Meritocracia, militarismo y maleantería

Burica Press, adopta como suyo el artículo abajo desplegado de la periodista Betty Branan Jaén sobre meritocracia, militarismo y maleantería.
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DEPURACIÓN INTERNA.

Meritocracia, militarismo y maleantería

Betty Brannan Jaén
laprensadc@aol.com

PANAMÁ, R.P. –Se dice mucho que uno tiene que aprender de los fracasos, pero también es cierto que uno debe aprender de los triunfos. Esta semana, tanto los altos como los bajos nos ofrecen lecciones importantes; la más dolorosa es que Panamá es un país donde el maleante –no el mérito– es rey.

Para mí, el mundo perfecto sería una estricta meritocracia y el deporte de alto nivel es una de las meritocracias más perfectas del planeta, porque son pocas las influencias oscuras que perturban la regla general de que triunfará el mejor. Admiro eso enormemente y me hinco ante la excelencia, la perseverancia y el sacrificio de atletas como nuestro medallista de oro, Irving Saladino. Lo que este hombre ha logrado al llegar a la cima mundial de su deporte me parece simplemente maravilloso, mucho más que meramente admirable. Me uno de todo corazón a los aplausos.

Pero también subrayo, por esa misma admiración, que ese triunfo de Saladino es un triunfo personal, no un triunfo nacional, porque siento que Panamá no lo apoyó como él merecía. Él, siempre cortés, ha tenido la gentileza de decir que la medalla le pertenece a todos los panameños y de agradecer el apoyo que recibió del país, pero la verdad, creo, es que ciertos personajes que hoy lo celebran como héroe son los mismos que rehusaron levantar un dedo para ayudarlo cuando él lo necesitaba (y, me cuentan, expresaron ese rechazo en términos imperdonablemente racistas y ofensivos). Me ha dado asco ver cómo el oficialismo hizo estampida para sacarle provecho demagógico al triunfo de este hijo del pueblo, cuando no ha hecho nada por limpiar la asquerosidad que impera en el Comité Olímpico de Panamá, cuyos miembros (en mi opinión) ni siquiera conocen la palabra “vergüenza”, mucho menos comprenden el concepto. El descaro olímpico con que estos señores se preocuparon más por sus privilegios que por su compromiso con los atletas que irían a Beijing es una humillación para el país, una deshonra para Panamá ante la comunidad olímpica. El comportamiento de Franz Wever en Tocumen los retrata de cuerpo entero (y, afortunadamente, por poquito nos salvamos de que el retrato fuera así, literalmente).

A lo que voy es que el espléndido triunfo de Saladino puso al descubierto ciertas realidades feas que no debemos dejar olvidadas en la euforia del momento.

Primera lección: A los ciudadanos nos corresponde exigir un fin a la maleantería imperante en el Comité Olímpico. Los políticos jamás lo harán porque ellos son parte de la misma mafia, pero nosotros no podemos seguir aguantándonos esa situación. Esos atletas son nuestros hijos y su talento es un recurso nacional.

Segunda lección: Tenemos que limpiar la porquería en la Asamblea. Ese Wever es diputado y no es coincidencia que los criterios deplorables del Comité Olímpico ambulen alegremente por el Palacio Legislativo. ¿Hasta cuándo vamos a permitirlo?

Tercera lección: No se puede tener democracia sin libertades y justicia, pero hemos visto esta semana cómo el oficialismo impone censura a su antojo y ajusta las leyes a su conveniencia política. Así, Balbina Herrera se ocupó de censurar cuñas políticas que serían inobjetables en cualquiera democracia del planeta, con la excusa de que la ley prohíbe que otros usen su imagen sin autorización; pero ella misma utilizó la imagen de Saladino en su propaganda política y el padre de Saladino dice que eso se hizo sin autorización.

Cuarta lección: Así como se aprende de los triunfos, hay que aprender de los fracasos. El militarismo fue un fracaso trágico en Panamá y permitir su regreso será un error más que garrafal. Sin embargo, este gobierno neo–torrijista cínicamente se valió del salto de Saladino para meternos un gol de madrugada con unas leyes de seguridad que en contenido y método de imposición son un retorno al militarismo y la llegada de una dictadura disfrazada. Por eso vemos que Triple D osa dictarnos, como si fuéramos niñitos de escuela, que el periodo de consultas ya terminó, como si el debate popular sobre leyes importantes fuera algo que él puede permitir o no a su antojo, en vez de ser un derecho ciudadano.

En fin, se nos dice que estas leyes militarizadas son necesarias para protegernos de los maleantes, pero eso será armar a la zorra para que cuide el gallinero, porque los maleantes más peligrosos son los que están en el Gobierno. Con los nuevos poderes que se han arrogado, ¿quien nos protegerá de ellos?

La autora es corresponsal de ‘La Prensa’

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4 comentarios

  1. El militarismo es un fantasma, qué lástima que la gente todavía hable de eso como si el militarismo hubiera sido un mal endémico de Panamá solamente. Ese tiempo ya pasó, lo de hoy es lo de hoy. Hoy, por ejemplo todavía hay tropas de USA en IRAQ y ese militarismo es tan peligroso como siempre. El militarismo en America Latina es en principio un invento de los Estados Unidos de América. Háblemos de algo que tenga sentido cómo por ejemplo, de qué manera sugieren que acabemos con los maleantes. Yo pienso que hay que iniciar un programa como el de la erradicación del gusano barrenador que consiste en esterilizar las poblaciones de moscas que fué muy exitoso. Sería bueno plantear temas morales como ese y considerar la posibilidad de hacerle la vasectomía a todo esa lacra social que nos está atacando como plaga.

  2. Estimado Luis:

    El problema de delincuencia pandillera o de los narcos son un problema social, económico y moral. No sin olvidar que la principal delicuencia que azota a nuestro país es el robo descarado de cuello blanco, saco y corbata en el que está involucrado el gobierno de Martín Torrijos y todos los que le han sucedido y allí siguen libres disfrutando del tráfico de influencia que lograron y el billete que amasaron.

    Estos robos de cuello blanco llevan a tener en la miseria a grupos que viven en barrios marginales. Por qué existe marginalidad social en Panamá? Quién la ha provocado y quien les alimenta para que sigan allí. Donde hay un plan para rescatar la dignidad humana que se ha perdido en estos grupos sociales? Dónde están?

    Por favor no digamos estupideces xenofóbicas o socioxenofóbicas ya que los castrados debemos ser los que digamos o pensemos semejantes disparates que sólo promueven el apartheid social de grupos del ghetto o de grupos vulnerables que no nacieron para delinquir como forma de vida!

  3. No creo que nadie haya nacido para delinquir, en el peor de los casos hay quienes optan por esa forma de vida porque no conocen otra, tampoco creo que sea propio del ghetto, eso lo dijo usted estimado editor. Para mi no hay distinciones, el maleante es un maleante con cuello blanco o como quiera que luzca. Pero lo que me preocupa realmente es la violencia, es la insenciblidad de la sociedad que asume como normal lo que es aberrante.

  4. Ahora si estamos de acuerdo y solo fueron palabras o frases mal interpretadas.

    Saludos

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