. Analizamos las numerosas maneras en que el conflicto interfiere con la seguridad alimentaria”, explicó Messer, quien citó, además, su impacto en los ingresos familiares y en la destrucción de granjas, mercados, escuelas y clínicas de salud. También examinaron el papel de la inseguridad alimentaria en la perpetuación del conflicto.

Las guerras alimentarias más importantes de hoy día, dijo Cohen al Servicio Noticioso desde Washington, se encuentran en la región de Darfur, en Sudán; en la región del Cuerno de África, que comprende conflictos en Etiopía, Eritrea, Somalia y la República Democrática del Congo; y en las interrupciones que sufren las familias desplazadas por los conflictos actuales en Iraq y Afganistán.

Agregó que la seguridad alimentaria también sigue siendo un desafío en Colombia, donde las familias se ven obligadas a abandonar sus hogares a causa de los enfrentamientos, así como en varios países que salen de conflictos, entre ellos Serbia, Bosnia-Herzegovina y Tayikistán, con graves consecuencias para el futuro de esas naciones.

Cómo romper el Vínculo entre el Hambre y el Conflicto

Según Messer, para romper el vínculo entre hambre y conflicto las iniciativas de ayuda exterior deben operar simultáneamente por dos vías distintas: por un lado, deben reducir la inseguridad alimentaria resolviendo la escasez con ayuda alimentaria de emergencia, y por otro, deben aumentar la seguridad alimentaria ayudando a los habitantes de la localidad a cosechar con más eficacia sus propios cultivos y a reforzar la economía de la región a fin de reducir la posibilidad de conflictos futuros.

“El alimento puede utilizarse como un gancho para reforzar otras capacidades, como por ejemplo los programas de salud, generación de ingresos y educación, que es otra manera importante en que se utilizan los alimentos”.

Según estos dos investigadores, al garantizar la seguridad alimentaria básica la ayuda alimentaria puede fomentar la estabilidad y ayudar a las comunidades a resistir los nuevos llamados a la violencia militante, o al reclutamiento por los terroristas, quienes se aprovechan de las quejas de una comunidad para justificar sus ataques.

Cohen indicó que después del tsunami de 2004 en el sudeste asiático, los esfuerzos de socorro conjuntos del gobierno y de los insurrectos en la provincia de Aceh (Indonesia), derivó en un acuerdo de paz en el año 2005, lo cual demuestra cómo la ayuda alimentaria puede unir a los combatientes.

Sin embargo, la seguridad alimentaria es sólo uno de los factores de la ecuación, reconoció, y señaló lo ocurrido en Sri Lanka, donde las hostilidades se reiniciaron luego de una breve pausa.

“Los esfuerzos para lograr la seguridad alimentaria pueden ser importantes a la hora de facilitar el proceso de paz, aunque evidentemente no son suficientes como para que ello ocurra” comentó Cohen. La consolidación de la paz exige un enfoque integral que combine diversos programas de ayuda alimentaria en las sociedades que salen de conflictos.

La ayuda alimentaria desempeña un papel particularmente importante en los difíciles primeros meses que siguen a un conflicto, aseveró Cohen, cuando las familias desplazadas y los ex combatientes regresan a sus hogares para aguardar las primeras nuevas cosechas.

“Evidentemente, ese es el momento en el que la ayuda alimentaria es el tipo apropiado de intervención. Y es aún más importante que esté vinculado al desminado, posiblemente a una reforma agraria y a la reconstrucción de la infraestructura”, declaró.

En su condición como principal donante de ayuda alimentaria humanitaria del mundo, Estados Unidos desempeña un papel importante, explicó, pero es preciso que haga más por medio de las Naciones Unidas y de las organizaciones no gubernamentales de ayuda, para integrar la ayuda alimentaria a la resolución de conflictos.

“Para promover las actividades alimentarias, es decir, consolidar la seguridad alimentaria donde haya sido destrozada por un conflicto, tiene que haber seguridad y ése es el meollo irresoluble con el que chocan tantos de los proyectos de reconciliación y reconstrucción después de un conflicto”, aseveró Messer.